7 de agosto
12 de la mañana.
Miami, Florida, Estados Unidos.
Brooke Grey
La alarma de un coche de la calle fue la culpable de que mis increíbles sueños acabaran de repente y tuviese que despertarme en una realidad que solo me hizo querer volver a dormir.
Al abrir los ojos después de mi largo sueño lo primero que sentí fue un punzante dolor de cabeza que me recordaba lo mucho que había bebido el día anterior.
El sol ardiente ya estaba asomando por la ventana lo que me decía que ya era hora de despertarse.
El cuerpo de Chad estaba echado sobre el mío, con todas sus extremidades enredadas con las mías mientras abrazaba la almohada boca abajo y se aseguraba bien de darme calor, como si yo ya no estuviese pasando el calor suficiente.
Sin reparo aparté su cuerpo pesado de mí y salí de la cama, error, ya que al erguirme mi estómago se revolvió y me entraron ganas de vomitar, también causadas por todo el alcohol ingerido el día de antes, y como un día más, me prometí no volver a beber, solo una mentira más.
Cogí el teléfono y vi lo que yo pensaba, ya eran las 12 de la mañana y en la casa a penas había un ruido. Qué raro.
Intenté pensar en la hora a la que llegamos la noche anterior, pero me era imposible recordarlo. Intenté recordar algo de lo que pasó anoche, pero nada aparecía en mi mente.
Sabía que habíamos ido a aquél pub con luces psicodélicas en las que un camarero de pelo azul nos había ofrecido unas bebidas de colores fosforitos que en su momento parecieron buena idea pero ahora, al día siguiente, no tanto, y después de eso la noche se hacía borrosa y no lograba recordar nada más. Tuvo que ser una buena noche entonces.
Fui al baño de la habitación para hacer un intento de refrescarme de esa insufrible calor que sentía, que era pegajosa y asquerosa y empezar de una vez el día, como si no existiese la resaca.
Me lavé la cara y me apoyé en el lavabo para echarme un vistazo al espejo y comprobar qué había hecho la resaca conmigo.
Tenía el pelo dislocado, unas ojeras notables y cara de muerta, pero al menos estaba morena, las ventajas de la semana que llevábamos en Miami.
Pero entonces me llamó la atención algo que había en mi brazo. Tenía el bíceps rodeado por un plástico transparente que no recordaba haber puesto ahí.
Fruncí el ceño con confusión y levanté el brazo para verme la parte trasera del brazo.
Mis ojos se abrieron como platos y sin poder evitarlo un chillido agudo escapó de mis pulmones.
(...)
Anna Harries (minutos antes)
Salí de la ducha con la toalla rodeándome el cuerpo, con la esperanza de que Ethan siguiese durmiendo, tal y como me lo había dejado antes de irme a ducharme.
Pero no era así. Ethan estaba recostado sobre la cama, con los brazos cruzados bajo su cabeza, llevando únicamente su conjunto de dormir, es decir, su ropa interior. Y por supuesto no tardó en mirarme, de esa forma en la que Ethan miraba.
— ¿Sigo soñando?— pregunta con sus ojos escaneando mis piernas descubiertas.
— Pensaba que estabas dormido— digo algo avergonzada.
— ¿Y perderme esto? Ni en sueños — dice sonriendo atrevido.
— Cierra los ojos— le digo sintiendo como mis mejillas estaban empezando a enrrojecerse.
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Variante A [#2]
Novela Juvenil"Lo curioso de la genética es como evoluciona con el tiempo. Desde hace poco se habla de una especie de mutación o variante a la que nombraron con la letra A, porque ¿Cómo no podía formar el amor parte de nosotros?" Después de un año en el internado...
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