Capítulo 3

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"¿El mundo es audaz?

¿Este viejo amor

no está yendo

a ninguna parte?"


Fubuki despertó por la mañana con la cola de un gato restregándose en su cara.

Ella abrió los ojos y miró alrededor del departamento. Estaba un poco más ordenado y limpio que el día anterior, no había rastro de Saitama.

Ella se levantó y comenzó a recoger el futón que se le prestó para pasar la noche, buscó el bañó y se limpió la cara, acomodó su cabello corto, lavó algunos de los trastes sucios que encontró en la cocina y se sentó en el suelo a esperar a que Saitama llegara.

Había muy pocos muebles y sólo unas cuantas pertenencias. No había fotografías, pinturas... tampoco había evidencia de que alguien más estuviera habitando ese departamento además de Saitama y el pequeño gato.

Eso tenía sentido, era un departamento pequeño. Sólo era una cocina, un baño, un balcón y una gran habitación que hacía de sala, comedor y recámara.

Fubuki se aburrió rápidamente y buscó acariciar al animal para distraerse, no era amante de los gatos, pero no le molestaba su compañía. Ella lo tomó entre sus manos y lo sentó entre sus piernas, él se mostró reacio a las caricias e intentó huir varias veces. Fubuki finalmente se rindió y dejó al gato en paz cuando escuchó la puerta de metal de la entrada ser abierta.

Saitama entró vistiendo su traje de héroe con la mirada gacha y el rostro inexpresivo, se quitó los zapatos y dobló en seguida por el pasillo hacia donde estaba el baño. E

lla lo escuchó lavarse las manos y al volver a la sala él la miró.—Oh. —Dijo él deteniéndose a medio camino en dirección a la cocina. —Olvidé que estabas aquí, ¿por qué no te has ido?

Fubuki frunció el ceño. —Qué descortés.

—¿Yo? Pero si fuiste tú quien trató de forzar mi puerta para entrar a mi casa.

—Claro, sobre eso... —Fubuki evadió el tema sabiendo que ella, como huésped sin invitación, tenía la desventaja en la discusión. —Te agradezco que me hayas dejado pasar la noche aquí.

Saitama asintió y levantó sus hombros con desinterés. —Sí, lo que sea. —Él entró a la cocina y comenzó a sacar cosas del refrigerador, Fubuki podía escucharlo mascullar entre dientes sobre algo referente a los ingredientes.

—¿Quieres que te ayude a cocinar? —Se ofreció Fubuki.

—¿Eh? No me digas que planeas quedarte a desayunar también. No tengo suficiente comida para ti y Yuuji.

—¿Quién es Yuuji? —Preguntó Fubuki para disimular la molestia que estaba sintiendo.

—Mi gato.

—Ah, ya veo. —Fubuki miró al gato y luego volvió a Saitama, poniéndose de pie. Era obvio que Saitama no estaba acostumbrando a tener invitados en su hogar. —Bueno, supongo que tendré que irme entonces.

—¿A dónde irás? —Le preguntó Saitama.

¿A dónde irá? Fubuki tampoco lo sabía.

No conocía a nadie en esa ciudad además de él, no recordaba dónde habían quedado sus cosas. Sólo sabía que ella no pertenecía ahí y que necesitaba hacer algo que tenía que ver con ese lugar en específico. Todo lo demás había llegado a ella como consecuencia de seguir su instinto.

Habitaciones cuadradas (Saibuki)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora