Capítulo 13: Greg

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Al otro lado de Everless se encontraba este colegio que se veía tan triste y sin vida como una prisión

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Al otro lado de Everless se encontraba este colegio que se veía tan triste y sin vida como una prisión.

Ahí, todos los alumnos eran chicos, y vestían su uniforme de manera impecable bajo un semblante siempre serio, tan inescrutable que no te podrías imaginar cuales eran las cosas que pasaban por la cabeza de ninguno, no parecían tener ni una queja de nada. Se les inculcaba que debían estar bien en todo momento siempre que contaran con la presencia de Dios en su corazón.

Dentro de la oficina principal habían tres personas. De un lado, un hombre bien vestido, con su traje discreto y de expresión sobria; del otro estaban una mujer que se notaba, por como arrugaba la nariz y el entrecejo se le fruncía, estaba furiosa, y un chico delgaducho que se mantenía cabizbajo.

—Lo sentimos mucho, señora Gibson. Pero las acciones que su hijo cometió no pueden pasar desapercibidas, es un peligro para la reputación de nuestra institución. Temo informarle que se recurrirá a la expulsión.

La mujer trato de negociar con el rector de la institución, sin embargo, no se llegó a ningún acuerdo.

—¡Espero que estés contento Gregory! Por esa... cosa que hiciste —la mujer mencionó esto último acompañado de una mueca de disgusto— serás expulsado. Si esto se llega a saber, no me quiero ni imaginar como me van a ver en la iglesia.

—Lo siento mucho madre, estoy muy avergonzado por lo que hice. Por favor, te ruego que me disculpes.

El muchacho pedía desesperado el perdón de su madre, con los ojos inundados se le pendió del brazo en un intento por hacer que lo mirara.

—Ni siquiera te atrevas a dirigirme la palabra —se soltó brusca del agarre de su hijo—. Ahora tendremos que ver en que maldita escuela te pondremos, ya que acabas de arruinar tu oportunidad en esta.

El desprecio de una madre podría ser suficiente castigo para muchos, pero para Gregory su castigo ahí no terminaba. Al llegar a su casa, su horrible madre se encargaría de atormentarlo más.

Aquella mujer, que era más fría que el hielo, decidió que la humillación y su desdén no eran tortura suficiente para su hijo. Entró a la habitación del muchacho, y el horror se reflejó en su mirada luego de ver que su madre llevaba en las manos ese cinturón de cuero que las marcas de su piel conocían tan bien.

—Quítate la camisa, Gregory.

—¡No mamá! —se arrodilló—. ¡Te imploro! No lo hagas, es horrible, no me hagas esto, ¡no por favor!.

Su madre le soltó una bofetada que le volteó el rostro, su mejilla se prendió de rojo de inmediato, dejando marca de la mano que le puso encima.

—¡Cállate! Más horrible es aquello que tu hiciste. Sucio y asqueroso, necesitas ser purificado. Únicamente podrás obtener un poco de redención por medio del castigo debido.

El muchacho frunció el entrecejo, perturbado por esa idea.

Su madre estaba al borde del desvarío. No se trataba de una mujer religiosa, ni siquiera podría considerarse fanática, era lo que seguía de eso. Estaba en un extremo peligroso, uno en el que ponía en riesgo la vida de los demás, sobre todo, la de su propio hijo.

Se desabotonó la camisa y se deshizo de esta, la puso a un lado, incluso se dió el tiempo de doblarla para ponerla en el suelo. No quería sufrir, pero el momento estaba ahí. Se posicionó y apretó los puños, listo para recibir todo el dolor que viniera.

Pero la mujer le puso el cinturón sobre una de sus manos.

—Tienes que hacerlo tú mismo esta vez —le dijo con una expresión seria, como si le encomendara una misión importante.

El muchacho tragó saliva y comenzó a azotarse a si mismo, se sintió aliviado de cierta manera, pues al menos él podría liderar la intensidad con la que se golpeaba.

—No es suficiente —interrumpió su madre deteniéndole la mano al aire—. Tienes que dejar una marca para que cubra la de tus pecados, solo así podrás limpiar lo que hiciste.

Él cerró los ojos con fuerza y apretó los dientes, se golpeó tan fuerte que tuvo que morderse la lengua para no soltar ese enorme grito de dolor que le provocaría estar masacrando su espalda hasta dejar una herida en carne viva.

Esa era la vida de un triste chico que no hizo nada malo. Su único error fue estar en la familia equivocada, nacer de las entrañas de esa cruel y enfermiza mujer.

 Su único error fue estar en la familia equivocada, nacer de las entrañas de esa cruel y enfermiza mujer

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