El primogénito del diablo.

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⚠️ ADVERTENCIA (+18) ⚠️

Este capítulo contiene situaciones de alta tensión, confrontación, amenaza de armas y temas sensibles (+18). Si no es de tu agrado este tipo de contenido, por favor avanza al siguiente capítulo.

Existen apellidos que no sé heredan en el registro civil, sino en el campo de batalla. Los Mansfeld no llevan sangre en las venas; llevan una deuda pendiente con el infierno.

Zafiropaz.


Narrador omnisciente.

Berlín, Alemania.

Berlín dormía bajo una capa de escarcha plateada, ajena a que el equilibrio del mundo estaba a punto de romperse. La capital alemana siempre se había jactado de su orden, pero el orden es una ilusión que se desvanece cuando un idiota se atreve a provocar a la dinastía equivocada. Porque hay errores que los paga un hombre, y hay ofensas que las paga un país entero si el objetivo es lo más sagrado que un padre puede poseer.

Especialmente si ese padre es una paradoja viviente.

Ante el mundo de la justicia y los altos mandos internacionales, él era un general admirado; el estratega brillante, el hombre de las medallas, el muro que contenía el caos. Pero ante el mundo criminal, era definitivamente el hijo del diablo, el depredador que prefería comer del muerto antes que negociar una tregua. Había pasado mucho tiempo desde que aquel joven lloró de culpa tras haber asesinado a un criminal en defensa propia. Catorce años habían bastado para que la moralidad se oxidara y cayera por su propio peso.

Aquel antiguo protagonista, el que juró proteger la luz, había entendido que para mantener vivo el brillo de quienes amaba, debía convertirse en el dueño de las sombras. Como el antiguo mito de Drácula, no le vendió su alma a la oscuridad por la pérdida de su amada, sino por un contrato mucho más aterrador: se convirtió en el monstruo para que los suyos nunca tuvieran que conocer el miedo.

Había aceptado su naturaleza. Se había convertido en el villano de su propia historia. Había abrazado la maldición Mansfeld, comprendiendo que, aunque nazcas bajo los focos del héroe, tarde o temprano la oscuridad te alcanza, te reclama y te perfecciona.

Nadie que haya tocado lo que le pertenece ha vivido para contarlo. Porque en el bajo mundo se susurra una verdad que en Berlín están a punto de gritar: se puede escapar de la ley, pero de un Mansfeld que ha decidido dejar de ser humano para ser leyenda, no hay refugio que valga.

A kilómetros de distancia, en la opulencia de una mansión que gritaba exceso, la dueña de la casa desafiaba las leyes de la física y la cordura. A sus cuarenta años, se negaba aceptar el paso del tiempo; con el cabello negro azabache adornado con accesorios juveniles y un maquillaje que pretendía olvidar las décadas, recorría el borde de la piscina con la agitación de un animal enjaulado. Vestida en un cuero ajustado con estampado de leopardo y subida en unos tacones que desafiaban la gravedad, era una desesperación de vanidad.

Se clavaba los dedos en el cabello mientras marcaba, por milésima vez, el número del desgraciado de Zeus, ella estaba segura que su viejo socio era quien se había atrevido a tocar lo único que ama en el mundo más que a su propio reflejo.

—Si le tocas un solo mechón de pelo a mi hijo por herir al idiota de tu hermano, juro que te mataré con mis propias manos, desgraciado —le envío un audio pero fue ignorada.

En un estallido de furia, lanzó el dispositivo al agua. El grito de frustración que soltó fue eclipsado por un estruendo metálico. Alguien estaba pateando las puertas con una fuerza inhumana. Los hombres de la mujer se pusieron en alerta, sacando sus armas, pero el miedo ya se había filtrado por las rendijas.

MERAKI.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora