Días después.
Medellín, Colombia.
Vladlena.
Tomar vacaciones era una necesidad médica a estas alturas. Después del circo que se armó en Madrid, llegué a la conclusión de que lo más sano para mi estabilidad mental era desaparecer del mapa por unas semanas. No fuera a ser que a la justicia o a alguna víbora ponzoñosa de la prensa se le ocurriera aventarme encima ese muertito tan feo, asqueroso y nefasto de Arango. Que Diosito me libre de semejante desgracia; pasar de ser una respetada y famosa conferencista a ser conocida internacionalmente como la "viuda negra colombiana" no estaba en mis planes bajo ningún concepto.
Todavía no puedo creer que salí dos semanas con ese tipo... y, peor aún, hasta me dejé dar un par de besos.
¡Qué asco!
Solo de acordarme me daban ganas de hacer gárgaras con cloro. Pero bueno... todo fue producto del despecho. Yo únicamente quería darle celos a mi Vlad. Y terminé escogiendo al hombre más tacaño y patán del planeta.
¡Es que ni para morirse dejó de ser codo!
En el funeral no ofreció ni un cafecito con rosca. Pésimo servicio hasta el final. Pero bueno, nadie me quita la satisfacción inmensa que sentí cuando hicieron llegar su cabeza disecada con mis iniciales tatuadas en la frente, todo el hospital se escandalizó. Aunque lo mejor, sin duda alguna, fueron los payasos que llegaron al velorio: en vez de dar el pésame, se pusieron a bailarle encima del ataúd. Vlad siempre superando mis expectativas; ese hombre siempre logra hacerme feliz. Qué hombre por Dios. Claramente yo no entiendo a la Angelita... ¿que le faltaba a Vlad? ¿Acaso quería que la golpeara y fuera deudor de pensión como su amante?
Hablando de Vlad, él también vino a Colombia. Llegamos el mismo día a la hacienda que me regaló en Medellín, ese lugar que compro exclusivamente como mi refugio para cuando quisiera huir del mundo. ¿Destino o causalidad? Yo prefiero creer que fue el destino; las casualidades no existen cuando se trata de nosotros.
Lo que me tiene sonriendo como una tonta es que.... ¡por fin hubo divorcio! La come mierda de Ángela para quedar como la víctima intento quemar a Vlad en redes y solo logró que esté usará su poder para quedar divorciado ese mismo día, subir la captura y etiquetarla para que se calle. No superó cuando todas las feministas se le fueron encima a ella y tuvo que desactivar sus redes porque no aguanto la presión.
Vlad y yo andamos cabalgando por los senderos de la hacienda. Y, Dios mío... qué hombre. A Vlad le quedaba demasiado bien ese look de vaquero; tanto, que tuve que sacudir la cabeza varias veces para regresar a la realidad. Esos brazos, esas venas marcándose cada vez que sujetaba las riendas... ¡Qué barbaridad! Me mordí el labio, mirando de reojo a mi futuro marido, el no lo sabe pero será mi marido, jamás había sentido tanta envidia en mi vida como la que sentía de ese caballo. ¡Qué injusta era la vida! ¿Por qué no podía cambiar de lugar con el aunque fuera durante cinco minutos? Yo también quería tener a ese hombre encima todo el tiempo. Pero, en cambio, tenía que conformarme con mirarlo desde mi caballo como una mujer decente. Bueno... más o menos decente.
—Bueno, hablando de cosas serias... devuélveme mi cadena, Lena —dijo Vlad, estirando la mano hacia mí mientras nuestros caballos avanzaban tranquilamente por el sendero.
Giré el rostro para mirarlo y llevé una mano al metal frío que descansaba sobre mi pecho. Acaricié con la yema de los dedos sus placas militares, luciéndolas con total orgullo.
—A mí me queda muchísimo mejor que a ti, mi cielo —respondí con una sonrisa inocente.
—Eso no te lo discuto —admitió entre una risa baja—, pero no es un accesorio. Es mi identificación militar y es sagrada, preciosa.
ESTÁS LEYENDO
MERAKI.
RomanceAntes de tener un nombre, su alma ya tenía el suyo. En el pasado, Vlad Mansfeld se convirtió en asesino para salvar la vida de una niña con la que un antiguo contrato matrimonial había decidido unirlo cuando ambos fueran adultos. Aquella noche nació...
