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El ojo del huracán

— Escúchame bien Gustavo, no quiero que nada salga mal.— Guillermo se acomodó el chaleco anti balas y comenzó a metes municiones en algunos bolsillos.

James hacia lo mismo y Gustavo se colocaba un pasamontañas que le cubría la cara. Era el momento.

Uno de los informantes había dicho que hoy se iba a desatar una guerra dentro de la organización. Que la prima y la mano derecha de Daniel lo iban a traicionar para quedarse con todo.

El plan era esperar que quedara un líder y luego, sin esperar que se estabilicen, atacar a Samantha y a Simón. Los que serían los nuevos jefes de la mafia Rusa. Según los informantes era muy probable que ellos tomaran el control. La muerte de Daniel era inminente porque tenían a más de la mitad de su gente de su lado.

Por otro lado, un grupo de agentes se encargarían de buscar a Danela y sacarla durante la emboscada. No era una tarea fácil, pero con la guardia baja sería más fácil rescatarla.

Gustavo estaba en ese grupo, y aunque Guillermo sabía que estaba mal, no había podido prohibírselo. Aunque lo hiciera sabría que encontraría la manera de estar lo más cerca posible.

Uno de los infiltrados había dicho que había visto como una tarde trasladaron a Danela a otra habitación. Decía que estaba en pésimas condiciones, claro esto había vuelto loco a Gustavo. Que no quería hablar con nadie.

James estaba preocupado, pero no podía hacer nada para ayudar más que cumplir con la misión y rezar por qué todo fuera bien. Sobre todo que Vivían no se diera cuenta de nada.

Al par de horas salieron para el punto de encuentro. Un almacén de ropa abandonado a las afueras de la ciudad. Guillermo separó a Gustavo del equipo, evitándolo con otro grupo de hombres a otra ubicación. Lo menos que quería era que Vivían le viera justo hoy.

James estaría con Vivían, dentro de su escuadrón, asegurándose de dar con Samantha y Simón para capturarlos. Los necesitaban con vida. Mientras que el grupo de Guillermo trataría de dar con Daniel con vida o muerto. Lo importante era reportarlo como fuera del campo.

Pasaron las horas y ya Vivían había repasado nuevamente el plan con todos menos con el grupo de Gustavo. James se fue en una camioneta junto con Vivían mientras apretaba el rifle con fuerza.

— Alberto me ha llamado.— comentó Vivían, James se tensó de pronto.— No sabe dónde está Gustavo. ¿Tú sabes algo?

— Lo último que se es que se quedaría con Liz.— respondió mirando por la ventana.

— No contesta mis llamadas, no quiero que se enoje conmigo por no dejarlo participar de la misión.— dijo Vivían preocupada. James cerró los ojos tratando de controlar sus pensamientos.— No quería que sus sentimientos lo llevaran a cometer un grave error.

— Entiendo Vivían, pero él ya no es un niño pequeño. Que este enamorado no quiere decir que hará todo con los pies.— defendió James.

— Lo se, pero cuando una persona está enamorada hace estupideces por la otra persona. Y se que si es necesario Gustavo daría su vida por esa chica.

James suspiro. No quería que Vivían siguiera hablando, se sentía culpable de cubrir a su amigo.

No tenía ni idea de cómo habían llegado tan lejos. La desesperación los tenía a todos de cabeza. También quería que todo terminara, no le gustaba nada que Noly estuviera en peligro también.

Movió su cuello al sentirlo de pronto muy tenso y entonces sintió como se detenían. El infierno estaba a punto de recibirlos de nuevo. Había olvidado la adrenalina que sentía cada vez que era enviado a una misión de este tipo, y había olvidado cuánto las odiaba.

SANO amorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora