🦎 Capítulo 80

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Al día siguiente, Eco se despierta con la misma ropa que llevaba el día anterior. Extrañada por este hecho, se levanta somnolienta de la cama, dando pasos flojos por su habitación. Toma su toalla, ropa limpia y sus prendas interiores. Cambia sus tenis por unas zapatillas de baño y, con el cuerpo aún pesado y agotado, bosteza antes de cerrar la puerta del baño con desánimo.

«Qué cansancio…» piensa mientras su bostezo se prolonga, sin poder evitarlo.

Se quita cada prenda hasta quedar desnuda, amontonando la ropa sucia en un rincón. Luego, se da una palmada en la frente al recordar que tiene una cesta para la ropa sucia, por lo que la coloca allí, notando que pronto deberá llevarla al cuarto de lavandería. Ignorando ese pensamiento, se dirige, tras otro bostezo, hacia la ducha, abre la perilla del agua y ajusta el calefón.

La ducha se presenta como un refugio tentador y relajante. Bajo la lluvia artificial, suspira de gozo ante la sensación de la temperatura, un acto reflejo de placer. Mientras el agua moja su cabello, sus pensamientos y recuerdos comienzan a organizarse, revelando los eventos del día anterior.

El viaje a la casa de Bella. Dormirse en su forma camaleón. Y luego… eso.

Gime de vergüenza, no de deseo, sino de una humillación profunda.

«¡Carajo! ¿Cuándo me volví tan obscena?» piensa en voz alta.

Las gotas caen por su cuerpo desnudo mientras se mira en el espejo del baño. Recuerda el placer que experimentó con la ayuda de Edward, un momento tan íntimo y satisfactorio que nunca antes había vivido. La primera vez en que un hombre la tocó de esa manera.

«Menos mal que fue mi compañero,» piensa aliviada.

«Aunque hubiera preferido que me hubiera explicado mejor antes del… toqueteo y mi actitud ansiosa de que todo ese calor era el deseo sexual que debía saciar,» recuerda con un destello de vergüenza, evocando su clase de sexualidad y el libro que leyó con su papá.

«¿Habrá pensado que soy una cualquiera por suplicar ayuda?» se pregunta, insegura.

Amargamente, comienza a enjabonarse, cuidando incluso la zona que recibió más atención. Tras unos minutos, aplica shampoo nuevo con aroma a moras y uva en su cabello, enjuagando y dejando solo un toque del producto.

«Edward… ¿Te obligué o te sentiste obligado a hacer eso?» piensa con intensidad, consciente de que sus pensamientos podrían haber sido captados por él.

Sus mejillas arden de pena.

Se seca el cuerpo y, con cuidado, empieza a torcer su cabello con la toalla para quitar el exceso de agua. Al notar que el cabello está más liviano, lo envuelve nuevamente con la toalla.

Se viste con un conjunto sencillo: jeans negros, una camiseta negra, una camiseta verde y una chaqueta negra. Sale del baño y se queda inmóvil al ver a Edward en la orilla de su cama. Con solo una mirada, comienzan a comunicarse en su propio lenguaje.

«No me obligaste a nada. Yo quise ayudarte en lo que necesitabas. Nos provocamos mutuamente, sin querer,» responde Edward a través de su conexión telepática.

«Pero… te habré dejado mal. Solo recuerdo haber terminado yo… Lamento tanto haberme dormido después de eso,» piensa, cubriéndose el rostro con mucha vergüenza.

Edward la atrae hacia la cama, sentándola para que deje de ocultarse.

«No tengas vergüenza. Es algo natural dada nuestra conexión. Tarde o temprano, nuestros instintos nos llevarían a este punto. Solo dimos un paso, pero cuando nos casemos, espero… poder amarte como te mereces, princesa,» piensa, acunando su rostro entre sus manos con ternura.

Ella lo mira con ojos brillantes de amor e ilusión, con un toque de diversión en su mirada.

—No creo que esa idea esté tan lejana. No resistirás mucho tiempo ante mi encanto, cariño mío —bromea, besando la punta de su nariz con dulzura.

Edward sonríe divertido, negando ante la astucia de su compañera.

—Terminarás el instituto. Al menos te dejaré cumplir este sueño. Luego, te tendré solo para mí, por unos meses —susurra solo para ella.

Eco sonríe, cómplice y emocionada.

Sin embargo, Emmett tose falsamente en el marco de la puerta.

—¿Qué se supone que están haciendo sin invitar al resto? —pregunta el corpulento con una mirada fruncida.

—Nada, nada. Solo es un juego entre nosotros —responde Eco, mientras se coloca rápidamente las medias y los tenis, tomando su mochila con su anotador y algunos libros para el día jueves.

Eco pasa por el lado de Emmett, le da un beso en el mentón y corre por el pasillo, escuchando el eco de sus pisadas bajando las escaleras.

—No creas que no me di cuenta de lo que hicieron la otra noche.

—¿Qué? —finge ignorar Edward, intentando pasar por el marco de la puerta de la habitación de Eco.

Emmett lo retiene por un hombro, con seriedad.

—Rose y yo seremos su primera vez. Que te quede claro, Eddy —sentencia con firmeza— no voy a ceder en eso.

Edward gruñe, molesto.

—¡Ella quiere que yo sea su primera vez! —sisea Edward.

—No te apropies totalmente de ella. Recuerda que es nuestra también.

Emmett lo empuja contra la pared, amenazante.

Recuerda que no es solamente tuya.

Luego, lo suelta y se une a sus compañeras. Dejando a Edward inquieto. Debe apresurarse con sus planes.

CAMUFLAJE (Cullen) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora