Capítulo 26

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"Ellas no escuchan.

A ellas no les importa

si un hombre está desesperado.

Ohh, ohh, habitaciones cuadradas... "



Fubuki abrió sus ojos y se encandiló por la repentina luz verde que apareció frente a ella, los cerró y al volverlos abrir su cuerpo se paralizó.

Se encontró con un par de ojos verdes curiosos que ella reconoció como los de su hija. No, espera...

—Tats...

—¡Fubuki! —Gritó Tatsumaki. —Fubuki, todo está bien, ¿cierto? ¡¿Cierto?!¡Responde! —Tatsumaki miró a los dos chicos tras ella. —¡Si Fubuki comienza a actuar raro los voy a matar!

La barrera que la rodeaba desapareció y Fubuki intentó sentarse, su vista ligeramente borrosa, sus ojos ardían y su boca se sentía seca. Su cuerpo estaba entumecido y sus dedos temblaban, su corazón estaba latiendo demasiado rápido. Fubuki comenzó a sentirse aterrada. —¿D-dónde... estoy?—La pregunta salió de sus labios secos como un hilo de voz ronco y quebrado. Su garganta dolía. Apenas era capaz de pensar. Fubuki tocó su vientre y no hubo nada ahí, estaba plano, se sintió vacío y repentinamente ligero y delgado.

Estas no eran sus ropas, este no era su cuerpo.

Fubuki miró a todos lados mientras trataba de pararse pero su cuerpo no tenía fuerzas, sentía un hormigueo en sus piernas. —¿Dónde está Saitama? —Preguntó intranquila, sus ojos alarmados ante lo que le rodeaba.

—Eso es lo que nosotros deberíamos preguntar, ¿dónde está Saitama? ¿Por qué no ha despertado? —Dijo Genos arrodillándose frente a ella. Tatsumaki lo miró con odio.

—Saitama... —Los labios de Fubuki temblaban.

Ella alejó la mano de Tatsumaki y de Genos e intentó ponerse de pie por su cuenta. Su mano tocó la pierna de alguien, al voltear, se encontró con el cuerpo de un hombre calvo.

Fubuki miró detenidamente el rostro del chico y el dolor en su cabeza se incrementó de sobremanera al instante.

King también se acercó a ella. —Fubuki, ¿dónde está él? ¿Está luchando con un monstruo y por eso no es capaz de salir por su cuenta?

Fubuki no respondió, no escuchó con claridad, no podía.

Ella finalmente se puso de pie mientras se tambaleaba.

—Fubuki, quédate quieta, maldita sea. — Dijo Tatsumaki. Fubuki la miró con sorpresa.

—Hermana... —Sí, Tatsumaki no era su hija, era su hermana mayor. King y Genos también estaba ahí, ella acababa de despertar.

Esta realización hizo que la sangre se le helara y, no sólo su cabeza y sus pies, también su estómago comenzó a doler. Estaba completamente aturdida, un gran peso cayendo en seco.

—Fubuki. —Insistió Genos. —¿Qué pasó ahí? ¡¿El maestro Saitama está bien?!

—¡Cállate! ¡Es obvio que Fubuki no está bien! —Le recriminó Tatsumaki.

King se acercó y la tomó de los hombros con delicadeza, casi dudando en tocarla. —¿Te duele algo, Fubuki?

Fubuki se alejó con miedo y se puso a correr lejos de ahí, un paso a la vez, su pie cayendo contra el suelo seguido del otro que amortiguaba el peso de su cuerpo e impedía la caída. —¡Fubuki! —Escuchó que le gritaban pero ella ni siquiera volteó. Se tambaleó de nuevo y chocó de forma brusca contra la pared de la cocina; vio una puerta cerca, la abrió y se encerró ahí dentro.

Con su mano buscó entre la pared hasta que sintió el interruptor y encendió la luz. Luz blanca que iluminaba el pequeño baño del pequeño departamento de Saitama.

Fubuki se quedó estática, sus cinco sentidos tratando de estabilizarse.

Después, a paso lento pero seguro, recargándose en la pared, comenzó a acercarse hacia el lavabo. Su cabeza no dejaba de dar vueltas, su pecho comenzaba a doler.

