Capítulo 31: Mi yo del pasado (2)

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⚠️TW ⚠️ Este capítulo contiene escenas de violencia descriptiva que pudieran resultar inapropiadas para audiencia sensible

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⚠️TW ⚠️ Este capítulo contiene escenas de violencia descriptiva que pudieran resultar inapropiadas para audiencia sensible.

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Años atrás.

No existen palabras para describir lo horrible que fue vivir con mis padres desde el día que nací.

Todo lo que presencie, todo lo que llegué a vivir en esa casa, son cosas que simplemente preferiría olvidar.

Yo nunca fui un niño ahí, mucho menos un hijo. Fui: un cuidador, un perro guardián, un saco de boxeo, un chico de los encargos, todo menos lo que realmente debí ser. Nunca me sentí querido ahí en realidad, al menos no por ellos dos.

Mi mamá a diario me esperaba a que saliera de la escuela, no porque se sintiera ansiosa por verme, sino, porque necesitaba un cuidador para que ella no muriera ahogada con su propio vomito luego de quedarse tumbada por la droga que se inyectaba en ese brazo flacucho suyo, dónde ya no le cabían marcas para más pinchazos. Todo esto ocurría desde que tenía siete años.

Recuerdo que esos fueron los peores años de mi vida, porque la maldita me dejaba en claro que si me descuidaba y la dejaba voltearse podía morir, que su muerte quedaría en mí como una marca sucia y permanente, y que el gusano de la culpa rondaría por mi conciencia hasta comerse mi cerebro desde adentro. Por eso la ansiedad en ese entonces era un sentimiento que no me dejaba en paz, desde que me iba a dormir hasta que me levantaba la mañana siguiente.

Sobre todo porque a veces ocurría algo por lo que tenía que dejar mi puesto de vigilante, ese «algo» era Jeff (mi padre) que entraba a la habitación mientras mi mamá estaba dopada y me echaba a los golpes del lugar. La forma en la que había sido criado me dió la suficiente malicia como para entender que era lo que ocurría ahí casi desde el principio, pero los quejidos ahogados de mi mamá me hacían querer taladrarme los oídos hasta quedar completamente sordo.

Muchas veces eso me hizo querer escapar. Hasta que llegó Melanie, mi hermana, quién fue lo único bueno que había ocurrido durante mi niñez. Desde que nació mi instinto protector surgió con ella, este no era algo que se sintiera como una responsabilidad o una carga tediosa como pasaba con mi madre, era algo más puro, algo que quería hacer porque realmente deseaba cuidarla y no solo por obligación, la razón fue que sentí su cariño hacia mí desde el primer día. Ella era mi hermana, mi sangre, mi única familia.

Yo nunca permití que Jeff se le acercara, aunque tuviera que usarme a mi mismo como un escudo humano para así mantenerlo alejado.

Y es que Jeff la mayoría de las veces se molestaba hasta por las cosas más absurdas.

Él era un hombre sumido en sus vicios, y más que nada con el del alcohol. Uno de los días más violentos, y que dejó una marca en mí fue a raíz de una estupidez por su licor.

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