Mi final feliz

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Mi nombre es Kyle y soy un emo amargado que odiaba las historias con final feliz.

Aunque me gustaban bastante cuando era un niño pequeño. Eso fue hasta los cinco años, luego cumplí los seis y a las dos semanas mi papá se suicido enfrente de mí. Eso me hizo dejar de creer en los cuentos con final feliz. Entonces mi mundo de fantasía y que estaba pintado de colores pastel se tiñó de un trágico y apagado gris donde todos eran malos y terminarían con un final crudo y triste en el que no podían hacer nada más que hundirse en su miseria y esperar a que todo terminara para ellos.

Yo nunca tuve amigos, el trauma que me dejó el ver a mi papá quitarse la vida me hizo aislarme mucho de las personas, como consecuencia, por nunca haber aprendido a socializar mi personalidad se volvería demasiado incómoda e imprudente como para que alguien normal me aguantara, o por lo menos que pudiera charlar con cualquiera por cinco minutos seguidos sin que recibiera una bofetada por decirle algo que no debía.

Pensé que me iba a quedar solo toda mi vida, que simplemente iba a terminar como los personajes de las historias tristes que formaba en mi cabeza.

Eso me hacía odiar todavía más las historias con final feliz.

Cuando me mude a una pequeña ciudad con un nombre que, curiosamente, también parecía sacado de un cuento de fantasía —Everless— conocí a muchas personas que tampoco creían en las historias con final feliz como yo. Pero que al mismo tiempo me hicieron considerar que tan  cierto era que alguien pudiera tener un buen final para su vida.

Estaba Greg, quién vivió con una madre loca y abusadora desde que era un niño, más adelante él finalmente pudo dejar su pasado atrás y se liberó de aquella vida que lo hizo tan miserable por tanto tiempo. Supongo que podría considerarse que tuvo un buen cierre, aunque todavía le faltaba mucho por recorrer con su nueva vida.

También estaba Brooke, quién al principio parecía ser una mala persona que le gustaba jugar con los sentimientos de los demás solo por cumplir sus caprichos. Después me daría cuenta que ella también estaba lidiando con un trauma que le dejaron su mamá y su hermano, ella veía an Alex como su lugar seguro, por eso estaba tan aferrada a él. En realidad Brookelle resultó ser una persona muy dulce y leal. Y ahora no solo tiene a Alex para protegerla, también nos tiene a Greg, a mí, y a los otros amigos de Alex para apoyarla cuando lo necesite. No sé si ella haya tenido su final feliz aún, supongo que todavía le falta encontrar a su príncipe azul, pero si algo es seguro es que su vida está mucho mejor ahora. Ya no revisa las etiquetas de los productos cuando va al supermercado.

Y luego está Alex...

Alex, ¿cómo podría empezar a hablar de Alex?

Bueno, supongo que él y yo compartimos un trágico pasado, somos dos personas rotas que nos encontramos en el momento perfecto. Y Alex representa algo más que un personaje principal en mi historia.

Alex se convirtió en mi final feliz.

Me gusta pensar que yo también soy el suyo.

Mi nombre es Kyle, tengo diecisiete años, los cumplí hace poco en el doce de diciembre, soy sagitario y ya mido un metro con setenta, soy bisexual y mi novio es un gigantón que se llama Alex Miller. Lo más importante, me gustan las historias con final feliz.

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