Carlos Sainz o Karel Saiduz. No importa como se llama cuando una mirada suya puede destruirte. Con un corazón frío como el hielo. Sin sentimientos. Sin amor. Condenado. Encadenado a su sed de venganza.
Su solo nombre producía miedo y terror entre s...
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📆 DIEZ AÑOS DESPUÉS
-¡Sin piedad con el enemigo!
La joven Fiona de 19 años, miró a su oponente, ofreciéndole una maliciosa sonrisa. Se pasó la lengua por entre los labios y con un rápido movimiento, lo agarró del cuello, colando una de sus piernas entre las suyas, derribándolo a continuación, pero, su rival no se achantó, y después de clavarle el codo en las costillas, le dio la vuelta, estando ahora él encima de ella.
-¿Te rindes? -.el castaño de ojos azulados le preguntó con una burlona sonrisa a la vez que uno de sus brazos hacía presión sobre su cuello, aunque no tan fuerte como para impedirle que respirara.
-¿Contigo, chucho? en la vida.
Fiona levantó su pierna, propinándole una buena patada al castaño en la parte más llamativa de su anatomía, patada que él esquivo aunque su cadera recibió el golpe. Durante minutos, ambos se enzarzaron en una épica pelea, de la que eran testigos el resto de la clase. Cuando había que practicar una lucha, siempre eran ellos los que se elegían como pareja, para así de esta forma descargar el desagrado que sentían el uno por el otro. Hasta que el instructor tuvo que detenerlos pues temía que ambos estuvieran haciéndose daño.
-¡Se acabó! todos a las duchas, menos vosotros dos -dijo señalando a Fiona y a su compañero- a recoger todo el material, y rápido.
-Pero... -quiso protestar la pelirroja, pero al ver como Lewis, su instructor le daba una mirada de desaprobación, calló e hizo lo que le pedían.
-De pero nada, estoy hasta los cojones de vuestras peleas. Siempre queréis estar uno por encima del otro. El día que tengáis que protegeros, no sé como lo vais a hacer -siguió regañándoles Lewis, un británico que se había unido al clan del padre de Fiona hacía una década- ¡a recoger!
Fiona bajó su mirada sin volver a protestar. Se alejó todo lo que pudo del castaño, no sin antes ofrecerle una buena mirada cargada de odio, lo que siempre le provocaba él.
-Eres tan intensita, que siempre nos castigan por tu culpa -se burló él intentando de esta manera recibir alguna respuesta por su parte.
-No es mi problema que no puedas seguirme el ritmo -le respondió ella ofreciéndole la misma burlona sonrisa.
-A mi me gusta bien duro, ¿puedes seguirme el ritmo tú?
Las mejillas de Fiona se sonrojaron tras las palabras del chico. Decidió ignorarlo y continuar con su trabajo. No había nadie más en el mundo que la afectara como él, quien le provocaba tanto odio como fascinación. Cuando pensó que su parte había terminado, decidió irse a los baños a darse esa merecida ducha.
Sus compañeros ya habían terminado, con lo cual pudo disponer de un buen momento a solas bajo el agua. Abrió los grifos de la que estaba más alejada de todas, cerrando la mampara tras de si. Cerró sus ojos disfrutando de la calidez de los chorros de la ducha intentando relajarse de esta manera.