Capítulo 29

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"...Ohh, ohh, habitaciones cuadradas.

Ellas no escuchan.

A ellas no les importa

si un hombre está desesperado."



El rostro de Saitama de pronto se tornó serio, muy serio. Al tenerlo así de cerca, Fubuki fue capaz de notar las enormes y oscuras ojeras que Saitama tenía bajo sus ojos enrojecidos. Ella sabía que, en ese mundo, la edad de Saitama era quince años mayor a la que tenía en el mundo real, por lo que era de esperarse que la vejez comenzara a mostrarse. Pero esto era algo más, era que Saitama se veía completamente cansado y más delgado de lo que ella recordaba, como si estuviera enfermo. Era obvio que Saitama no había estado durmiendo ni comiendo bien.

Los ojos de Saitama por fin parecieron moverse y parpadear. —¿Quién eres? —Preguntó él entre susurros.

Ella frunció el ceño, confundida. —Soy Fubuki.

—¿En realidad eres Fubuki? —Insistió él.

—¿Qué clase de pregunta es esa?

Saitama la miró atentamente de nuevo. —¿Fubuki?

El temblor en sus manos aumentó considerablemente.

Entonces la fuerza del agarre a sus brazos desapareció y Saitama se abalanzó sobre su cuerpo, abrazándola muy fuerte, demasiado fuerte.

—¡Estás aquí! —Dijo sin soltarla.

—Lo sé... —Respondió Fubuki.

—P-pero... —Saitama se separó, sus manos aún sobre ella, para mirarla de arriba hacia abajo. —¿Por qué...? ¿Cómo...? —Él volvió a mirarla por todos lados y de pronto se detuvo en su vientre. Sus ojos se volvieron vidriosos, su voz tembló al hablar. —¿Por qué te ves más joven?

Fubuki hizo a un lado a Saitama y se puso de pie intentando alejarse sólo un poco de él. Sentía que ver a Saitama de esa forma sólo le estaba complicando las cosas y ella no tenía tiempo qué perder.

—Saitama. —Comenzó ella. —Sé que me desaparecí por varias horas o tal vez unos cuantos días pero necesi-

—Siete meses. —Corrigió Saitama con frialdad mientras se ponía de pie. —Te desapareciste por 7 meses. ¡¿Dónde diablos estabas, Fubuki?!

Ella se quedó pasmada, ¿siete meses?

Fubuki se sintió tonta al no haber contemplado lo mucho que podría ser el tiempo en ese mundo con aproximadamente una hora en mundo real.

Saitama se acercó a ella.

—Te busqué por todos lados... En todas partes... —Dijo él con frustración. —¿Acaso planeabas abandonarme con los niños? Pero, entonces, ¿por qué dejaste todas tus cosas? ¿No eras feliz? ¿Hice algo que te molestó demasiado?

Las palabras habían abandonado a Fubuki de forma inesperada, su corazón se sentía oprimido ante la forma tan dolida en la que Saitama la estaba mirando, como si él en verdad hubiera sufrido por su ausencia, como si en verdad se sintiera aliviado por su regreso y se preocupara por ella; como si él en verdad la amara.

Porque eso sólo le recordaba lo deprimente que podría ser para él darse cuenta que todos los años que pasaron en ese lugar fueron sólo una mentira, justo como le había ocurrido a ella cuando Tatsumaki la despertó.

Fubuki agachó la mirada y apretó los puños, sabiendo que algo tan sincero y puro como el amor no podía existir en ese mundo lleno de mentiras.

—Fubuki... —Dijo él de nuevo con un suspiro de exasperación, se dio la media vuelta tomando su cabello entre sus dedos notablemente frustrado, mirando al techo y resoplando con molestia, o quizás impotencia, o quizás angustia, o quizás una combinación de todo eso; como si le costara trabajo formular las palabras. —Fubuki. —Se limitó a decir en ese momento con voz grave y un notable nudo en su garganta.

Habitaciones cuadradas (Saibuki)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora