Me intriga y me fascinaría saber cómo me ven, como me perciben, más allá de mi apariencia, las personas a mi alrededor, me gustaría ser consciente del impacto que tengo en las vidas que no son la mía, pero de las que fui o soy parte.
Tal vez por eso amo los vídeos y las fotos desprevenidas, las que no planeas, las que se convierten en stickers de WhatsApp, las que captan al verdadero tú, con tu risa descontrolada, con la sonrisa sin practicar, la que te achina los ojos y hace que enseñes todos tus dientes mal lavados e incluso los mal acomodados…
Las salidas que surgen en el camino, las bromas espontáneas, los cumplidos inesperados, los silencios cómodos, los karaokes improvisados y los pasos de baile que son más risas que movimiento, que son más libertad que pasos ensayados, esos son los mejores momentos, los que nos hacen sentir que las películas son más reales de lo que creemos, a excepción del fondo musical que nos anuncie cuando algo va a salir mal.
Adoro las conversaciones reales con personas sinceras, esos pocos que te escuchan y te comprenden, esos que no se andan con rodeos, con juegos mentales o con segundas intenciones, los que te dicen su opinión verdadera, aunque te duela, aunque no te guste y aunque no la compartas, esos con los que hablarías por horas sin cansarte y con los que siempre te queda algún tema pendiente como excusa para disfrutar de su compañía en otra ocasión.
Me encanta escuchar a otras personas hablando sobre mí, no por narcisista, egocéntrica o creída, sino por curiosidad, porque nunca me siento segura de que lo que muestro al mundo sea lo que realmente soy, no sé si mis intenciones se ven tras mis acciones, me atormenta ser fácil de reemplazar y me siento invisible la mayor parte del tiempo, opacada por los estereotipos y las ideas preconcebidas.
Por eso me parecen tan especiales esos ataques de sinceridad en los que se pierde ese miedo a decirle al otro lo que sientes, en todos los contextos, no solo en fase de enamoramiento o cortejo. Cuando te quitas de encima el peso de lo que es socialmente correcto o la indiferencia a la que estamos acostumbrados, y celebras la belleza de alguien; o el talento que tiene y que lleno de inseguridades comparte; cuando te atreves a condenar lo negativo, con lo que no estás de acuerdo; cuando eres capaz de alegrarte por el éxito o la felicidad de los demás sin ser víctima de la envidia… esos instantes valen la pena y te hacen sentir más ligero que aquel que se presenta a un examen sin estudiar y responde todas las preguntas.
Pero la verdadera magia la descubres cuando ves tu reflejo en la mirada de las personas que te quieren, esa mirada que es a la vez espejo y ventana: esos ojos te reconocen en habitaciones llenas de gente, esos ojos no dudan, esos ojos dan luz, esos ojos ven más allá de las palabras, a esos ojos nunca les mientas o romperás el hechizo más real de todos, ese que te garantiza que cuando abraces te abrazarán más fuerte, que te dejen el último trozo de pizza o que pongan tu canción favorita solo para verte brillar.
Ese truco que hace que te tomen de la mano antes de cruzar; ese otro en el que te escuchan hablar y hablar sobre lo que te apasiona o lo que te duele, sin apuro y sin rechistar; ese clásico en el que te devuelven el beso robado o te peguntan como estás verdaderamente interesados en tu respuesta.
Las personas que te quieren son los medicamentos que te alivian y alivianan la vida, las que te curan aun cuando ni imaginas lo profundo de sus heridas. Vienen sin prescripción médica, sus consejos o regaños pueden tener un gusto amargo, aunque necesario, las dosis son ilimitadas hasta un día y son extremadamente fáciles de perder a partir del momento en el que te convences de que siempre estarán ahí, o cuando olvidas que es muy difícil querer sin que te quieran, así que cuidado, pues no hay nada mejor que vernos a través de los ojos de las personas que nos quieren.
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Diario de una escritora aficionada
Short StoryEsto no es una historia. No tiene principio, desarrollo y final. Dentro de mí hay una escritora y a veces toma el control, ella no conoce de límites, de secretos o de privacidad. Ella solo lo deja salir todo, sin filtro y a veces exagera, se inventa...
