Carlos Sainz o Karel Saiduz. No importa como se llama cuando una mirada suya puede destruirte. Con un corazón frío como el hielo. Sin sentimientos. Sin amor. Condenado. Encadenado a su sed de venganza.
Su solo nombre producía miedo y terror entre s...
"Camino en la noche, por el olvido y el infierno. Es tu mirada suplicante la que me hizo alejarme. Querer, amar o sentir una vida, esa que escapa entre mis dedos"
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Su mano se siente tibia y cálida en mi piel. El agua que deja caer en mi espalda es muy relajante haciendo que por un momento olvide todos los sucesos de hace unas horas. Cierro mis ojos concentrándome en los sonidos de mi alrededor, sonriendo hasta encontrar lo que buscaba.
-Ya no te late el corazón tan rápido. Estás más tranquila -abro mis ojos para buscar la mirada de mi mujer quien me regala una sonrisa al encontrar mi mirada.
-Ahora que he comprobado por mi misma que estás bien, ya no estoy tan nerviosa.
-Ven al agua, por favor. Necesito sentir tu cuerpo junto al mío.
Recibo una pícara sonrisa por su parte, algo que me alivia, pues verla tan preocupada por mi es algo que no deseo. Grace se quita su ropa con parsimonia, como si me estuviera provocando con cada prenda que cae al suelo. Mi polla emerge, dura y gruesa ante la tentadora visión que tengo delante de mi. Sus pechos tardan poco en ponerse algo más sonrosados a causa del calor que desprende la bañera. Le hago un sitio para que ella pueda sentarse entre mis piernas, siendo atrapado mi miembro entre el hueco que hay entre sus dos nalgas.
-No creas que no puedo sentir que estás duro. La noto en el culo -su risa en sus palabras me hacen abrazarla con fuerza atrayéndola más hacia mi pecho.
-Siempre me la pones como una piedra. Tengo ganas de ti a todas las putas horas. Por mi, viviría toda la vida con mi polla enterrada dentro de tu coño, pero tú te empeñas en dormir y no me dejas -siento un codazo en mis costillas pero percibo como sonríe. Su corazón, está calmado y ella está tranquila, algo que hace que me relaje.
-He pasado algo de miedo pensando en que os ocurriría algo -su confesión me hace apretarla más contra mi pecho intentando mitigar de esta manera todos sus miedos, o por lo menos, intentarlo.
-Lo teníamos todo controlado. Unos cuantos hombres de Max, que no sirven para nada, y un par de hombres de Lombardi que si sabían lo que hacían. En peores guerras hemos luchado Charles y yo.
-Me dijo una cosa horrible cuando me lo encontré en el pasillo. Me confesó que fue un esclavo -chasqueo mi lengua un par de veces sin poder negar sus palabras.
-No pienses en eso, Grace, por favor. Ambos hemos vivido y sufrido mucho, y por desgracia los recuerdos no se van, los malos. Charles sabe lidiar con ellos y te aseguro que esa chica está en buenas manos. Él mejor que nadie sabe como se siente y sé que hará todo lo posible por ayudarla.
Grace da la callada por respuesta, entendiendo perfectamente lo que le digo. Adoro en ella ese impetuoso carácter que tiene, pero también cuando sabe ser discreta, algo que hace ahora sin querer saber más sobre Charles.
Durante unos minutos, ninguno de los dos emite palabra alguna, hasta que una de mis manos toma su barbilla y la guio hasta tener su boca frente a mi. Grace se da la vuelta mordiéndose los labios y al fin deja que tome su boca. El fervor con el que la beso es debido a tantas horas de incertidumbre esperando el éxito de nuestra misión. Ella toma mi rostro con las palmas de sus manos, profundizando un beso que pasa a ser desesperante y salvaje en cuanto roza su lengua con la mía. Degusto su boca tomando todo lo que quiero de ella.