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Obsesión
Narra: David Rodríguez

No es la primera vez en mi vida que quiero matar a alguien. Respiro profundamente y disparo, volando los sesos de uno de mis hombres. Me acomodo el cabello hacia atrás y lanzo una única mirada a la mujer a mi lado.

Cansada, voltea los ojos y se encarga de limpiar la sangre con un trapo y recoger con asco el cuerpo que yace muerto en el suelo, todo con la ayuda de otro hombre.

— ¿Sabes a quién acabas de matar? Era el hombre más fiel a tu padre, y le haz disparado en la cabeza por culpa de tu obsesión con la zorra esa.— dice cuando termina. Se lava las manos con agua y jabón mientras me regaña.

— No le digas zorra a alguien que no conoces, Samantha.— respondo encendiendo un cigarro y le doy una calada. La señaló con la pistola.— Y menos a mi chica.

— Llevas un año dándole vueltas a la situación, esto sólo te ha llevado a matar gente como un loco.

Abre las puertas traseras del edificio abandonado en el que estuvimos y paseamos hasta una camioneta en medio de la oscura noche. Quiero dejar de escucharla.

— No voy muy lejos de lo que hacemos a diario.

— Tienes razón, pero llevas dos años detrás de esa mujer y no haz conseguido nada. La única vez que te le acercaste casi te jodes.— mencionó y el sabor amargo en mi boca casi me hace escupirle la cara.

Llegamos a las oficinas que lidera mi padre, líder de la mafia americana, encargado de la parte este de Estados Unidos. Mafia a la cual perteneceré y seré líder como él en cuanto este viejo se dé baja de la vida.

Aún escucho los murmullos de Sam, dandole hincapié a que tendré que alejarme de todo lo que mi obsesión lleva. Cosa que obviamente, no haré.

Dentro de mi oficina le cierro la puerta en la cara, impido su paso más no hacen falta dos segundos más para que abra la puerta de una patada y me mire furiosa. Lanza una navaja y la clava justo en el centro del tablero, donde hay una foto de Danela Relish.

Meine schönste Obsession.

Me acerco y quito la navaja que atravesó entre sus hermosos ojos verdes. Cada que veo su foto se me escapa una sonrisa. Estoy tan clavado por esa chica desde que la conocí en aquel bar.

Lancé la navaja de regreso y esta se llevó consigo el sombrero vaquero que cargaba Sam.

— No vuelvas a hacer eso.— la advierto. Suspira y se sienta en el sofá de mi oficina. En cuanto lo hace, mi padre entra enojado, pero el aspecto relajado provocado por un buen pase de cocaina lo mantiene como un puto fantasma.

— ¿Se puede saber por qué demonios mataste a Gil?— pregunta mientras se sienta junto a Sam en el sofá. El estado en el que está no lo deja estar parado por mucho tiempo.

— Lo mande a hacer algo y no lo cumplió como se supone, papa.— respondo mientras me siento detrás del escritorio.

Mi padre cada vez está más fundido en las drogas que antes, por lo cual yo tengo que hacerme cargo de todos los negocios. Aún así, sigue estando a la cabeza de todo, y aunque esté más para un lado que para el otro, tengo que rendirle cuentas aún de las cosas que hago con su gente.

Mi abuelo llegó de Alemania sin un solo dólar, se inmiscuyó en la mafia y tras haber salvado al líder una sola vez, se convirtió en su sucesor. El anterior líder no contaba con hijos ni familia cercana, así qué pasó de un apellido a otro de la noche a la mañana. Desde entonces mi abuelo fue el jefe, luego mi padre, y muy pronto, yo.

SANO amorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora