Te amo, mi Lena.

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Días después...

Vladlena.

Despertar hoy sin duda fue una de las experiencias más surreales y maravillosas de mi vida. Todavía tenía el cabello completamente alborotado y la pijama arrugada; cuando abrí los ojos con pereza y vi un escenario sacado de una película romántica, el suelo estaba tapizado de pétalos de rosas, había arreglos de gerberas rojas, mis flores favoritas, en cada rincón de la habitación. Levanté la vista y había miles de globos rojos en forma de corazón casi rozando el techo, y las paredes estaban llenas de nuestras fotos juntos, con notitas de amor escritas a mano debajo de cada foto. Sentí que el corazón se me salía del pecho de la pura emoción.

Las lágrimas se me acumularon en las pestañas de inmediato, amenazando con desbordarse. Es que yo soy muy sensible; siempre había devorado libros de romance esperando vivir lo mínimo de eso, y ahora Vlad estaba cumpliendo la promesa que me hizo en nuestro picnic en Colombia. Me estaba haciendo vivir un auténtico romance digno de un libro. Era la primera vez que tenía un novio que me daba todo, y no hablo solo de lo material, sino de la seguridad, la estabilidad emocional y mental. Con Vlad podía ser yo misma; seguíamos siendo los mejores amigos, pero ahora con la diferencia de que bajo las sábanas nos amanecíamos haciendo el amor.

Aún no me acostumbro a que me den algo sin ser una fecha importante. Desde que estamos juntos, no hay día en que Vlad no me haga sentir lo mucho que me ama. Soñé tanto con esto que ahora que está pasando me da miedo perderlo; es que con un amor así de grande, si no has sido amada de esta manera, no podrías comprender que sin él no existo. Sin Vlad no hay Lena. Cuando era niña solía decir que no necesitaba un hombre... mentí, sí que lo necesito. No puedo vivir sin Vlad Mansfeld, ni siquiera puedo dormir si no me abraza. No sé cómo voy a hacer estos días que se vaya por negocios, voy a pasar llorando. A veces solo se va un ratito y me tiene que llevar porque me pongo mal, no podemos estar separados ni un segundo. Suena cursi y no me importa. Yo estoy muy enamorada de mi hombre.

En ese preciso instante, la puerta se abrió con suavidad y entró el amor de mi vida cargando una bandeja de plata con un desayuno que se veía súper delicioso, aunque de lejos se notaba que era comprado. Vlad incendiaría la casa si intentara cocinar aunque sea un huevo frito. Al verlo con esa sonrisa que me enamora y esos ojos bonitos más brillantes que nunca, no aguanté más. Rompí a llorar, pero de una emoción tan grande que me temblaban las manos.

—Espero que esas lágrimas sean de emoción y no de decepción al ver que me tienes tan domesticado que ya no ando matando gente por ahí —bromeó Vlad con una sonrisa de medio lado, apoyándose contra el marco de la puerta.

—Ay, cállate, tonto... Claro que son de emoción. Ay, ¿por qué eres tan lindo, mi cielo? —sollocé, intentando limpiarme las lágrimas con las mangas de la pijama mientras se me quebraba la voz.

—Bueno, porque mis padres me hicieron con mucho amor... y sobre todo con exceso de pasión. No es por presumir, pero el tío Vladimir estuvo cuidando catorce horas seguidas la puerta del cuarto de mi madre mientras me hacían. ¡Cómo no querer al tío! —respondió Vlad presumiendo con aires de grandeza, guiñándome un ojo.

Lo miré completamente traumada, con los ojos abiertos como platos.

—Vlad, me refería a lo lindo de ser detallista, ¡no te mandé a que me contarás cómo te hicieron tus papás! Ay, Dios mío, ahora por tu culpa no podré ver igual a mis suegros. Vaya, quién diría que mi suegra, tan recatada y elegante, ha sido peor que yo en esos aspectos.

Vlad se echó a reír con ganas, caminando hasta la cama para colocar la bandeja de plata con cuidado.

—Come, come mejor, que lo que tienes es hambre. Si te escucha tu suegra ni yo te salvo de la arrastrada que te va a dar por toda la casa... y mira que ni yo te arrastro tanto en privado.

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⏰ Última actualización: 3 days ago ⏰

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