Anna Harries
Abro las puertas de la salida trasera del internado murmurando insultos entre dientes.
—Capullos malcriados.
Había salido al exterior esperando estar sóla, pero el destino no estaba de acuerdo con mis deseos.
— ¿Molesta?— la voz de Ethan hace que deje mis insultos sin sentido a un lado.
Allí mismo, apoyado sobre la fachada del internado, con sus ojos claros mirándome graciosos y esa sonrisa estúpida riéndose de mí, su típica pose de "te voy a meter en problemas" y su caja de cigarrillos en la mano.
—¿Tú no deberías estar en la sala de castigo? — pregunto con sarcasmo.
— Qué graciosa—dice y saca uno de los cigarrillos.
Sus manos estaban llenas de anillos plateados y cubiertas de tatuajes y era imposible no mirarlas mientras él agarraba un cigarro entre sus dedos de forma elegante, como si este encajara a la perfección.
— ¿Qué pasa?— pregunta y levanto mi mirada encontrándome con sus ojos y esa miradita burlona.
No sabía cómo escapar de aquella, me había pillado observando sus manos como una boba.
—Me gustan tus anillos.
La sonrisa traviesa en su cara se ensanchó.— ¿Te gustan mis anillos o te gustan mis manos?
Intentaba ignorar el leve rubor que se instaló en mis mejillas.
—Muy gracioso— digo repitiendo sus palabras.
— ¿Quieres uno?— pregunta extendiéndome la caja de cigarrillos abierta.
— Por supuesto—digo y cojo uno algo avergonzada ya que por supuesto, nunca podría agarrarlo de la misma forma elegante que él lo hacía.
Me relajé y me apoyé sobre la fachada del internado, a su lado.
¿Estaba molesta con Ethan? Mucho.
¿Ya le había perdonado? En absoluto.
Pero estaba cansada de poner caras de odio y de aguantar otras muchas. Sólo quería un rato de descanso de todo lo que estaba ocurriendo y si además Ethan me invitaba a un cigarro no podía decirle que no.
Me molestaba pensar que mi único momento de descanso del día incluyese la compañía de Ethan.
"Si no puedes con tus enemigos, únete a ellos"
Coloqué el cigarro en mi boca y él me miró gracioso, se giró y aprovechando para romper las distancias se inclinó sobre mí y con su mechero encendió el cigarro en mi boca.
Él estaba muy cerca y podía oler su perfume a la perfección y sentir su calor. Mis mejillas se sonrojaron un poco más.
— No sabía que fumabas— dice volviendo a su posición anterior encendiendo su propio cigarro.
— Sólo lo hago cuando estoy estresada.
— ¿Y eso es?
— Todos los días. — respondo haciendo una mueca.
Él suelta una risa y niega con la cabeza.
Los dos nos quedamos en silencio unos segundos mientras cada uno está pendiente de lo suyo. Vemos de lejos a los otros estudiantes caminando y volviendo a sus clases o a sus fraternidades y por primera vez en el día me alivia que ninguna mirada estuviese encima mía.
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Variante A [#2]
Roman pour Adolescents"Lo curioso de la genética es como evoluciona con el tiempo. Desde hace poco se habla de una especie de mutación o variante a la que nombraron con la letra A, porque ¿Cómo no podía formar el amor parte de nosotros?" Después de un año en el internado...
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