—Francis, cierra la boca— pide Hamilton y el joven le mira amenazadoramente.
—¿Te crees que somos tontos?— Pregunta enfadado y el más bajo mira hacia el suelo. —Si yo no puedo estar con nadie tú tampoco— dice molesto y camina hacia el banco donde todos los demás le esperan. —Alexander es un traidor— espeta Francis, tomándolo del brazo.
—¿Por qué?— Pregunta Jefferson —Yo veo que nos obedece perfectamente.
—Se ha liado con John y siguen haciéndolo— afirma y todos miran al pelirrojo que se avergüenza.
—¡Yo no hice eso!— Grita enfadado.
—No ni poco— contradice el chico. —Sí al menos fueses como nosotros no te diríamos nada.
—¿Como vosotros?— Pregunta Hamilton abrazando su mochila.
—No nos importan. Tan solo son un juego de una noche para pasarlo bien— aclara Jefferson. —Sí es cierto lo que Francis dice...
—Gabriel no piensa lo mismo— dice el pelirrojo.
—Gabriel ya no está en este grupo. Ni se te ocurra mencionarlo— habla Francis. —Lo que pasó entre nosotros solo fue con fines de divertirnos un rato. No creas que él me importa demasiado.
—¿Ahora qué vas a hacer? ¿Decirle a tu... "noviete" que tus amigos te van a abandonar y vas a estar solo todo el curso por su culpa? Porque es lo que deberías hacer— ríe Reynolds.
—Eso no es cierto— asegura Alexander. —No sabéis nada de él— dice intentando alcanzar a ver dónde se sienta John y Gabriel, pero no se alcanza a ver.
—Tal vez solo estás muy desesperado— dice Jefferson. —Francis, deberías hacer de las tuyas ahora después.
—Al toque mi rey— bromea el otro y Alex se siente ligeramente incómodo. —No te preocupes que vais a durar poco.
—¡¿Y tú qué sabes?!— Dice ofendido. Él quiere demasiado al rubio para dejarlo así. Su amor por él es casi infinito.
***
—Bien, es mejor que te dejen ir al baño a refrescarte— dice John acariciando de forma discreta la mano del pecoso. —Eso debe ser por no comer lo suficiente.
—Tal vez me deja de doler la cabeza— asegura mientras se levanta. Él no le ha dicho nada a John de la conversación con sus amigos. Ahora ya no importa ocultarlo, pero tampoco quiere que John sepa de su descuido.
Va camino al baño mientras piensa y su cabeza mantiene ese desorden que ni él comprende. No sabe que debería hacer, tal vez debe decir a sus amigo que terminó con él y todo volvería a la normalidad, o tal vez sería mejor hablar con John y tomar una decisión, pero apenas llevaban unas semanas, no quiere cagarla tan pronto.
—Alexander— murmura Francis entrando también al baño.
—¿Qué demonios quieres?— Pregunta abriendo el grifo del agua mientras el otro cierra la puerta.
—Solo avisar que... Si necesitas algo estoy aquí— dice acercándose al chico y poniéndole una mano en el hombro.
—Tú te has metido antes conmigo— espeta enfadado.
—Quería decirte eso. Estoy aquí para lo que quieras— dice de forma coqueta bajando su mano delicadamente desde el hombro del pelirrojo. —Tal vez yo soy mejor.
—No lo eres— asegura mirando al chico que también es mas alto que él, no es muy difícil.
—¿No me dejarás demostrarte?— Pregunta acercándolo a la pared y acorralándolo con las dos manos. —Tan solo será rápido. Los tíos no somos lo mismo que una tía, somos más divertidos, lo sabes, eh— dice en un tono que a Hamilton no le gusta nada.
—Yo... N-no lo sé. Todo es...— Francis no le deja acabar la frase poniéndole una mano en la boca y tomándolo con la otra mano también.
Delicadamente el joven se acerca sobre el pelirrojo de forma algo pícara y con intenciones algo fuera de lugar, así que, Alexander rápidamente se hace bolita en el suelo. —¿Eso también se lo haces a él?— Pregunta el más alto riendo mientras se pone de cuclillas. —Así no funciona. Si con suerte no te tienes que subir a una banca para llegar a él— bromea y Hamilton no contesta. —¿O me dirás que ahora, después de haberte liado como con cuatro tías que conocías hace un par de días, no le has hecho nada?— Tan solo hay un silencio —contesta.
—No.
—¿No que?— Pregunta Francis.
—Nada— asegura sintiéndose algo forzado, pero tal vez eso ayuda a que lo dejen en paz.
—Entonces te daré un consejo: hazlo. Demuestra quién manda y luego hazle rogar por ti. Sí te quiere lo hará. Son tan manipulables— asegura bastante firme pero con una leve risa al final. —Luego, terminas con ese y vas a por otro. Serás más feliz. Ahora, regresa a clase— dice acomodándose él su camisa un poco y el cabello y ambos salen del baño y van a sus respectivas clases.
—¿Cómo estás? ¿Mejor? Tal vez te dio mucho sol También puede ser— Alexander solo asiente y continúa haciendo lo que él profesor mandó. —Luego puedo mimarte si quieres. Tan solo queda una clase— susurra a su oído.
***
—No estás caliente— dice John tocando la frente del chico que está acostado en su pecho. —¿Hay algo que te preocupa?— Pregunta viendo que el joven no ha hablado ni la mitad de lo que suele hacerlo.
—No, solo creo que mi cabeza me duele de tanto estudiar— afirma ocultando su cara en John, que le acaricia el cabello suavemente. —Si es por el examen seguro que te salió de maravilla. Incluso seguro que mejor que a mí.
—¿Te salió mal?— Pregunta el pelirrojo miràndolo por un minuto.
—No, pero a ti seguro te salió mejor. Todo te sale mejor— dice dejando un beso en la frente del pelirrojo.
—Te queda raro el pelo oscuro— murmura Hamilton y Laurens ríe un poco.
—Ya se quitará— afirma tocando un poco su pelo castaño. —Había que arriesgar por ese papel.
—Jack— llama Alexander y John le mira. —Te quiero.
—Y yo, muchacho, y yo— dice abrazando al joven. —Deberías descansar y yo iré a estudiar.
—Estudiaré contigo.
—¿Seguro?— Pregunta mirando esos ojos casi morados y el chico asiente algo abrumado por sus pensamientos.
Mientras ellos estudian, Eleanor y Martha Washington aprovechan para hablar y pasar el rato como buenas amigas que son. —Seguro les va genial en los exámenes de final de curso. Qué bonito cuando se gradúen juntos este año.
—Siento que a Alexander eso le emocionará— asegura Martha. —Fue una casualidad que se encontrasen. ¿Quién lo diría?
—Con lo cerquita que están, podrían haberse conocido antes de entrar a clase, pero como mi Jack no sale de su cuarto...
—A Alex le gusta bastante salir. Supongo que se pueden compaginar un poquito.
—John dice que está teniendo más vida social que en toda su vida. Él llama socializar a estudiar con Alexander. Supongo no tengo nada que reprochar.
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El número tres | Lams
Fiksi PenggemarUn joven se enamora de un polista católico apasionado por la danza, finamente ambos deciden seguir el destino hasta ver que sucede. Esta es la segunda edición de mi libro (la única que se puede leer actualmente). Cuenta con unas 78.000 palabras.
