Ser mamá era difícil, Fubuki apenas y tenía tiempo libre para sí misma así que aprovechó la ausencia de Saitama, por el trabajo, y los niños, por la escuela, y fue de compras al centro de la ciudad.
El cielo estaba despejado como casi siempre, el calor del sol era amable con todos y no había tanto tráfico. Mientras manejaba, se preguntaba si el hijo que llevaba en su vientre ya abultado sería también igual a Saitama; si los poderes de Saitama también eran heredables, si sería fuerte como él, si sería hermoso como ella. Si sus ojos serian verdes o cafés. Aunque si le preguntaran, ella diría que se conformaba con que fuera fuerte y saludable.
Hubo algo que la sacó de sus pensamientos y la hizo estacionarse repentinamente en una de las orillas de la calle. Fubuki sintió como si la llamaran.
Ella miró por el retrovisor, por los espejos y por las ventanas laterales y traseras, pero no vio a nadie, sólo estaba ella en toda la calle.
Ella reconoció el vecindario y salió del auto casi sin pensarlo. El lugar parecía haber estado abandonado desde hacía mucho tiempo.
Frente a ella, al otro lado de la calle, estaba un viejo condominio abandonado, justo donde estaba el antiguo apartamento de Saitama. El lugar del que se fue para mudarse con ella a un nuevo departamento con el objetivo de darle fin de alguna forma a las pesadillas que lo atormentaban.
Había pasado más de una década y Fubuki no había estado ahí desde entonces.
Ella mira el lugar con nostalgia, está a punto de volver a entrar a su auto pero se siente incapaz. Está inmóvil, su mente en blanco, hay algo en ese antiguo departamento que la está llamando.
.
Después de quince minutos debatiéndose si lo que estaba haciendo era correcto o no y luego de otros veinte tratando de describir qué clase de emociones estaba sintiendo justo en ese momento, Fubuki decidió que sólo daría un vistazo rápido para satisfacer su repentina y abrumadora curiosidad y luego volvería a casa.
Con esto en mente, ella comenzó a ascender las escaleras, con una mano sosteniéndose del barandal y con la otra sosteniendo su vientre.
Paso a paso, cada uno con lentitud y sumo cuidado hasta que llegó a la siguiente planta.
Ahí estaba el angosto pasillo que había recorrido demasiadas veces durante muchos años. Fubuki caminó por ahí y se encontró con la puerta metálica que daba entrada al viejo y bien conocido departamento. Era muy nostálgico.
La puerta estaba plagada de cintas amarillas largas con letras rojas en grande.
"Prohibido el paso"
"Aléjese"
"NO entrar"
"NO PASAR".
Fubuki se sintió confundida y miró alrededor, esa era la única puerta con advertencias. Ella no recordaba que hubiera sucedido algo grave como algún crimen dentro de ese apartamento.
La seguridad de eso la hizo tratar de aabrir la puerta pero estaba sellada. Fubuki suspiró rendida, dejó de forcejar y comenzó a alejarse cuando escuchó un sonido viniendo de adentro: alguien había dicho su nombre.
El cuerpo de Fubuki se paralizó y miró sorprendida a la puerta. Volvió a mirar a los alrededores pero simplemente no había nadie más allí.
Sólo estaba ella y la voz tras la puerta.
Volvió a escuchar su nombre ser pronunciado en voz baja con desesperación, como la voz de una niña que le recordaba a la de su hija.
Fubuki sintió la repentina necesidad de entrar y mirar qué había ahí dentro.
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Habitaciones cuadradas (Saibuki)
FanfictionSaitama ha caído en un sueño profundo y ninguna cosa lo ha podido despertar, Fubuki está dispuesta a salvarlo a toda costa siguiendo su plan, pero, ¿cómo podrá lograrlo en un mundo donde sólo existen ellos dos? Sin querer, Fubuki termina volviéndose...
