Días después...
Virginia, Estados Unidos.
Ángela.
Estaba en mi oficina, ajustándome la ropa mientras intentaba recuperar el aliento. «Creo que nadie me vio en las duchas con Bustamante». La puerta se abrió sin previo aviso.
—¿Me mandó a llamar, capitana Ferreira? —dijo Bustamante al entrar, saludando con una frialdad actuada que duró exactamente dos segundos.
—Déjate de tonterías, cierra la puerta y ven aquí —le ordené sin rodeos, sentándome en la silla de mi marido.
Bustamante soltó una carcajada engreída mientras le pasaba el seguro a la puerta y se acercaba a mí.
—Vaya, hoy estás muy exigente, nena... ¿No te bastó con la ducha?
Lo imité haciendo una mueca de fastidio antes de poner la mirada seria.
—Bueno, ¿a quién hay que matar, rubia? Ya dime —dijo riéndose y acomodándose frente a mi escritorio.
—Por el momento a nadie... pero si pudiera, a la perra de Lena.
—Cuánta maldad hay en ese corazón... —Bustamante negó con la cabeza, divertido—. Esa muchacha no le hace daño a nadie, se la pasa de misa en misa.
—Déjate de chistes y ayúdame a pensar cómo haré para que Vlad vuelva conmigo y ya no se divorcie.
—¿Y yo por qué? —respondió encogiéndose de hombros—. En problema de marido y mujer solo el amante se puede meter. Ok, yo soy el amante, pero igual yo no me meto.
—A veces odio que seas latino... Me sacas de quicio.
—Pero así me adoras —soltó guiñándome un ojo.
Lo volví a imitar, cruzándome de brazos.
—Escúchame bien: tengo un retraso —le informó.
Bustamante soltó una carcajada escandalosa.
—¿Recién te das cuenta? Se nota de lejos que te caíste de la cama de chiquita. Eres sumamente retrasada.
—¡Diego Bustamante, respétame, hijo de perra!
—Ya, ya... pero es que tú no me ayudas —dijo levantando las manos, aún riéndose.
—¡Que tengo un retraso en mi periodo y yo soy regular! —le espeté, recalcando cada palabra.
—Ah no, a mí no me mires —dijo de inmediato dando un paso atrás—. Yo ya tengo cinco hijos con el que viene en camino. Que lo críe tu marido, y si sale moreno, le dices que es por ser el conchito, que el útero estaba sucio.
Puse los ojos en blanco, asqueada por su sentido del humor.
—Nosotros siempre nos cuidamos. Sin duda, si estoy embarazada, es de Vlad. Volverá conmigo por el bebé. Y si no hay bebé... me lo puedo inventar. Luego lo puedo culpar de sufrir un aborto por hacerme pasar corajes, y se quedará por las niñas.
—Si sabes que hoy en día ya nadie se queda por un hijo —me advirtió Bustamante, recobrando un poco la seriedad—. Además, antes lo dominabas porque no tenía a nadie, pero ahorita sus papás ya le hablan. Yo creo que si es suyo, no duda en quitártelo. Ya acepta que lo perdiste, mejor.
—Sin duda no sé qué hago contigo, no ayudas en nada —dije negando con la cabeza, llena de rabia—. Siempre me toca hacer todo a mí.
—Yo solo estoy siendo sincero. Está en Colombia y, por la foto que me dijiste que subió la pelirroja, pues ya perdiste. Si ella tenía la cadena militar de tu marido en la selfi y la mano de tu marido salía en esa foto, eso fue para que tú vieras. Fue un ataque directo.
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MERAKI.
RomanceAntes de tener un nombre, su alma ya tenía el suyo. En el pasado, Vlad Mansfeld se convirtió en asesino para salvar la vida de una niña con la que un antiguo contrato matrimonial había decidido unirlo cuando ambos fueran adultos. Aquella noche nació...
