Capítulo 14

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Pasaron así al menos otros doce o quizás treinta edificios, algunos más altos que otros. Fubuki sentía que se estaba volviendo más lenta y más cansada.

La lluvia no parecía calmarse y a este punto Fubuki decidió detenerse para quitarse la capa de su cabeza y el cabello mojado de su frente. El viento rosaba sus mejillas y levantaba la capa con dificultad debido a la pesadez del agua en ella.

Estaba más que claro que Saitama no se detendría ni la dejaría acercarse, pero tampoco sería capaz de abandonarla en la azotea de un edificio en una noche de tormenta.

Ella dejó de correr y Saitama lo hizo igual.

Después de unos minutos de ver a Saitama caminando de espaldas, él desapareció de su vista.

Los pies de Fubuki entonces se detuvieron, sus ojos mirando todo a su alrededor intentando averiguar hacia dónde se había ido Saitama.

Luego, tras su espalda, sintió unos brazos tomarla por detrás y alzarla nuevamente, rápido y repentino.

—Ya llegamos, ahora bajaremos de un salto. — Dijo Saitama antes de hacerlo. Fubuki ni siquiera tuvo tiempo de responder.

Al caer, Saitama corrió y saltó de nuevo hacia el piso donde estaba su departamento, evitando las escaleras y protegiéndose de la lluvia. Ambos se detuvieron frente a la puerta de metal.

Saitama soltó a Fubuki y prácticamente encontró sus llaves y entró a su casa lo más rápido que pudo, impidiendo cualquier intento de ella por decir una palabra.

—Necesitamos hablar. —Comenzó Fubuki, quitándose su capa y los zapatos mojados. —Sólo quiero sab-

—Hablaremos después, ahora necesitamos quitarnos la ropa mojada y bañarnos con agua caliente. —La cortó Saitama, comenzando a quitarse su cinturón y los calcetines.

Fubuki miraba su espalda, las ropas amarillas pegadas a su piel y marcando el contorno de sus músculos. Saitama bajó el cierre de su pecho y se detuvo.

Curiosa, Fubuki dio un paso al frente, dirigiéndose hacia él. —Saita-

—¡Es mi departamento así que yo tengo el derecho de bañarme primero! —Dijo él mientras huía a encerrarse en su baño.

Los ojos de Fubuki se entrecerraron por un instante al ver a Saitama regresar a lanzarle una toalla seca y limpia y después escuchar la puerta del baño azotarse con fuerza, seguida del sonido del seguro ser puesto.

Fubuki tomó la toalla y comenzó a secarse el rostro y el cuello, ella esperaría, por supuesto que lo haría, con sus ropas empapadas, sus manos temblorosas debido al frío y su frente escurriendo.

No sería su culpa que el suelo terminara mojado, fue idea de Saitama correr por encima de los edificios en lugar de simplemente haberse detenido por un taxi o tomar el autobús.

Ella siente un escalofrío y sus manos tiemblan, está pálida también. Así que se pone de pie y se acerca a la puerta del baño. —Saitama, —comienza en voz baja, —necesito ropa seca para cambiarme, ¿podrías prestarme alguna?

—Toma lo que quieras del ropero.

El ropero junto al futón, el pequeño de dos puertas donde Saitama guardaba toda su ropa, ahí se dirigió Fubuki.

Al abrir las puertas, el aroma de Saitama llegó a su nariz al instante. Un aroma simple, a suavizante barato pero agradable.

Se encontró con colores chillones, claros y vivos; sólo ropa casual, suelta y veraniega.

Fubuki ladeó su cabeza y se detuvo a mirar la tela delgada y corriente entre sus dedos, pensando en el gran contraste que existía con su propio clóset en su departamento donde predominaba el color negro y las ropas ceñidas al cuerpo, en su mayoría ropa elegante y cara que la hacían ver delgada y sofisticada e intimidante; siempre lista para cualquier foto que pudieran tomarle estando desprevenida.

Al principio no lo notó, pero al mover las prendas una por una, buscando algo que podría serle útil, las cosas comenzaron a volverse diferentes, pero sólo durante milésimas de segundos.

Las cosas parecieron temblar y distorsionarse ligeramente, sobre todo en el reflejo de imágenes impresas en las camisas.

Fubuki se detiene de inmediato y regresa a ellas mas no encuentra nada, lo que antes había parecido el rostro de una persona era simplemente el rostro de un mono bastante feo; lo que pareció ser una sudadera azul en realidad era una sudadera verde.

Ella cerró sus ojos y respiró profundamente, decidió no pensarlo demasiado, sólo se limpió el agua que aún escurría de su cabello y tomó lo primero que tuvo a su alcance: una sudadera amarilla y unos pantalones cortos marrones.

No era la primera vez que se encontraba sola metida en el departamento de Saitama, en el fondo esperaba que tampoco fuera la última.

Un lugar bastante decente y económico para una sola persona; una televisión y una mesa pequeña. Todo era demasiado modesto para lo que Saitama era, él era feliz de esta forma tan simple y conformista. Fubuki se preguntaba cómo le hacía él para mantener limpio su departamento si rara vez estaba ahí, cómo era que sus fans aún no habían llegado de sorpresa a encontrarlo en su propio hogar.

¿La modestia de su vivienda será una forma efectiva de mantener un perfil bajo ante el mundo para mantener una vida tranquila fuera del trabajo?

Por otro lado, también estaba ese sentimiento de extrema nostalgia y melancolía que Fubuki encontraba cada vez que estaba ahí.

De hecho, el sentimiento de urgencia inexplicablemente aumentaba con creces por tan sólo estar cerca de ahí.

Si algún día soñaba con un lugar en específico, siempre sería con el departamento de Saitama.

El gato gris, Yuuji, se acercó a sus piernas y Fubuki comenzó a acariciarlo. El gato se había a costumbrado a ella con rapidez y poco a poco abandonó su comportamiento huraño. Por alguna razón le recordaba al Saitama con el que se encontró por primera vez al llegar a la ciudad.

De hecho, al poner más empeño en el pensamiento, Fubuki recordó que ese también había sido su primer pensamiento al llegar a la ciudad.

No recuerda cuál fue la razón de haber llegado ahí.

Era como si antes de encontrarse con Saitama, ella hubiera estado dormida.

La simple idea se incrementó dentro de su mente y muchas cosas parecieron más familiares de lo que debían.

Dormida...

Habitaciones cuadradas (Saibuki)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora