Capítulo 59: La primera vez

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Nota: Ya advertí en el capítulo pasado, pero vuelvo a advertir ahora por si algunas personas no se quedaron a la nota. En este capítulo seré explícita con la descripción en escenas sexuales (+18). Lo advierto porque sé que a algunos les puede llegar a incomodar esto.

Acababa de salir del baño, me iba secando el cabello con una toalla luego de tomar una ducha

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Acababa de salir del baño, me iba secando el cabello con una toalla luego de tomar una ducha.

Alex estaba sentado sobre mi cama, con su espalda recargada en el respaldo y su cara hacia arriba mirando al techo, se encontraba pensativo, perdido en el espacio.

—¿Qué te pasa? —le pregunté curioso mientras me acercaba.

—Nada.

—Dime la verdad —insistí—, siendo sincero, no es así como esperaba verte el día que fuéramos a hacer esto.

—Estoy nervioso.

Una de sus piernas estaba tocando el suelo, y tenía ese tic de la pierna inquieta.

—¿Tú?, ¿nervioso?

—Sí —afirmó malhumorado—. No entiendes Kyle. El sexo frío y desinteresado es fácil, pero... cuando no es así, te sientes asustado. Es como la canción de Madona, like a virgin.

Como siempre, Alex rompía la tensión del momento involuntariamente sacando una de sus ocurrencias. Continuó con su semblante serio, no podrías estar seguro si era para reír o no.

—¿Like a virgin no era la canción de una chica que le tocaba un tipo con un pene grande?

—¿Esa es tu interpretación o la de Quentin Tarantino? —me miró juzgandome—, lo digo en serio Kyle. Cuando estás en la situación que yo estoy, no importa por cuantos cuerpos hayas pasado. Contigo es diferente, porque estoy enamorado de ti. Me pones nervioso aunque estes respirando a un lado mio.

—Ay, Alex... —mencioné enternecido.

Dejé la toalla con la que me secaba el cabello a un lado, y luego me subí en sus piernas. Tomé su rostro entre mis manos para que mi mirada y la suya se enfocarán.

Todavía podía viajar en mi memoria al momento en que lo conocí, y contrastado con el Alex que estaba ante mis ojos, me resultaba increíble ver como aquel grandote que parecía tener ganas de aplastarme bajo la suela de su bota, aquel chico tan rudo y feroz, tuviera ese interior tan tierno y cariñoso.

—No importa cómo pasen las cosas, esto ya es perfecto.

Él sonrió y puso sus manos sobre mis mejillas para luego enredar sus dedos por mi cabello.

Entreabrió sus labios y toqué sus dientes con mi lengua antes de encontrarme con la suya, una vez que nuestros labios se unían no éramos capaces de separarnos, los instantes en que nuestras bocas se separaban solo servían para liberar una que otra respiración entrecortada o un tímido gemido.

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