Capítulo 15

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La puerta del baño se abrió y Saitama salió vistiendo su piyama azul y la toalla sobre su cabeza.

Fubuki no recuerda haberlo visto tomarla o entrar con ella.

—Es tu turno, Fubuki. Iré preparando la cena por mientras... —Dijo él entrando a la cocina.

Fubuki asintió y entró al baño. Al cerrar la puerta tras de sí, comenzó a preguntarse si lo mejor hubiera sido enfrentarse a Saitama directamente sobre lo que había ocurrido antes. ¿Qué había ocurrido antes?

Ella se adentró más en el pequeño baño. Se detuvo frente al espejo y miró su reflejo. Fubuki pronto cumpliría los veinticinco años, tan sólo dos años menor que Saitama, aún era joven y todos decían que era hermosa, ella también estaba segura de eso. Cuidaba mucho su cuerpo y procuraba lucir bien en cada momento.

Aun así, ¿era posible que Saitama no se enamorara de ella?

Porque no encontraba otra explicación al comportamiento de Saitama. Para tener más claridad, ella necesitaría comparar su comportamiento hacia con ella con el que él tenía con el resto de sus amigas, pero Saitama no tenía amigas cercanas, nunca hablaba del tipo de persona con la que le gustaría salir, no le gustaban las películas románticas y no era capaz de reaccionar apropiadamente a todo tipo de muestras de afecto.

Manteniéndose siempre cerca, siempre a solas con ella, siempre paciente y de cierta forma complaciente. Preocupándose por ella y por su estado de ánimo.

Siempre sonrojándose, diciendo cosas de la nada, retractándose, mirándola y sonriendo tras su espalda y tratando de poner su brazo sobre ella o pegarse demasiado a su cuerpo, negándose a compartirla con otros chicos incluyendo sus propios amigos, mirándola con tanta intensidad, tomándola de la mano con cariño y de forma desvergonzada cuando nadie los veía y ahora besándola en la mejilla de forma espontánea.

¿Hasta qué punto aún podría considerarse como el comportamiento que un amigo haría?

¿Hasta qué punto ella estaría dispuesta a ignorar tales acciones y dejarlas pasar?

Aunque tampoco era como si le molestara, es más, ese era precisamente el problema: que no le molestaba en lo absoluto esa clase de acciones.

Admitía que disfrutaba de su compañía, su corazón latía fuerte y sus manos sudaban con cada mirada furtiva que conseguía atrapar de Saitama. Su rostro se coloraba y una sonrisa aparecía en su boca cada vez que recordaba a Saitama recostando su cabeza sobre su hombro.

Si Saitama un día quisiera también enfrentarla a ella con respecto a sus sentimientos por él, ella sería capaz de negarlo a todos sin dudar, pero nunca a sí misma.

Después de la ducha, Fubuki salió vistiendo las ropas de Saitama mientras él yacía sentado con dos cuencos de arroz y huevo y un pequeño guisado con carne y verduras, también algo de té caliente; él rara vez preparaba algo diferente.

Fubuki ignoró intencionalmente la mirada que Saitama le estaba dando a su cuerpo y caminó directo hacia la mesa. Ninguno de los dos sabía cómo traer el tema a la conversación.

Saitama prendió la televisión aunque en ningún momento pareció estarle prestando verdadera atención, Fubuki sabía que él sólo lo había hecho para dejar de lado el incómodo silencio que atiborraba la habitación.

Ella en el fondo se siente molesta por la falta de iniciativa de Saitama, ¿por qué siempre tiene que ser ella la que da el primer paso? ¿Por qué siempre tiene que ser ella la que se llene de dudas y termine corriendo tras él en busca de explicaciones?

Habitaciones cuadradas (Saibuki)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora