Días después.
Vlad.
Tenía los dientes clavados en la mejilla, haciendo un esfuerzo inmenso para no soltar una carcajada que resonara en toda la finca. Estaba escondido detrás de la columna de mármol del pasillo, intentando recuperar la compostura luego de tres horas de "terapia intensiva" con mi mujer.
El tío Vladimir podrá haber sido un asesino de élite en sus años dorados, una leyenda temida en el bajo mundo, pero en otros ámbitos es tan inocente como un cachorrito recién nacido. Después de lo que pasó en la cabaña, admito que fuimos terribles disimulando, en esta familia los secretos duran menos que un suspiro, pero el viejo se había peleado a gritos con todos a capa y espada defendiéndonos. Era el único que de verdad creía la mentira de que la nevada nos había dejado atrapados y nos tuvimos que refugiar en la cabaña para no morir congelados, convencido de que yo había dormido en el suelo y Lena en la cama. Pobrecito... En su mente, nosotros seguíamos siendo unos niños inocentes incapaces de romper un plato, y Lena continuaba pura esperando al matrimonio. Si supiera que a Lena ya no era pura por ningún lado... se muere mi pobre tío.
En cuanto vi que el tío se alejaba agitando sus mechitas coloradas y renegando solo, me acomodé el abrigo y respiré aliviado. Pero apenas di dos pasos, mi padre apareció de la esquina de la nada y me señaló directo al pecho con el dedo índice, con una sonrisa burlona de oreja a oreja.
—¡Joder, papá! ¡Casi me matas de un susto! —exclamé, llevándome una mano al corazón.
—Así de negra has de tener la conciencia, hijo mío —me soltó él con esa mirada de quien lo sabe absolutamente todo.
Me crucé de brazos, intentando poner cara de ángel caído del cielo.
—No sé de qué hablas, papá. Yo soy un angelito, incapaz de romper un plato.
—¿Ah, tú no rompes nada? —dijo mi padre, cruzándose de brazos también y soltando una risita maliciosa—. Entonces explícame por qué mi nuera lleva cuatro días caminando de forma chistosa y agarrándose de las paredes.
Sentí que el calor me subía de golpe hasta las orejas.
—¡Papá! —bufé, sintiendo la cara completamente roja.
—¡Ay, no te pongas tímido ahora, hijo mío! —me interrumpió dándome una fuerte palmada de orgullo en la espalda—. ¡Ese es mi hijo, carajo! No esperaba menos de ti. ¡Siempre llenándome de orgullo!
Y sin decir más, se fue silbando por el pasillo.
Negué con la cabeza, aguantando la risa, y decidí ir a buscar a mis hijos para la salida familiar. Había que aprovechar que no estábamos en nuestro país; aquí en Rusia podíamos pasear un poco más libres, sin la prensa hostigándonos a cada segundo. Aunque, para ser sinceros, la verdadera razón por la que quería salir de la finca era porque ya no aguantaba las caras de momias disecadas de la tía Nohelia y de Ivanna. Me estresaban con solo verlas. A este paso, esperaba que no se fueran a morir de tanto veneno que se cargaban en el cuerpo, nadie quiere muertos feos. Yo solo quería mi boda con Lena en paz. Bueno, aunque a decir verdad, al funeral de esa perra no asistí, fue incinerada mientras yo estaba inconsciente, y cuando Ocaso fue a entregar las cenizas, terminó tropezándose y se las arrojó en la cara a Ferreira.
Me asomé por el gran balcón y me quedé completamente congelado ante la escena.
Mis hijos estaban sentados en el sofá... ¡y por primera vez no se estaban peleando a gritos! Vaya, de verdad Lena hacía milagros; tenía controlada a toda la tropa. ¿Cómo era posible? A mí jamás me hacían caso, Rafael y Mae se la pasaban discutiendo por cualquier tontería, y hoy las mellizas estaban sentadas, apoyando cada una la cabeza en el hombro de su hermano, mientras Izzy les tomaba fotos. Según ella disimulaba, pero se le olvidaba apagar el flash y brillaba más que una feria.
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MERAKI.
RomanceAntes de tener un nombre, su alma ya tenía el suyo. En el pasado, Vlad Mansfeld se convirtió en asesino para salvar la vida de una niña con la que un antiguo contrato matrimonial había decidido unirlo cuando ambos fueran adultos. Aquella noche nació...
