Llegamos a la cabaña de la colina devorándonos la boca como si el mundo se fuera a acabar ahora mismo. Vlad me tenía agarrada de la cintura con fuerza, pegándome a su cuerpo con una desesperación salvaje, mientras yo mantenía una mano clavada en su nuca y la otra en su hombro para no perder el equilibrio sobre la nieve helada.
Sonreí contra sus labios cuando sentí que Vlad empezó a pelear furioso con la cerradura, perdiendo la paciencia por completo.
—¡Ábrete, maldita sea! —se quejó Vlad entre dientes, batallando con el picaporte y la llave mientras no soltaba mi cintura.
Solté una risita contra sus labios. «Hasta la puerta le lleva la contraria a este hombre», pensé con diversión.
Con un último empujón frustrado y lleno de fuerza, logró abrir la puerta por fin y me empujó suavemente hacia el interior, evitando que nos congelaremos en el frío. No perdí el tiempo, le quité el pesado abrigo negro y lo dejé caer; Vlad hizo lo mismo conmigo, despojándome rápido de mi abrigo blanco.
Inmediatamente, él intentó tomar el control absoluto de la situación en su modo macho dominante, pero yo fui más rápida: lo empujé con firmeza por el pecho y lo estrellé de espaldas contra la pared.
—Lena... —intentó decir con una voz llena de nervios, pero no lo dejé ni respirar.
Lo callé agarrándolo con fuerza del cuello y le di un beso tan apasionado, hambriento y profundo que lo dejé completamente sin aliento.
Vlad no se quedó atrás e intensificó el beso. Bajó sus manos de mi cintura hacia más abajo y me apretó fuerte contra él, haciéndome soltar un jadeo en medio de la boca al sentir el toque ardiente de sus manos. Bajé la guardia un milisegundo por la intensidad de la caricia, y el muy astuto aprovechó ese instante de debilidad para recuperar el control e invertir las posiciones, colocándome a mí contra la pared.
Acomodó una de sus piernas entre las mías para bloquearme cualquier intento de escape y tomar el dominio absoluto. Con una mano me envolvió el cabello por la nuca, tirando suavemente hacia atrás para exponer mi cuello, y me siguió devorando la boca con un hambre insaciable. Me aferré a sus hombros sintiendo que las piernas me temblaban por la intensidad de su toque, pero como yo no nací para perder, no me iba a quedar de brazos cruzados.
Volví a tomar el control: lo agarré con fuerza del cuello y lo empujé hacia atrás con todas mis energías. Vlad retrocedió a ciegas, tropezando a su paso, hasta que cayó sentado de golpe en el enorme sofá del centro.
Fue justo en ese instante cuando por fin me fije en el entorno, y la respiración se me detuvo. Me quedé con la boca abierta, mirando alrededor.
Toda la cabaña estaba decorada de una forma increíblemente romántica, digna de una película de cine. Todo el piso de madera estaba tapizado con un mar de pétalos de rosas rojas, había velas encendidas iluminando cálidamente cada rincón, docenas de globos rojos en forma de corazón flotaban cerca del techo y una mesa al fondo estaba repleta de cajas de regalos de todos los tamaños. Pero lo que me pareció más especial de todo fueron las notitas colgadas por todas partes... y esa caligrafía elegante y firme era de Vlad. Era demasiado perfecta para haber sido escrita por Ocaso.
Me le quedé viendo a Vlad mientras él permanecía en el sofá respirando agitado. Esa carita de inocente que se cargaba en ese momento no se la creía ni él mismo; parece que no mata ni a una mosca y resulta que tenía todo fríamente calculado para conseguir su noche de pasión.
—¡Te pillé, picarón! —lo señalé con el dedo índice, soltando una carcajada llena de picardía—. Con que tenías todo fríamente calculado, bandido. Querías tu noche de pasión a como diera lugar y montaste todo un escenario romántico de película, aunque tú juras que no eres de hacer cosas cursis.
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MERAKI.
RomanceAntes de tener un nombre, su alma ya tenía el suyo. En el pasado, Vlad Mansfeld se convirtió en asesino para salvar la vida de una niña con la que un antiguo contrato matrimonial había decidido unirlo cuando ambos fueran adultos. Aquella noche nació...
