Antes de tener un nombre, su alma ya tenía el suyo.
En el pasado, Vlad Mansfeld se convirtió en asesino para salvar la vida de una niña con la que un antiguo contrato matrimonial había decidido unirlo cuando ambos fueran adultos. Aquella noche nació...
Negué con la cabeza por milésima vez en la noche, sintiendo un dolor de cabeza incipiente mientras le daba un trago a mi copa de vino. Miré hacia el centro de la sala y no podía creer lo que mis ojos estaban viendo.
Zeus llevaba horas con la misma bendita música. De fondo retumbaba "Peligro" de Romeo Santos a todo volumen, según él, en honor a la difunta. Solté un resoplido de alivio absoluto. Por fin se había muerto esa maldita. De verdad, qué estrés tan insoportable era escuchar esa puta voz chillona todo el santo día. Yo no sé cómo Vlad pudo soportar tantos años enteros a esa bruja; tenía la voz idéntica a Anastasia, la hermanastra fea y narizona de la Cenicienta. Pero por fin, por fin ya no se iba a burlar más de mí. Por fin ya no tendría que ver sus patéticos videos en Instagram donde salía posando, presumiendo su "vida perfecta" y gritando con ese tono agudo: "¡Amoooor!". Lo único bueno de todo este desastre es que el mundo se libró de semejante escoria.
Volví a mirar a Zeus y di otro trago a mi copa. Definitivamente, este tipo se había escapado de un manicomio y nadie se había dado cuenta. Desde que matamos a esa perra, llevaba escuchando la misma canción en bucle. Ya me tenía harta, me estaba volviendo loca. Y pobre Benito... ni muerto se libraba de las demencias de este enfermo.
Zeus estaba bailando muy campante sosteniendo la calavera de Benito entre sus manos. En su mente enferma seguro le estaba imaginando el cuerpo completo que le faltaba a esa cabeza. De verdad, si no fuera un criminal, podría haber sido payaso de circo y le iría de maravilla. Lo peor de todo y me daba rabia admitirlo, es que el desgraciado bailaba divino. Se movía ridículamente bien en todo aspecto, con un ritmo que daba envidia.
Me acomodé en el sofá, bebiendo mi copa con elegancia, mientras Zeus lo daba todo en la mitad de la pista con los restos de Benito. De pronto, dio un giro espectacular, lanzó la calavera por los aires como si fuera una pelota de baloncesto y la atrapó de nuevo en el aire sin perder el paso de baile. No pude evitar soltar una carcajada ante semejante ridiculez.
—¡Bachatéame, Mafalda! ¡Bachatéame, infeliz! —gritó Zeus en pleno clímax de la canción, meneando las caderas hacia mí—. ¡Que hoy ganamos! ¡Por fin ya no vamos a escuchar más a la "Amoooor"! ¿Cómo era? ¡"Amoooor, sálvame"!
—¡Sí, exactamente así gritaba la muy infeliz! —le seguí el juego, poniéndome de pies y modulando la voz de la forma más chillona, fingida e insoportable posible para imitar a Ángela—. ¡Amooooor! ¡Amooooor, tienes un hermano que se parece a Chucky! ¡Sálvame, amooooooor!
En cuanto escuchó mi imitación, Zeus perdió completamente la compostura. Tiró a Benito al sofá y se metió de lleno en el papel de Vlad. Puso cara de sufrimiento extremo, se llevó las manos a la cabeza y se tiró dramáticamente de rodillas, arrastrándose por el suelo mientras ahogaba un llanto falso.
—¡ÁNGELAAAAAAAAAAA! ¡NOOOOOOO! ¡ÁNGELAAAAAAAA! —gritó Zeus fingiendo estar destrozado, desgarrándose la camisa como un actor de quinta y golpeando el suelo con el puño—. ¡¿Cómo lo hice?! ¡Habla, Mafalda, dime cómo me salió!¡Igualito a mi hermanito o no?
—¡Te salió perfecto! —me reí a carcajadas, inclinándome sobre él mientras volvía afinar la voz de pito de la difunta—. ¡Amoooor, te fui infiel con medio Pentágono pero te juro que solo te amaba a ti, amooooor!
Zeus no aguanto más. Se tiró de boca sobre la alfombra, abrazándose el estómago y muriéndose de la risa, soltando carcajadas tan fuertes que casi se ahogaba en el piso. Solo de recordar la cara de miedo de la amooor me dan ganas de tirarme al piso hasta llorar de la risa.
Zeus se levantó del suelo de un solo salto con la agilidad de un gato y corrió al reproductor para cambiar la música. En un segundo, los primeros acordes de "Eres mía" de Romeo Santos retumbaron por toda la casa.
—¡Ven acá! —me gritó extendiéndome las manos con una sonrisa cínica de oreja a oreja—. ¡Vamos a bailar en honor a la "amoooor"! Voy a botar el duelo de una vez por todas. ¡Como dice el dicho: el muerto al hoyo y el vivo al gozo!
No me hice del rogar. Le acepté las manos y me dejé llevar hacia el centro de la sala. Empezamos a marcar el paso juntos, pegaditos, moviendo las caderas con una fluidez y un ritmo digno de una clase profesional de bachata. Zeus tenía toda la razón: la tragedia ya había pasado, Ángela estaba más fría que pan por las mañanas y a nosotros nos tocaba disfrutar.
—Dime la verdad, Mafalda... —soltó Zeus en medio de un giro espectacular, pegándome de nuevo a su pecho con un movimiento firme y perfecto—. ¿A poco no la matamos con estos excelentes pasos? Apuesto a que no sé murió por el veneno que le inyectamos, ¡fue de la pura envidia de ver que ella jamás en su vida se iba a mover así de sensual!
Solté una carcajada desquiciada, echando la cabeza hacia atrás mientras seguía el compás de sus pies, sintiendo el calor de su cuerpo pegado al mío.
—¡Si nos viera, se vuelve a morir de la pura envidia! —le respondí muerta de la risa.
—¡Totalmente! —asintió Zeus dándolo todo en la pista, marcando las caderas y haciendo una quebrada que me cortó la respiración—. La "amoooor" tuvo una envidia tremenda de estos movimientos. Esa gringa insípida lo único que sabía hacer bien era gritar "¡amooooor, amooooor!" con esa voz de pito, porque de ritmo y de sensualidad no tenía ni un carajo. ¡Esa bruja no tenía talento, mi hermano tiene gustos básicos!
—¡Ni bailar, ni ser fiel, ni servir para nada! —dije entre risas, dejándome llevar por sus giros mientras la voz de Romeo Santos seguía retumbando en la sala.
Nos quedamos en medio de la sala bailando como unos verdaderos dementes, rozando piel con piel, riéndonos a carcajadas de la difunta y celebrando que el camino por fin quedaba libre. De pronto, el ritmo de la canción bajó y la tensión entre los dos explotó. Zeus me frenó en seco de un tirón, pegando mi espalda contra su torso para luego girarme con brutalidad y atraparme entre sus brazos.
Nos miramos por un segundo con los ojos encendidos en pura malicia. Sin decir una sola palabra, Zeus me sujetó del cabello por la nuca y me plantó un beso devorador, pasional y hambriento, metiéndome la lengua con el hambre de dos animales rabiosos saboreando el veneno de su propia victoria. Nos besamos con una furia enferma mientras seguimos moviendo las caderas al compás de la música, demostrando que no había un solo gramo de alma ni de cordura en ninguno de los dos.
Nota de autora:
Cómo veo a Zeus y Mafalda:
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Canciones del capítulo:
Peligro — Aventura (ft. Romeo Santos).
Eres mía — Romeo Santos.
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