Ella alzó su cabeza y se encontró con una versión joven de ella misma.

Fubuki tocó su pálido rostro con miedo. Las arrugas bajo sus ojos habían desaparecido, su piel lucía más brillante y humectada. Tocó su cabello con desesperación, estaba corto de nuevo, más brillante. Miró sus manos y le parecieron de pronto tan pequeñas.

Se alejó del espejo y comenzó a verse de nuevo, no lo creía, no quería creerlo porque no podía entenderlo.

Estaba más delgada que antes, era ella pero al mismo tiempo no lo era. Se desconocía y al mismo tiempo le resultaba demasiado familiar. Como si hubiera rejuvenecido, No, era como si nunca hubiera envejecido.

Alguien tocó la puerta, era King. —Necesitamos hablar contigo, Fubuki.

—¿Dónde está el cyborg? —Preguntó Fubuki, sosteniendo su cabeza entre sus manos mientras hacía lo mejor que podía para recordar el nombre de Demon Cyborg.

—¡Estoy aquí! —Respondió Genos casi gritando. —¿Qué necesitas?

—Cuánto... ¿c-cuánto tiempo ha pasado? —Fubuki preguntó dubitativa, temía de la respuesta que conseguiría pero necesitaba saberlo con desesperación. —¡¿Cuánto duré ahí dentro?!

—Veintiún horas, un minuto y medio... aproximadamente.

Fubuki abrió sus ojos de inmediato, un zumbido invadió su oído.

Tras la puerta, pudo débilmente distinguir un gritó de furia de Tatsumaki en contra de Genos y King y el inicio de una discusión a gritos entre ellos tres.

A Fubuki no le importó, su cabeza ardía a más no poder y todo lo que podía pensar era en el gran contraste de sentimientos y la gran mezcla de recuerdos entre el mundo real y ese mundo donde ella y Saitama vivían.

Quince años...

Esas veintiún horas habían sido más de quince años de experiencias y emociones y problemas y momentos felices para Fubuki. Había sido toda la vida de sus hijos, su matrimonio, su noviazgo.

Fiestas, cumpleaños, peleas, lluvia, amigos, trabajo, comidas, paisajes, paseos...

El mareo aumentó y ella ya no pudo más, se miró de nuevo en el espejo y vio sus ojos comenzando a lagrimear, su piel muy pálida, sus ojos rojos. Entonces Fubuki se apresuró hacia el escusado y comenzó a vomitar.

Escuchó la puerta tras ella ser azotada contra la pared y de repente Tatsumaki ya estaba junto a ella.

—¡¿Qué te sucede, Fubuki?! ¡¿Qué tienes?! —Tatsumaki sonaba molesta, preocupada, al borde de una explosión.

Fubuki cerró sus ojos, lágrimas caían sobre su rostro, ella tampoco lo entendía. ¿Por qué se sentía así de vacía tan de repente? ¿Por qué de pronto sentía que algo le había sido arrebatado de forma atroz?

¿Qué estaba ocurriendo?

Los recuerdos de su familia pasaron frente a sus ojos y comenzaron a esfumarse con rapidez, como fina arena entre sus manos, ella sintió la enferma necesidad de retenerlos a toda costa. Saitama estaba en todos ellos, él era lo único que se preservaba en sus memorias con claridad.

Pero no ese Saitama, sino el Saitama que yacía dormido en el futón en medio de la habitación. El Saitama que ella debió haber rescatado al invadir su mente, misma mente que la absorbió por completo y la impregnó de ilusiones y recuerdos falsos.

El plan, el plan, el plan para sacar a Saitama de ahí, todo tenía que haber sido tal cual decía el plan...

—Fubuki... —La voz de Tatsumaki sonó más tranquila.

Fubuki la sintió acomodar sus cabellos negros tras su oreja y después acariciar su espalda. Ella aún mantenía sus ojos cerrados sentada en el suelo, su respiración comenzando a tranquilizarse.

Nadie dijo nada después de eso. 

Habitaciones cuadradas (Saibuki)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora