La alberca
Narra: Noly Relish
Es un nuevo día, así que me preparo para ir a trabajar como siempre. Estoy terminando mi maquillaje cuando entra Mari con mi ropa limpia.
— Buenos días, mi niña. ¿Dormiste bien?— pregunta tan amable como cada día. En realidad no había dormido tan bien en toda mi vida como esta noche.
— Ni siquiera recuerdo como llegue a la cama.— respondí.
— Oh, el señor Denet te trajo en brazos en la noche. Te quedaste dormida en el auto.
Deje de maquillarme para mirarla perpleja y sonrojada. Debió de ser una molestia para él traerme, y a juzgar por como me gusta dormir, no fue una de las escenas más bonitas que va a ver de mi.
Que vergüenza.
— No pongas esa cara.— dijo Mari acomodando mi ropa sobre la cama.— James no nos dijo nada malo, ni siquiera nos lo comento. Me di cuenta porque estaba levantada buscando agua para Sebastián.
Agradecí que fuera un caballero. No sabía que este hombre podía ser más perfecto de lo que ya lo era.
Me mire al espejo aún con pena mientras Mari terminaba de acomodar mi ropa y cambiar las sábanas de la cama por unas nuevas. Respire profundo y me puse de pie, tomé mi bolso y baje las escaleras.
Al final estaba James con Max, hablando de algo que no alcancé a escuchar. En cuanto los ojos de James notaron mi presencia una sonrisa encantadora decoró su rostro.
— Buenos días.— fui la primera en hablar. Ellos respondieron igualmente y justo cuando me giré hacía James para decirle a donde iríamos y los planes de hoy, una llamada me interrumpió.— Dime, Sol.
— Te llamo para saber de ti, anoche te fuiste muy tarde de la oficina y no me llamaste.
— Lo siento, me quede dormida.— conteste sonrojándome de nuevo mientras James me miraba sonriente. Debía de agradecerle por haberme llevado hasta la habitación, pero aún no tenía el valor.
— Me lo imagine. En fin, te llamo también para recordarte que tienes en agenda una cita con el inversionista extranjero sexy esta mañana.
— ¿Inversionista sexy?— pregunté bajo, alejándome de James y de Max. Estos se despidieron y tomaron rumbos distintos. James siguiéndome no muy lejos hasta salir de la casa camino a la camioneta.
Mi mejor amiga tenía un buen don para ponerle apodos a las personas. Esta no era la excepción.
— El de Inglaterra que te conté hace no más de dos semanas.— comentó enojada porque no recordaba esa información, que estoy segura, me dijo en algún momento.
— Lamentó olvidar cada cosa que me dices.— dije un con sarcasmo evidente.— Con todo esto del secuestro e estado muy nerviosa como para ligarme a los nuevos inversionistas.
Me cubrí la boca al saber que había hablado más alto. Vi a través del espejo como James fruncía el ceño y se borraba esa espectacular sonrisa de su rostro.
— Perdón, lo olvide.— se disculpó realmente apenada.
Solté un suspiro.
— No te preocupes. ¿A qué hora es la cita?
— A las 10am.— respondió y escuché como discutía con alguien al otro lado de la línea.
Lo más seguro era su vecino. Sol lo odiaba de alguna forma por poner música de rock a todo volumen en la mañana. Aunque tenían la misma edad, parecían dos ancianos peleando en pijamas en medio del pasillo de su edificio casi todas las mañanas.
ESTÁS LEYENDO
SANO amor
RomanceUn secreto puede corromper una familia completa. Los problemas de nuestros padres no deberían de ser un problema el cual los hijos deban de cargar, o peor aún, pagar las consecuencias. Cuando la seguridad está en riego, la vulnerabilidad convierte e...
