Buena perdedora

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  Es cierto que muchas cosas pueden cambiar en un año. Aunque en realidad pueden cambiar en un segundo, en una mirada, en una llamada, en un beso o en un roce…

  La vida es irónica, es una cabrona, es desgarradoramente triste y explosivamente hermosa. A veces te cierras, te condenas inconscientemente a compartir con ciertas personas. Te convences de que son tu gente, tu grupo, vaya, los de siempre… pero, y los que nunca?
 
  Los que mirabas de reojo en los pasillos; los que viven en la esquina, pero pasando de largo; los que saludabas por educación y no pasabas de los temas típicos que no se quedan guardados en ninguna parte. Y qué me dices de los que ni siquiera veías, los que no notabas, pero estaban ahí, viviendo lo mismo que tú, a tu lado, pero sin hacerte compañía. 

  Qué hay de los que llegan de repente, de sorpresa, haciendo ruido y salen de los lugares a los que siempre vas, pero nunca hablas con nadie. Qué pasa cuando conoces gente que parece que pasa por lo mismo que tú. Qué pasa cuando dejas de sentirte sola estando acompañada. Qué pasa cuando sientes que eres importante para personas que te conocen hace poco, que te toman en cuenta, que te escucha y se interesa en oír tu respuesta a sus preguntas. Qué pasa cuando todo fluye, cuando te diviertes, cuando todo parece más sencillo que antes… Cuando te preguntas donde estaban estas personas que te dan luz, pero no apagan la tuya, que se empapan de tu brillo y comparten el suyo sin cegarte. 

  Acaso te olvidas y dejas atrás a los de siempre? Sientes que ya no caben en tu vida, son un peso que no te dejaba alcanzar la claridad que hay en la superficie en la que ahora nadas. Sientes que tal vez lo que han vivido hasta ahora ya es suficiente, que es hora de perderlos para ganar gente que vibre en tu misma sintonía. 

  Pero hay gente que no deja que los pierdas, que se quedan, que te siguen buscando, que te hacen sentir incluidos en sus planes, que te mantienen en sus vidas, que se alegran por ti, que quieren participar, que no te alejan y siguen dejando la puerta abierta. Esos son los de siempre, los de verdad, los que valen la pena haber conocido, los de hoy sí y mañana también, con los que puedes contar, los que puedes llamar sin sentir que te responden el monólogo por educación, los que nunca te harán sentir que molestas. Son los que nunca dejarán que te conviertas en un extraño o un simple conocido. 

  Hay quienes tenían pinta de “para siempre” pero en realidad solo eran mientras te necesite, mientras me sirvas, mientras hagas lo que yo quiero, mientras te lo creas, mientras no encuentre algo más fácil y aunque duele darse cuenta, tampoco dolerá PARA SIEMPRE perderlos

Diario de una escritora aficionadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora