Capítulo34: La maldad abunda

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Después del largo fin de semana volvía a ser Lunes, Alex ya había pasado las horas más difíciles de su desintoxicación —o eso era lo que yo creía— y seguía absteniéndose de consumir droga, esto era un pendiente menos en mi lista

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Después del largo fin de semana volvía a ser Lunes, Alex ya había pasado las horas más difíciles de su desintoxicación —o eso era lo que yo creía— y seguía absteniéndose de consumir droga, esto era un pendiente menos en mi lista.

El que quedaba ahora era Greg, ¿qué pasaría en la escuela?, esperaba que el fin de semana que pasó fuera tiempo suficiente como para calmar las aguas y hacer que algunos se olvidaran de lo ocurrido. Aunque por si las dudas me pasé a casa de Greg para que nos fuéramos juntos a la escuela.

Ibamos caminando por los pasillos, y mientras él mantenía la vista clavada al suelo para evitar el contacto visual con cualquiera yo vi a varias personas que murmuraban a nuestro paso, no mencioné nada, pues evitaba ponerlo más incómodo de lo que ya estaría.

Primero fuimos a su casillero y al abrirlo un montón de papeles cayeron como cascada, pensé que eran papeles que Greg tenía mal ordenados, pero con la frustración y miedo que su rostro reflejó de inmediato comprendí que habían sido colocadas ahí dentro por alguien más. Me agaché a recogerlas y vi toda la malicia y homofobia proyectado en esos papeles...

Letreros de odio, llamando a Greg un «maricón de mierda y una puta», imágenes y dibujos de penes, pornografía. Todo eso que solo eran insultos para él.

—Ni siquiera los mires Greg, no vale la pena—le dije mientras recogía toda esa basura del suelo a montones, no iba a dejar que lo viera, solo le haría más daño—, estúpidos de mierda, ¿qué tienen por cerebro?, ¿en que puto siglo creen que viven?

Me di la vuelta para tirar todo eso en la papelera que estaba a unos metros y en mi apuro se me cayó una nota que, como si fuera intencional, voló hasta llegar directo a los pies de Greg, él la recogió.

—Oh, Greg. No la mires... —negué, pero claro que el no escuchó.

Le dió la vuelta para mostrármela, había tomado la peor nota de todas, la que llevaba escrito «suicidate».

—Eso quisiera —su voz se quebró porque estaba a una nada de echarse a lloran, su mirada se inundó en un instante.

Lancé la bola de basura a la papelera y fui hasta donde Greg para arrebatarle el papel y romperlo en dos.

—Greg, este tipo de personas son la peor escoria del mundo, ¿te odian por ser gay?, eso es estúpido. Solo quieren sobajarte, no hagas caso de estos idiotas.

Greg se volvió a mirarme molesto con lagrimas corriendo por sus mejillas.

—¿Que no haga caso Kyle?, ¡¿que no haga caso?! —reclamó— Ponte en mi lugar por un segundo, si tú fueras al que están acosando entenderías que no es tan fácil solo «no hacer caso».

—Greg, lo siento... —intenté alcanzarlo en modo de consuelo, pero él se zafó de mi agarre.

—¡Déjame!, ¡solo quiero irme de aquí ya!

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