⚠️ ADVERTENCIA (+18) ⚠️
Este capítulo contiene escenas de alta violencia, uso de armas, tiroteos y enfrentamientos armados (+18). Si no es de tu agrado este tipo de contenido, por favor avanza al siguiente capítulo.
Narrador omnisciente.
Ocaso frenó en seco, haciendo que los neumáticos chillaran contra el pavimento frente a la fortaleza de los Wagner. Las camionetas que venían detrás se detuvieron de inmediato. Rosaura, en un despliegue de valentía absurda, se lanzó del vehículo como una pantera económica; sus tacones golpearon el suelo con un ruido seco que no intimidó ni a las palomas, mucho menos a los guardias armados que custodiaban la entrada.
Vlad se bajó un segundo después, apartándola con el hombro como si fuera un estorbo en su camino al matadero. Sus hombres salieron de las camionetas en silencio, con la mirada fría de quienes ya han visto el final de la historia. Cuando los guardias de los Wagner intentaron interponerse, Vlad no medió palabra. Con la rapidez de un rayo, le metió un tiro entre los ojos al primero y un segundo impacto en el cuello al otro. Mientras el hombre caía al suelo retorciéndose, Vlad avanzó con una indiferencia fría y le aplastó la tráquea con la bota hasta que el silencio volvió a reinar.
Para los Wagner, esto era un ataque terrorista. Para Vlad, era un ejercicio de calentamiento después de Afganistán.
—¡Wagner! ¡Sal ahora mismo, maldito desgraciado! —gritó Rosaura, intentando derribar la puerta principal a taconazos mientras Ocaso la miraba con una mezcla de asco y fascinación—. ¡Dame a mi hijo! ¡Rafael, aquí está tu madre! ¡Te voy a salvar, mi amor!
Vlad y Ocaso intercambiaron una mirada de puro agotamiento mental. Los tacones de Rosaura se deshacían contra la madera reforzada.
—Destruyan todo este maldito lugar —ordenó Vlad a sus hombres—. Por los pecados de los Wagner, me llevo al infierno a todo el vecindario.
Haciendo a un lado a Rosaura de un empujón, mientras Ocaso aprovechaba para ponerle el pie por lo bajo, Vlad mandó abajo la puerta de una sola patada que resonó como un cañón. Entró como un demonio suelto de su celda, barriendo el vestíbulo con una mirada que prometía cenizas.
—¡Wagner! ¡Dame la cara, hijo de puta! —gritó Vlad—. ¿Creíste que podrías tocar a mi sangre y salir ileso?
Fue entonces cuando lo vio. Edward, el único hijo varón de Wagner, venía por el pasillo bailando un merengue distraído y comiéndose un pan. Al chocar con los ojos grises de Vlad, el tipo casi se orina encima; el pan cayó al suelo como si fuera una granada.
—¿Vladsito? ¿Eres tú? —balbuceó Edward, pálido.
—No. Soy la puta de tu madre —respondió Vlad, disparándole un segundo después.
Edward se agachó por puro instinto, viendo cómo la bala destrozaba un jarrón detrás de él.
—¡Creo que fallaste! —gritó el tipo, aterrorizado.
—Ese era el objetivo, idiota. Quería que supieras que todavía puedo elegir dónde te va a doler —dijo Vlad, abalanzándose sobre él.
Edward intento correr, pero Rosaura, en un arrebato de furia gatuna, le lanzó un tacón directo a la nuca. Vlad se le fue encima como un rayo; lo levantó del suelo como si fuera un muñeco de trapo. El General le hundió el puño en el estómago y lo estrelló contra el mármol.
—¿Dónde putas está mi hijo? —gritó Vlad, levantándolo del cuello.
—¡¿Cuál Rafael?! —chilló Edward entre dientes.
—¿Acaso tengo otro hijo, animal? Capaz embaracé a la puta de tu madre y no me he dado cuenta —espetó Vlad, sacudiéndolo en el aire.
—Con mi madre no te metas... hablemos de hombre a hombre —intentó fanfarronear Edward.
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MERAKI.
RomanceAntes de tener un nombre, su alma ya tenía el suyo. En el pasado, Vlad Mansfeld se convirtió en asesino para salvar la vida de una niña con la que un antiguo contrato matrimonial había decidido unirlo cuando ambos fueran adultos. Aquella noche nació...
