⚠️ ADVERTENCIA (+18) ⚠️
Este capítulo contiene temas sensibles, manipulación y violencia psicológica (+18). Si no es de tu agrado este tipo de contenido, por favor avanza al siguiente capítulo.
Tres días después...
Lisboa, Portugal.
Zeus.
El humo denso del habano se disipaba lentamente en el aire de la oficina, flotando sobre los balances financieros de la empresa. La gente cree que ser un villano es solo andar por la vida escupiendo odio y jurando venganza como loco de carretera. Qué estupidez. El verdadero arte de la villanía requiere intelecto, frialdad y una estructura perfecta. Y de eso a mí me sobra.
No tengo puntos débiles. Ninguno. Y si algo llega a salir mal, para eso están mis perros: para poner la cara y recibir los balazos. Aunque, sinceramente, dudo mucho que algo falle. Si Vlad no ha descubierto mi identidad en todos estos años, menos lo va a hacer ahora. ¿Quién en su sano juicio sospecharía del intachable e ilustre hijo del presidente de Portugal? Exacto: nadie.
Una sonrisa amarga se me dibujó en los labios mientras soltaba otra bocanada de humo.
Vlad jamás sabrá que fui yo quien movió los hilos en su pasado para destruirlo. Jamás. Y mucho menos sospecha que Rafael... bueno, tal vez ni siquiera sea su hijo. Tal vez ese bastardo sea mío. Aunque, viéndolo bien, ahora que estoy casado no me conviene esa carga. Allá que lo críe Vlad, si total el mocoso se parece más a él, a pesar de que sus ojos son idénticos a los míos. Bueno, da igual. La diferencia es que ese muchacho no va a durar tanto en este mundo; si resulta ser una amenaza para mis planes, lo voy a tener que eliminar. Mis hijos serán los únicos herederos del imperio Mansfeld.
En cuanto a las hijas de Vlad... esas sirven perfecto como fichas de cambio en la mafia rusa. Es una excelente manera de que ese imbécil me pague todo lo que sufrí. Mientras él tenía vida de príncipe, a mí me convertían en la sombra de un infierno. Pero sus herederos van a pagar cada gota de mi dolor.
—Vamos a jugar al Imperio Otomano, hermanito —murmuré mirando su foto con malicia—. Primero te dejo viudo... y luego te quito a tus hijos. Tú solito vas a terminar rogándome de rodillas que te ponga un tiro en la cabeza.
En ese preciso instante, el pomo de la puerta giró y la puerta se abrió de golpe.
Puse los ojos en blanco, conteniendo la gana de perder la paciencia. ¿A qué hora se me ocurrió casarme con esta mujer? Lo que uno tiene que hacer por pura necesidad política. Habiendo tanta oportunidad en el mundo, vine a escoger a la que se la pasa quejándose por todo.
—Zeus... —murmuró ella desde la entrada, con el rostro pálido y los ojos hinchados por el llanto.
Apagué el habano con calma en el cenicero de cristal y caminé hacia el equipo de sonido. Encendí el reproductor y dejé que la voz de Romeo Santos inundara la habitación con "La Bella y la Bestia".
—Mira qué buena canción —comenté con tono burlón, sirviéndome un trago—. Como tú y yo, mi amor. Bueno... tú eras la bella y yo sigo siendo la bestia, aunque de bella últimamente no te queda ni la sombra.
—Rom... rompiste tu promesa de nuevo, Zeus —dijo con la voz rota, intentando encararme desde la distancia.
Me di la vuelta despacio, mirándola con una frialdad que la hizo dar un paso atrás.
—A ver, mi vida... si no me hubieras provocado, yo no habría reaccionado así —solté con absoluta serenidad, caminando hacia ella—. Tú ya sabes perfectamente cómo me pongo. ¿Para qué me molestas? Y peor aún, sabiendo cómo reacciono cuando me tratas feo. Mi corazón no puede con tanto dolor.
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MERAKI.
RomansaAntes de tener un nombre, su alma ya tenía el suyo. En el pasado, Vlad Mansfeld se convirtió en asesino para salvar la vida de una niña con la que un antiguo contrato matrimonial había decidido unirlo cuando ambos fueran adultos. Aquella noche nació...
