El significado de Vladlena.

489 141 286
                                        

Tiempo después...

Llegamos a la mansión de Volkov y el ambiente se sentía pesado. Se sentía la mala vibra de ese viejo idiota. Papá apagó el motor y me miró con una seriedad que rara vez hace conmigo.

—Te quedas aquí, Vlad. Voy a entrar con Ocaso. No te separes de la seguridad.

—¿Porque no puedo entrar? En Estados Unidos siempre estoy contigo en los negocios —le reclamé.

—Porque esto no es un negocio hijo —papá suspiro frotándose las sienes—. Estoy intentado deshacer una estupidez de juventud. Cuando yo tenía tu edad no tenía un "papá cool" como dices tú. Estaba en problemas, mi padre no iba a mover un dedo por mi, ese hombre antes me inventaba delitos con tal de deshacerse de mi. La cuestión que firme un papel sin leer las letras chicas. Ahora el viejo de Volkov cree que me tiene acorralado, pero se le olvidó que yo soy el diablo. Lo voy arreglar. Lo prometo. No te preocupes por nada hijo. Yo por ti destruiría el mundo y más.

Me quedé preocupado. Ver a mi papá admitir un error era raro. El bajo de la camioneta y le hizo una seña a los guardaespaldas. Ocaso iba corriendo como amante desesperada detrás de mi padre. Mi mamá celando a papá hasta con la escoba. Y la verdadera amenaza ha sido su hombre de confianza.

Intente ser un chico normal y caminar hacia los establos, pero en cuanto di un paso, diez hombres trajeados y armados se movieron al unísono detrás de mi. Me detuve en seco. Ellos se detuvieron. Acelere el paso. Ellos aceleraron el paso. Intente correr. Ellos corrieron.

—¿En serio? —les dije, dándome la vuelta—. Me siento como Pablo Escobar seguido de la policía. ¿Pueden darme un metro de espacio? Solo voy a ver los caballos.

Ellos se miraron entre si, pero retrocedieron unos pasos, manteniéndome a la vista. Avance hasta el establo, buscando con la mirada a la mula terca. La encontré al fondo, cera del percherón negro. Estaba de espaldas, pero algo en su postura no estaba bien.

—¡Ey, mula terca! —la llame, tratando de sonar alegre—. Vine por la revancha.

Ella se sobresaltó y se giró rápido, bajando la cabeza y dejando que su cabello rojo le cubriera la cara. Pero no fue suficientemente rápida.

—¿Qué te pasó en la cara? —pregunté, acercándome y olvidando todas nuestras bromas.

—Nada. Me caí. Soy muy torpe —mintió ella, sin mirarme, apretando los puños contra su vestido viejo.

—¿Torpe? —dije, intentando suavizar el momento, aunque por dentro sentía una rabia que me quemaba—. Torpe yo, que una niña de seis años me tiró a un chiquero lleno de estiércol. Tu no eres torpe Lenita. Eres una pequeña villana que me da miedo.

Ella no respondió. Sabía que me estaba mintiendo, pero no quería presionarla. En lugar de eso saque el contrabando de comida que traía escondida en mi chaqueta.

—Mira, como ayer aprendí que eres de temer cuando tienes hambre. Hoy te traje el tributo de la paz —dije, extendiéndole la bolsa de comida—. No sabía que te gustaba. Así que traje de todo un poco. No necesitas comerte todo. La idea es que tuvieras opciones para elegir.

Lena miró la bolsa como si fuera un tesoro prohibido. Supe en ese instante, por la forma en la que sus ojos brillaron, que no había cenado y probablemente nadie le habría dado un trozo de pan está mañana. Se sentó en una paca de heno y comenzó a comer con una urgencia que me partió el corazón.

—¿ Tú sabes por qué me llamo Vladlena? —preguntó de pronto.

—Porque me copiaste el nombre, ya te lo dije —bromeé, pero ella no se rió.

MERAKI.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora