Suéltala o te mató.

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⚠️ADVERTENCIA (+18) ⚠️

Este capítulo contiene escenas de violencia, uso de armas y crimen (+18). Si no es de tu agrado este tipo de contenido, por favor avanza al siguiente capítulo.

Vlad.

Después de un tiempo que se me hizo eterno, manejando en la nieve con el corazón en la garganta, finalmente llegué a la propiedad de Volkov. Detuve la camioneta del tío a unos metros atrás, lo suficientemente lejos para no levantar sospechas en medio de la oscuridad. Salí de la camioneta y me moví como una sombra.

Al acercarme al perímetro de la propiedad, el ambiente me dio mala espina. No había un solo guardia custodiando los alrededores. Para ser un tipo que se la pasaba presumiendo ante medio mundo que era el mejor amigo del mismísimo líder de la Bratva, este lugar estaba más vacío que la calva de Ocaso. Aquella soledad absoluta no era normal. Lejos de darme alivio, lo único que hizo fue aumentarme el miedo y la paranoia de que algo verdaderamente terrible le estuviera pasando a Lenita.

Por alguna extraña razón, no fuí directamente a la casa grande, como lo habría hecho cualquiera en su sano juicio. Desde el porche principal se alcanzaban a escuchar los gritos desgarradores de una bebé. Tenía que ser la hermanita de Lena, no había otra opción. El llanto me partió el alma, pero me dejé llevar por mi instinto y fuí hacia el establo.

Al llegar, me topé con la gran estructura de madera. La puerta estaba completamente cerrada, pero al pegar la oreja, el alma se me cayó al suelo. Se oían gritos ahogados. Era Lenita.

Intenté empujar la puerta con el hombro, pero estaba trancada por dentro. ¡Joder!

En ese segundo, el pánico me nubló la vista. La desesperación se me metió debajo de la piel como un veneno helado; la sola idea de pensar en lo que ese maldito enfermo le podría estar haciendo a Lenita en la oscuridad de ese establo me hizo perder la cabeza. No había tiempo para buscar otra entrada, no había tiempo para pensar. He entrenado duro en la academia, así que di unos pasos hacia atrás para tomar impulso, apreté los dientes y usé toda la fuerza física que mi cuerpo podía tener para estampar mi bota contra la madera vieja.

La cerradura oxidada cedió, la puerta se abrió de par en par con un crujido violento y entre apuntando a Volkov directamente a la cabeza.

La escena que me encontré me heló la sangre en las venas.

Ese maldito viejo asqueroso tenía a Lenita arrodillada, con una soga gruesa ya puesta alrededor del cuello, a punto de jalarla para ahorcarla. La niña tenía la cara completamente empapada de lágrimas y una expresión de terror tan pura que me desgarró por dentro.

—¡Suéltala ahora mismo, hijo de perra, o te mato! —sentencie, sin dejar de apuntarlo a la cabeza.

Al inicio, el viejo se sobresaltó por el estruendo de la puerta rota y dio un salto hacia atrás, soltando la cuerda por un milisegundo. Pero al girarse y ver que el intruso era solo yo, el demente soltó una carcajada enferma que resonó en todo el establo. Se rio de mí, el analfabeto me subestimó por ser un muchacho. Sin embargo, el karma es rápido: justo al final de su maldita carcajada, el viejo terminó quejándose con un gemido agudo de dolor, doblándose un poco debido a los golpes y a la paliza brutal que mi papá le había acomodado en la mañana.

—Vaya, vaya, pero si es el príncipe heredero —se burló con esa voz rancia que me daba ganas de vomitar, volteando a mirar a Lenita—. Mira, hijita, quien regresó. El niño de ojos de plata. El príncipe que vino a rescatar a la huérfana que nadie quiere. ¿Qué vas a hacer, muchacho? ¿Dispararme con ese juguetito de oro? ¿En serio tu crees que me das miedo? Siento decirte que te ves ridículo. No tienes ni la mitad de cojones que tenía tu padre a tu edad. El daba terror... tú estás temblando como un conejito asustado.

MERAKI.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora