🦎 Capítulo 73

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Alice se encontraba mirando a Jasper, y él la miraba a ella. Ambos sabían que las cosas no estaban tan bien como esperaban. Como compañeros, sabían que ninguno estaba en su mejor momento, pero lo intentaban. Jasper sentía muchas emociones en su esposa, y eso lo mantenía en vela, esperando que ella le explicara por qué la veía tan contrariada.

Edward se había quedado cuidando a la compañera compartida, en compañía del patriarca, y por eso Alice había regresado a casa. No se imaginaba el motivo, solo suponía que tenía que ver con la recaída de temperatura que Eco había tenido aquella tarde.

—Yo...

Alice intentó hablar, pero nuevamente cerró sus labios, sin saber cómo explicar lo que ocurría.

—¿Tú...? —intentó animarla Jasper.

—No pude conciliar con ella... Creo que la tinta se expandió más con mi presencia, pero... No pude evitarlo, ella está insufrible desde que se alió con Rosalie. No puedo soportar sus opiniones, pero también sé que tiene razón, y eso me frustra mucho... —gruñó Alice mientras se desordenaba el cabello, un gesto que en realidad no podía tener sentido en alguien como ella.

—¿Estaba más molesta de lo que pensábamos? —preguntó Jasper sorprendido, sin imaginar que la situación pudiera empeorar aún más.

—Está cansada... Ya no quiere lidiar con su estado de salud o mental deteriorado. Se culpa tanto a sí misma como a nosotras, pero... Dijo algo que no pude aceptar, y creo que abrí una brecha entre todos sin poder evitarlo... —expresó Alice, comprensiva pero preocupada por cómo reaccionarían los demás ante lo sucedido.

Rosalie y Emmett claramente intentaban darle falsa privacidad, pero en cuanto mencionaron a Rosalie, Emmett tuvo que hacer un esfuerzo considerable para evitar que su esposa fuera directamente a la yugular de Alice.

—¿A qué te refieres? —preguntó Jasper.

—Ella dio un ultimátum. Edward y yo, nuestros dones y actitudes deben cambiar, o todos veremos cómo la opción extrema de la doctora cobra fuerza en el presente... —comentó Alice nerviosa, mientras jugaba con sus dedos y movía el pie en un gesto ansioso—. Se alejará de nosotros si no aceptamos la realidad y avanzamos. Según ella, dependemos demasiado de nuestros dones, y eso, al ser ella impoluta, nos trae inseguridades que causan más daño que bien... Por lo tanto, se irá con Maggie si no cambiamos nuestro conformismo con la rutina cotidiana.

—Entonces, discutiste porque no te pareció justa su decisión, pero sabes en el fondo que tiene razón. Desde que ustedes se enfocan en lo que aún no ha pasado, he estado con ella junto a Rosalie, y hemos visto cómo mejora su ánimo y salud cuando percibe un equilibrio en nuestra actitud o mejor comunicación. Lo que dice es cierto, no está poniendo excusas, solo expresó su molestia como siempre buscamos que lo haga —opina Jasper, muy reflexivo—. Apoyo sus motivos, seguiré avanzando como ella necesita.

—Nosotros también... —intervienen Emmett y Rosalie, sintiendo nervios pero decididos a lograrlo.

—¿Por qué debemos dejar atrás lo que somos por ella? —se quejó Alice.

—No se trata de dejar de ser quienes somos, sino de mejorar y no quedarnos estancados en lo que somos. Podemos ser más para ella y por nosotros mismos. Ella no quiere que nos quedemos atrapados en un ciclo sin fin. ¿Cómo es posible que tú, que puedes ver el futuro, no entiendas lo que ella quiere ver? —exclamó Rosalie—. Quiere vernos crecer emocionalmente y en carácter, aunque tal vez no podamos físicamente.

—Si avanzamos, podremos verla crecer. Envejecer, no, porque... nosotros no podemos —bromeó Emmett, aunque no le faltaban nervios.

—¡No quiero dejar de ser yo! ¡No sé ser de otra forma! —gritó Alice, incómoda.

—Buscaremos la forma de calmar tu don, manejarlo y buscar soluciones menos extremas, algo que no nos lleve a una paranoia colectiva —expresó Jasper con firmeza mientras se acercaba para abrazarla y reconfortarla, pero ella se alejó y negó con la cabeza.

—No me entiendes... Yo no necesito cambiar, ni por mí ni por ella. Estoy bien tal como soy... Ya lo verán.

Dicho esto, la vidente abandonó la casa, dejando a los tres vampiros adolescentes incómodos. Su incomodidad aumentó cuando vieron llegar a Esme con ciertas plantas, flores y globos, objetos con los que buscaba animar a su pequeña. Pero al verlos petrificados y disgustados, preguntó:

—¿Y esas caras, hijos míos?

—Alice está siendo una molestia, mamá —admitió Rosalie, fuerte y claro, aunque luego se llevó las manos a la boca, invadida por la vergüenza. No sabía si después de todo lo ocurrido aún merecía llamarla con tanto cariño y respeto. Sin embargo, la suave sonrisa de Esme y su brillo inigualable la aliviaron, al saber que era bien recibida.

—¿Por qué hablas así de tu hermana? —preguntó Esme, confundida.

—Es una explicación larga... —mencionó Jasper con disgusto y tristeza.

No le gustaba ver esa faceta de Alice.

—Te ayudo, mamá, solo dime dónde pongo esto mientras tanto —accedió Emmett a ayudar a la matriarca, quien aceptó con cariño y ternura.

—Sobre la mesa de la cocina estará bien. En la madrugada iré a ver a vuestra compañera —expresó feliz—. Aunque tengo tiempo, cuéntenme qué ha pasado, hijos míos.

Así, lo que quedaba de la noche lo pasaron conversando sobre los sucesos recientes. En cuanto a Alice, no había regresado, lo cual inquietaba a Jasper, pero afortunadamente Carlisle llamó alrededor de las tres de la mañana, avisando que Alice estaba con él en su despacho y que no se preocuparan, que todo estaba en orden.

CAMUFLAJE (Cullen) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora