Capítulo 19

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"...Oh, oh, habitaciones cuadradas.

Ellas no escuchan.

A ellas no les importa

si un hombre está desesperado."



En medio de la habitación, siendo prisioneros de esas cuatro paredes cuadradas, Fubuki pensaba en cómo el techo y el suelo podrían considerarse como otras dos paredes. Formando así un gran cubo, seis caras, una habitación cuadrada.

Saitama y ella estaban recostados en una de esas paredes con el nombre de "suelo", encima de los futones en la habitación del departamento que compartían ambos. Yuuji estaba durmiendo cerca de sus cabezas.

Había sido un día agotador, cinco monstruos tan sólo esa noche, Fubuki apenas y podía mover sus piernas.

Saitama no parecía tan cansado, o al menos no se había quejado de su dolor muscular en ningún momento.

Fubuki alzó una de sus manos hacia la pared encima de ella, esa que se conoce bajo el nombre de "techo", la mano de Saitama se alzó y tomó la de Fubuki entre sus dedos, ella correspondió el agarre sin fuerza, se sentía más cansada que nunca; utilizar sus poderes robaba toda su energía cada día más.

—Saitama, dime... —comenzó Fubuki, las palabras salían lentamente tratando de ocultar lo grande que era su curiosidad, —¿qué clase de sueños tenías? Hablo de la época en la que no dejabas de tener pesadillas.

—No lo recuerdo. —Saitama sostuvo la mano de Fubuki con su brazo alzado, permitiéndole descansar sobre la suya. —Pero muchos de ellos no tenían sentido y algunos eran vergonzosos...

—Como el del monstruo peluca. —Interfirió Fubuki con una risa ligera.

—Ah, ya había olvidado ese. —Saitama la miró. —¿Y tú qué sueñas?

—¿Yo? Yo nunca sueño nada. —Fubuki lo pensó mejor, mirando sus delgados y blancos dedos con los bronceados de Saitama, su mano sosteniéndola con firmeza. —Creo que, en realidad, tampoco los recuerdo.

El silencio era cómodo cuando estaban juntos, la noche era cálida cuando estaban juntos, los sonidos provenientes de la ciudad se opacaban cuando estaban juntos; la ciudad también era más colorida y la vida más alegre, no importaba todo lo demás porque estaban juntos.

Siempre y cuando se mantuvieran juntos en ese mundo.

Juntos y nadie o nada más.

Los dedos de Saitama recorrían los dedos de Fubuki, él los acarició para después aprisionarlos y acercarlos más hacia su lado.

—¿Qué estás pensando? —Preguntó Fubuki con una sonrisa ladina en su rostro y una ceja levantada.

—¿Mmh?

—Si no te conociera, pensaría que estás a punto de arrancarme los dedos... No planeas arrancarlos, ¿verdad?

La voz se Saitama sonó taciturna. —Sólo me preguntaba cómo se vería tu mano con un anillo en él.

Fubuki asintió, luego lo pensó mejor y se detuvo.

Ella no pudo evitar abrir sus ojos con sorpresa, Saitama nunca había insinuado nada antes y Fubuki no quería hacerse falsas ilusiones. Sin embargo, el nerviosismo nació dentro de ella de todas formas y pudo sentir su frente sudar debido al calor, pero mantuvo la calma. —...Y, ¿de qué clase de anillo estamos hablando?

Saitama volteó a verla confundido. —Pues de compromiso, ¿de qué más?

Entonces el cuerpo de Fubuki se movió por sí solo y se sentó exaltada sin soltar la mano de Saitama, asustando al pobre gato en el acto. —¡¿E-eh, qué dijiste?!

Habitaciones cuadradas (Saibuki)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora