El restaurante era una de esas joyas arquitectónicas de Madrid que solo aparecen en las revistas de lujo. Se llamaba Saddle, un lugar de techos altísimos, mármol reluciente y una iluminación tan perfecta que hasta el aire parecía más caro. Vlad me acomodó la silla con una elegancia que me hizo sentir como una reina, pero en cuanto me senté, algo me empezó a parecer raro. Miré a la izquierda, a la derecha, al fondo... vacío.
—¿Buscas a alguien? —preguntó Vlad, sentándose frente a mí con esa calma desesperante.
—A los demás comensales —susurré, inclinándome hacia él—. ¿Será que no nos van a atender? No veo ni un alma, Vlad.
Él se encogió de hombros, restándole importancia mientras desdoblaba su servilleta.
—Ah, debe ser porque mandé a cerrar el lugar solo para nosotros.
Me quedé en shock, con la boca a medio abrir.
—¿Tú qué? Vlad, ¡eso debe costar una fortuna! ¿Estás loco?
—Detalles, azulita —soltó él con una sonrisita de lado—. Todos los días no veo a mi mejor amiga, la misma que me bautizó en estiércol de cerdo cuando nos conocimos. Es una inversión en nostalgia.
No pude evitar reír. A este paso, Vlad iba a terminar comprando Madrid solo para que nadie me pisara los tacones. El mesero llegó poco después con una procesión de platos que parecían obras de arte y una botella de vino cuyo año de cosecha probablemente era anterior a mi nacimiento. La mayoría de la comida era para mí, porque Vlad, con su rollo vegano, come como un pajarito. De ahí lo pálido; de verdad le urge un caldo de patas de la Gorda para que recupere el colágeno.
—Mira esto, Vlad —dije señalando un plato con una cosita minúscula bañada en una gota de salsa—. Te cobran un riñón por un plato con una "decoración" que yo misma puedo hacer en mi casa con un tomate y ganas. ¡Esto no llena ni a un duende!
Vlad soltó una carcajada y llamó al mesero con un gesto.
—Por favor, traiga otros ocho platos más de estos para la doctora, parece que todavía tiene espacio.
—¡Oye! —le di un golpe suave en el brazo—. No se habla así de una dama enfrente de otro caballero... Pero que sean diez, porque son tan chiquitos que me da miedo quedarme con hambre. Pídeme algo para llevar, mijo, no seas tacaño que a ti el dinero te sobra.
Él asintió divertido, dándome el gusto. Mientras yo devoraba con ganas, Vlad jugueteaba con su copa de vino, mirándome con una intensidad que me hizo detenerme.
—Lena... —su voz se puso seria, de esa forma que me pone los pelos de punta—. De verdad, estoy muy orgulloso de ti. De la mujer en la que te has convertido. De la gran profesional que eres. Nunca había conocido a una persona tan brillante como tú.
Casi se me sale una lagrimita.
—No me quieras hacer llorar en medio de la comida, burro loco. ¿Quieres que me atore? —le advertí, tratando de tragar el nudo en mi garganta.
Él se rió, suavizando el ambiente.
—Bueno, ya que ahora sabes leer de sobra, espero que ya tengas claro que la playera que llevaba el día que nos conocimos no decía: "Todas mueren por mí", como tú inventaste para difamarme.
—¡Yo no sabía leer en ese entonces! —me defendí riendo—. Fue una interpretación creativa. ¿Cómo iba yo a saber que tu playera decía "No al maltrato animal"? Yo solo vi a un pijo y asumí lo peor.
Vlad solo negó y se rió.
—Por cierto, felicidades por el nuevo ascenso. Te lo mereces aunque seas un pijo arrogante.
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MERAKI.
RomanceAntes de tener un nombre, su alma ya tenía el suyo. En el pasado, Vlad Mansfeld se convirtió en asesino para salvar la vida de una niña con la que un antiguo contrato matrimonial había decidido unirlo cuando ambos fueran adultos. Aquella noche nació...
