capítulo 97

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Un vórtice de energía lo succiona desde el espacio vacío del entorno. La nave apenas resiste la fricción ardiente de la entrada a la atmósfera del desconocido planeta que lo recibe. Un aterrizaje accidentado con daños leves.

La entrada desde la estación espacial donde se reencontró con su padre, es la puerta para ese planeta en específico. La incógnita es conocer que contiene ese mundo que necesita tal grado de seguridad. Para Beny es claro que la gran cantidad de agujeros negros alrededor del túnel espacial que lleva a este planeta en espacial debe tener una razón.

La estación es tan antigua que fue imposible datarla, sin registros, sin archivos por rescatar para conocer el contenido y los porqués de este sitio tan extraordinario de la galaxia. Un sistema desconocido en los mapas estelares. En sus viajes ha recorrido mundos perdidos, mundos no explorados, algunos con cataclismos en curso, otros sin vida de ningún tipo. Mundos legendarios que se creyeron una invención y en todos estos lugares que recorrió para conocer la historia no oficial, nada indica la existencia de este bello planeta verdoso, acuoso, lleno de flora y fauna desconocida en la galaxia. Un paraíso como pocos antes vistos, con la excepción que aquí no habita ninguna especie dominante, ni inteligente como para desarrollar civilización y sociedad.

Existen lagos extensos que parecen mares, bosques igual de grandiosos. En su recorrido a pie llama su atención unas islas flotantes que parecen cascadas verdosas las cuales vuelan con lentitud sobre su cabeza. Puede escucharse el crujir del pasto en cada paso que da, un graznido ocasional suena a lo lejos, el canto de un ave extraña para sus ojos. El plumaje tornasol en colores llamativos le dan esa vista exótica de un mundo tropical. En todo su recorrido el paisaje parece repetirse. Si no son grandes lagos o bosques, son extensas praderas verdes con pasto corto que hace pensar que alguien lo poda con cuidado. Beny no se distrae, goza del panorama sin detenerse en ningún momento. Hasta que sus pies piden descanso, hasta que el estómago reclama alimento y el sueño pide una cama blanda.

Acude al llamado que tiene origen en este planeta.

En su bolso lleva provisiones suficientes para una estancia un poco prolongada al no saber la distancia que recorrerá hasta llegar al punto que lo aclama. No hay descanso por horas al descubrir que la noche no llega pronto, es quizás uno de esos planetas de días que equivalen a tres de cualquier otro.

Largo camino silencioso con el bolso a su espalda sin nada más que hacer que seguir adelante. Hasta encontrarse con esa voz que suena leve e insistente dentro de su cabeza. Pronto se hace intolerable. Calcula que lleva cinco días de camino, con descansos a intervalos cortos para dormir o comer.

Días de viaje parecen desalentarlo al no encontrar nada que difiera del paisaje que se ha grabado en su memoria. Exhausto se acomoda en un nido de pasto, con su mano como almohada y su capa lo cobija para cubrirlo de la luz y así conciliar el sueño.

Perdido en la inconciencia no puede ser testigo de las transformaciones de su alrededor. Al despertar horas después, lo hace sobre el piso reluciente de una construcción antigua, de estilo impreciso. Fría y silenciosa. Unos grandes vitrales alumbran el interior de la bóveda de lo que parece ser un templo.

Beny se levanta de inmediato, toma su sable y acomoda sus pertenencias. Él no duda en ningún instante del sitio que tomo como cama y no se encuentra ahí. La voz que el buscaba lo ha encontrado.

—¡al fin llegaste joven Solo!

Beny mira alrededor con expectación, no siente miedo o curiosidad, es como si supiese que en este mismo instante es el lugar donde debe estar. —¿Quién eres? — pregunta con seguridad. Ningún matiz que haga titubear su grave voz. No encuentra a nadie, al menos nadie físico.

DOS ESTRELLASDonde viven las historias. Descúbrelo ahora