¿Le tienes ganas a Rosaura?

360 96 139
                                        

Horas después...

Vlad.

A estas alturas de mi vida puedo decir que lo tengo absolutamente todo, el tipo de gloria por el que los hombres se matan y los psicópatas suspiran con envidia. Ya alcancé cada una de las metas y ambiciones que alguna vez soñé tener cuando tenía la edad de mi hijo. Se supone que lo logré, que estoy en la cima, tengo un imperio a mis pies. Pero este lujo en el aire hoy solo me sabe a cenizas. Afuera se extiende el espectáculo cegador de una ciudad que nunca duerme, un mar de lujos y destellos caros, pero sé perfectamente que todas esas luces a mi alrededor son falsas. Son un maldito teatro de apariencias, un escenario vacío donde nadie me ve de verdad.

Todos piden al general Mansfeld... a pocos les importa Vlad. Aunque ante el mundo seamos el mismo maldito hombre, no somos lo mismo. El general es solo una personalidad fingida, una armadura fría y despiadada que tuve que construir para proteger todo lo que amo; pero Vlad... Vlad es el real, el problema es que a ese a nadie le interesa.

Últimamente cargo con un maldito sentimiento de vacío que ni toda mi fortuna junta logra llenar. Siento una profunda e inexplicable tristeza instalada en el pecho y no logro entender por qué carajos sigo sintiendo exactamente la misma miseria que arrastraba en el pasado. Mi vida entera es el sueño de muchos allá afuera, soy la envidia de medio mundo, y aun así no entiendo por qué no puedo ser feliz. ¿Acaso no puedo ser feliz por nacer de dos villanos que hicieron lo que hicieron por sobrevivir a un sistema podrido? Mirando hacia la nada a treinta mil pies de altura, la cruda realidad me golpea con fuerza: en este maldito camino por conseguir el poder absoluto para proteger a todos los que amo... me olvidé por completo de mí mismo.

Me perdí en mi propia guerra. Y lo que más duele es aceptar que, a estas alturas, mi propia felicidad ya ni siquiera me importa. Hace mucho tiempo que dejé de vivir para mí; ahora solo existo para proteger a mis hijos. Cuando eres mamá o papá, te toca camuflar el dolor, mantenerte firme y sacar una sonrisa siempre, obligándote a ser el pilar fuerte que tus hijos necesitan ver, aunque por dentro el alma se te esté desangrando y sientas que no vales absolutamente nada. Mi luz se apagó hace años, pero mientras pueda usar mi oscuridad como un escudo para que Rafael, Maely y Miley sean felices, habrá valido la pena cada maldito segundo de todo el infierno que viví.

Estaba ahí sumido en mis pensamientos, pasándome la mano por la cara, me estaba cayendo del sueño, cuando la puerta de la cabina se abrió de golpe. Entró el dramático del Ocaso caminando como si estuviera en la pasarela de un desfile de los loquitos de la calle, sosteniendo con equilibrio de circo una bandejita de plata con dos vasos de whisky y la botella.

En cuanto me vio la cara de cansancio, activo sus dramas de siempre.

—¡Ay, Dios mío, mi distinguido jefe! —exclamó Ocaso, bajando la bandeja y mirándome con puro drama—. ¿Por qué llora, mi señor? ¡Yo aún no me he muerto para que tenga razones para llorar!

Le clavé una mirada fría, con puras ganas de fusilarlo ahí mismo en el aire.

—Déjate de estupideces, Ocaso, no estoy de humor —le solté serio, agarrando uno de los vasos de whisky y me lo bebí de golpe—. Siéntate y cállate.

—Mi señor no apague la voz de este fiel sirviente. Es que hablando claro y sin filtros: más me emociono yo en un chisme ajeno, que usted luego de venir de estar con la bruja... digo, con su distinguida y plástica señora... digo su amada esposa.

Apreté el vaso con fuerza, mirándolo fijamente.

—Modérate, Ocaso. Respeta al amor de mi vida.

—Mire, mi señor, usted sabe que yo siempre he sido cien por ciento Team Lena, mi lealtad le pertenece a ella —soltó el calvo, cruzándose de brazos con orgullo—. Pero bueno, por el dinero que usted me paga, yo me aguanto a la bruja... perdón, a la Angelita. Por ese sueldo soy capaz de besarle los pies si es necesario. Aunque claro, déjeme aclararle una cosa: yo no soy el espejito de la madrastra de Blancanieves. A ese bendito espejo le pagaban una fortuna para que fuera y le dijera a la bruja que estaba buena y que era la más hermosa del reino. ¡Pero a mí no me pagan lo suficiente para pegarle semejante mentira a esa loca!

MERAKI.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora