¡Amo a Vlad!

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Moscú, Rusia.

Vladlena.

Aún no me sentía lista para regresar a Madrid, por eso decidí volar a Rusia, directamente a casa de mis padres adoptivos. Seguía teniendo muchísimo miedo de que me quisieran tirar el muertito de Arango; al fin y al cabo, fui la última persona a la que vieron con él antes de que desapareciera.

Han salido cosas horribles a la luz sobre ese hombre. Resultó que las últimas chicas que salieron con él jamás volvieron a sus casas... De solo pensar que yo pude haber sido una víctima más, se me revuelve el estómago y me pongo muy mal. Por suerte tengo a mi Vlad, que siempre me cuida y me protege.

Hablando de él... no le he respondido su último mensaje. Me metí a bañar y dejé la pantalla en visto sin querer. Ojalá no vaya a pensar que estoy molesta. Yo confío ciegamente en él y sé perfectamente que hoy se acaba todo, que ya no quiere nada con Ángela. El problema es que no encuentro mi teléfono por ningún lado. Recuerdo haberlo dejado sobre la cama, pero ya no está. Sé que soy medio olvidadiza, pero estaba segurísima de haberlo colocado ahí.

En ese momento, la puerta de la habitación se abrió de golpe e Izzy, mi hermana, entró dándole un mordisco a unas gomitas de colores.

—¿Qué pasó, hermanita? —me preguntó mirándome con picardía—. ¿Por qué tienes esa cara de conejito al que no le han dado su zanahoria?

—Izzy, yo no tengo cara de conejito —le respondí arrugando la nariz—. En cambio tú te pareces a un ratoncito travieso comiendo dulces a cada rato.

—¡Yo sí lo admito, mi amor! —exclamó riéndose—. Soy como Jerry: se descuida el gato, o sea, la tía Nohelia y me olvido por completo de los rezos.

—¡Izzy! —la regañé tratando de no reírme.

—¿Qué? En la vida no todo puede ser estar rezando —dijo encogiéndose de hombros—. Bueno, ya dime, ¿por qué esa cara? ¿Quieres gomitas?

Le acepté una gomita con una sonrisa a medias y suspiré.

—¿No has visto mi teléfono? Llevo un buen rato buscándolo, necesito hablar con Vlad urgentemente pero no aparece.

Izzy dejó de masticar y me miró con una expresión seria, casi maternal.

—Lena... mira, yo te amo, hermana. Entiendo todo lo que Vlad significa para ti, pero hoy es su décimo aniversario de bodas. Y aunque esa víbora de su esposa me dé unas ganas enormes de desgreñarla, sigue siendo su mujer. A menos que vayas a llamarlo para decirle "feliz aniversario", mejor ni le marques.

«Ay, hermana... si supieras en el lío en el que ando metida...»

—Izzy, por ahora no puedo contarte nada más, pero por favor ayúdame a buscarlo. De verdad es muy importante.

—Está bien, te ayudo —asintió resignada, agachándose a revisar debajo de la cama—. Aunque Vlad no es mi persona favorita que digamos...

—¿Por qué dices eso? —pregunté mientras revisaba entre las cobijas—. Él nunca te ha tratado mal... ¿o hay algo que yo no sepa?

—A ver, es demasiado bueno con nosotros, es como un tío para mí —admitió ella desde el piso—. Pero es un hombre casado, con mil problemas en su matrimonio. Y tú eres una chica cristiana, inocente y demasiado enamorada. Me da mucho miedo que metas las patas, te dejes llevar y no sé... salgas embarazada de un hombre ajeno que ya tiene tres hijos.

—¡Izzy, por favor! —exclamé roja de la vergüenza—. Te estás pasando, ¿en serio me crees capaz de algo así?

Aunque por dentro me dio un vuelco el corazón al recordar lo que casi pasa en Colombia. Yo estaba dispuesta a todo esa noche... si no hubiera sido porque Vlad, como todo un caballero, me detuvo.

MERAKI.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora