En el instituto Forks, la tensión era palpable desde el primer día de clases de 2005. A pesar de la esperanza de que todo seguiría igual en ese pequeño y alejado pueblo, los cambios eran inevitables. Como bien se decía, "pueblo pequeño, infierno grande", y Forks no era la excepción. Los chismes corrían como pólvora, y los Cullen lo sabían.
—¿Están realmente seguros de que dejar a Eco con Esme fue una buena idea? —preguntó Jasper, su voz denotando una incomodidad que sólo deseaba apaciguar volviendo a casa.
Alice, con su habitual sonrisa de certeza, interceptó sus pensamientos al instante.
—Jas, no vamos a regresar. Debes enfrentar esto. —respondió con la seguridad de quien ya había visto el futuro.
Edward, siempre tan analítico, compartía la preocupación de Jasper. Su ceño se frunció mientras consideraba las palabras de su hermano.
—Aunque tiene razón, mamá no puede percibir las intenciones de Eco, ni leer su mente. ¿Cómo se adaptará Esme a eso? —preguntó Edward, la intriga asomando en su tono.
Alice, siempre un paso adelante, volvió a tranquilizar a sus hermanos.
—Les aseguro, chicos, que no habrá problema alguno. —dijo con la misma serenidad que la acompañaba desde que había visto en sus visiones que todo saldría bien. Llevó a Jasper hacia la secretaria, donde debían recoger sus horarios—. No veo ningún cambio en el futuro, así que todo estará bien —pensó con determinación.
—Nuestra Eco es inteligente, sabrá cómo pedir ayuda, hermano mío —comentó Emmett con su habitual tono juguetón. Aunque en el fondo, deseaba haber pasado más tiempo con la pequeña camaleón antes de tener que ir al instituto.
Edward captó los pensamientos de sus hermanos y suspiró. La súplica en la mirada de Jasper no pasó desapercibida.
«No estás relajado. Vayamos a ver cómo está ella. Por favor» pensó Jasper, su ansiedad palpable incluso en silencio.
«No podemos. Hoy debemos empezar las clases como todos los demás. Recuerda que no debemos levantar sospechas» respondió Edward en un intercambio mental, tratando de mantener a su familia enfocada en la tarea que tenían por delante.
Cada uno de los Cullen recogió su horario de clases y se dividieron en sus respectivos grupos. Jasper compartía algunas clases con Alice, Emmett y Rosalie estaban juntos, y Edward, como de costumbre, iba solo.
Las clases eran una verdadera tortura para Jasper. El olor de la sangre humana lo asaltaba constantemente, y el sonido de los corazones latiendo a su alrededor era una tentación insaciable. Cambiar su dieta a sangre animal no había aliviado su sed, sólo la había aplacado superficialmente, dejando un vacío que nunca se llenaba. Las emociones de los demás lo abrumaban, sumiéndolo en una constante lucha interna por mantenerse bajo control.
Se sentía deprimido, incapaz de ver cómo iba a poder lidiar con todo. Aunque Alice, su compañera y guía, parecía estar completamente segura de que todo saldría bien, él no compartía esa seguridad, aunque le hubiera prometido seguirla hasta el fin del mundo.
—Jas, es hora del almuerzo —lo llamó Alice, sacándolo de sus pensamientos oscuros.
Durante el almuerzo, Jasper intentaba mantener la compostura, pero fingir que podía comer era una de las tareas más ridículas a las que se había enfrentado. Las clases de historia, aunque algunas eran inexactas, otras le resultaban interesantes, pero la mayoría de los eventos los había presenciado en persona, lo que las hacía triviales. Fingir que comía era un acto que le parecía casi risible, pero lo hacía por Alice.
Edward, por su parte, fingía masticar, pero en cuanto tenía oportunidad, escupía discretamente la comida en el basurero cercano. Rosalie, siempre inteligente, había optado por fingir que bebía yogurt dietético, un truco que no requería masticar ni tragar. Jasper, desafortunadamente, había elegido una ensalada y un sándwich, creyendo que podría disimular mejor, solo para descubrir que masticar y luego deshacerse de la comida era aún más incómodo.
El día no mejoraba para Jasper. Aunque intentaba mantener una actitud positiva por Alice, extrañaba las vacaciones y la tranquilidad de estar con Eco. Ese contacto, aunque simple, le ofrecía un refugio que ahora añoraba.
Mientras tanto, Edward lidiaba con su propia tortura. Escuchar los pensamientos de todos a su alrededor le estaba provocando un dolor de cabeza. A diferencia de Jasper, que sólo percibía las emociones, Edward vivía en un constante flujo de pensamientos ajenos que nunca se detenía. Era como escuchar a miles de narradores hablando al mismo tiempo, cada uno contando su propia historia. En medio de ese caos, lo único que lo calmaba era recordar los serenos pensamientos de la pequeña camaleón, Eco, que contrastaban con el tumulto de voces humanas que lo asediaban ahora.
Fingir comer al menos proporcionaba algo de diversión. Ver la expresión de incredulidad en el rostro de Jasper era uno de los pocos momentos ligeros de la mañana.
Por otro lado, Emmett pasaba el tiempo compartiendo ideas pícaras con Rosalie, disfrutando de la rutina estudiantil como si fuera un juego más. Rosalie, con su belleza y elegancia, sonreía discretamente ante las ocurrencias de Emmett. Para ella, la vida en el instituto se había vuelto casi normal, siempre y cuando ningún humano se acercara demasiado a su familia. Sabía que haría cualquier cosa para protegerlos de los Vulturi, la amenaza constante que pendía sobre ellos.
Para los Cullen, ese primer día de clases fue una mezcla de rutinas conocidas y desafíos personales. Cada uno, a su manera, pensaba en la pequeña Eco y cómo estaría en casa con Esme. A pesar de las preocupaciones, sabían que al regresar encontrarían una imagen que quizás no esperaban, pero que de alguna manera, sabían que todo estaría bien.
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CAMUFLAJE (Cullen)
FanfictionCREPÚSCULO FANFIC - POLIAMOR Carole, una joven de cabellos negros y ojos verdes, es una metamorfa Cammaleoniri olvidada, sin recuerdos de su pasado ni de su origen. Su vida cambia drásticamente cuando el hielo que la aprisiona se derrite en Forks, l...
