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—Ey, John— dice Gabriel cuando suena el timbre de fin de la clase y se acerca a la mesa del rubio. —¿Cómo llevas el exámen de mañana?

—Creo que bastante bien ¿y tú?— Pregunta el joven con una sonrisa mientras siente la mirada de Hamilton en la mesa de al lado.

—Fatal. Te lo prometo: llevo una semana estudiando y no he entendido nada de la parte de topografía— asegura Gabriel ayudando a Laurnes a recoger y luego ambos salen de la clase. Ahora deben ir a la optativa. —Estoy super agobiado.

—Si quieres te puedo ayudar un poco a la hora del recreo— dice con felicidad el más alto y Gabriel se lo agradece eternamente. —Entonces nos vemos luego— dice despidiéndose y sigue caminando, cada quien por su lado hasta que siente un golpe en las taquillas de su lado y se asusta. —Joder, William. Me va a saltar el corazón un día de estos— ríe Laurens colgando la mochila de ambos de sus hombros.

—Ups, lo lamento— dice disculpándose mientras acaricia su cabellera. —No quería asustar. Solo quería preguntarte si quieres venir esta tarde al partido. Jugamos contra los del valle. Sé que está Alexander y tal vez no quieras, pero es un partido importante. Ya lo sabes.

—Claro que lo sé. Estaré allí. Te lo prometo— dice Laurens dejándole un beso en la frente. —Suerte, Will. De aquí a ser campeón mundial.

Cada uno se marcha por su lado. Hoy el día de Laurens estaba siendo redondo. Siendo.

Hamilton se apresura para quedar al lado de Laurens que camina por el pasillo y sube escaleras con ligereza. Un paso del más alto son tres de Hamilton así que se fatiga de seguirle el ritmo. —¿Qué demonios fue eso?— Pregunta ofendido.

—¿Qué fue el qué?— Pregunta Laurens restando importancia. Ni tan sólo sabe por qué le presta atención.

—El beso.

—Tú mismo lo has dicho. Un beso. No tengo nada que explicarte— asegura Laurens y Hamilton resopla. —Solo somos compañeros de artes escénicas ¿no?

—Sili simis cimpiñiris di irtis iscinicis— repite Hamilton resoplando de nuevo.

—Como resoples una vez más en vez de burro serás caballo— asegura Laurens entrando al salón de actos.

—¿Estás usando a William para intentar ponerme celoso?— Pregunta Hamilton sin dejar el tema.

—No me gustan los tipos celosos. Es mi vida, Alex.

—A mí no me gustan los dramáticos como tú— se defiende Hamilton y Laurens ríe. —Me gustan los tipos duros. ¿De qué te ríes?

—Nada, nada— contesta aún riéndose.

—John Laurens, ni te metas conmigo— dice Hamilton sintiéndose pequeño ante el comportamiento del más alto que parece inmune a sus comentarios. Además que parece no fijarse en él. —Si te metes conmigo... Yo... Yo.... Ehm... Yo...

—¿Tú? ¿Me pegarás con unicornios de peluche?— Pregunta enfadado al más pequeño.

—No me gustan arrogantes.

—Bien.

—¡Ni altos, rubios, burlones de ojos azules!

—Ey, Hamilton. Relaja. Yo no te he hecho nada. Pensaba que me querías.

***

—Gracias, John— dice Gabriel guardando la libreta. —Tío ¿Estás bien?

—Hamilton está tan irritante...— murmura Laurens y William le abraza.

—No te preocupes. Él es un idiota manipulable— dice William y Kinloch asiente.

—Le echo algo de menos— afirma Laurens mirando al joven reír con sus amigos.

El número tres | LamsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora