🦎 Capítulo 87

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Eco se encontraba siendo administrada con suero y había recibido una transfusión de sangre bajo el cuidado de Edward. Sin su conocimiento médico, Edward probablemente habría estado temblando o incluso podría haber sido el primer vampiro en desmayarse al ver a su compañera en tales circunstancias. Jasper intentaba calmar a todos, pero con el ambiente tan tenso, se sentían incapaces de sentarse, sus pasos resonando en la sala. Esme, al ver la ansiedad creciente, los reprendió:

—Los nervios ni ansiedad ayudan a mi niña. Si quieren ayudar, piensen en positivo por ella.

Tras el regaño, el ambiente se calmó considerablemente cuando Edward bajó las escaleras y anunció la mejoría de Eco. Sin embargo, todos se quedaron paralizados al ver cómo se plasmaba una figura humanoide gracias a una pequeña esfera luminosa en el camino hacia las escaleras. Era un joven de cabellos, pestañas y cejas albinos, con ojos rojos y una piel que parecía iluminar el lugar. El aura de su presencia parecía incapacitar a los Cullen para moverse.

—¿Quién eres? —siseó Rosalie, preocupada por no poder proteger a Eco. Emmett gruñía como un animal enjaulado, incapaz de moverse.

—¿Quién te dio permiso para entrar? —preguntó Jasper, tratando de captar algo de ese hombre albino.

Edward fue el primero en caer de rodillas al poder acceder a la mente del joven, jadeando y sin fuerzas para levantarse. Lo miró perturbado, como si estuvieran ante alguien mucho más poderoso que el sureño.

—Soy el creador de vuestra compañera. No su progenitor, claramente —contestó vagamente el hombre de piel tan pálida como la de ellos—. No deberías ver cosas que no te incumben. Estoy seguro de que ella no te inculcó esos principios morales.

—Eres un vampiro, pero... ¿Cómo es que no te he visto entre mis visiones? —preguntó Alice, cautelosa y precisa.

—Me llamo Vexai Eiden. Mi don se desarrolla en el mundo natural y, debido a la inmortalidad, mis creaciones suelen ser un tanto extrañas. Su compañera pertenece a la raza de Cammaleoniri. Su nombre tiene relación clara con el animal espiritual, y la crianza y creación se inspiraron en la cultura de los metamorfos de lobo. ¿Ella tiene algún amigo metamorfo? —preguntó curioso, estirando las piernas.

—Si lo tiene. ¿Qué tiene que ver con ella? ¿Por qué has venido? ¿Qué quieres de ella? —preguntó Rosalie, incómoda y molesta.

—Perfecto. No es un tema que todavía les incumba, pero espero fielmente que esa conexión no se rompa, a menos que quieran que el mundo sobrenatural se reinicie. Aunque sin los Vulturi, ustedes o esa manada de lobos, todo sería un nuevo mundo... Me daría tiempo para hacer una atmósfera más limpia de creencias y convicciones —habló consigo mismo, dejando a la rubia en segundo plano.

—¡Oye! Te estoy hablando.

—Y te estoy escuchando —bostezó como si fuera humano, comenzando a subir por las escaleras mientras el resto de los vampiros lo observaba atentamente. Sonrió al llegar al cuarto donde descansaba Eco—. La veré y luego retomamos la charla, niños.

La puerta se cerró tras él, y los vampiros intentaron entrar por la puerta o la ventana, pero un manto elástico y transparente los hacía retroceder suavemente.

Edward, Alice, Jasper, Rosalie y Emmett se quedaron estupefactos al ver cómo Vexai arrastraba una silla cerca de Eco. Sus manos blancas acariciaban delicadamente su frente, mejillas y mentón. Al ver esto, la joven comenzó a despertar, y al conectar miradas con el vampiro de ojos rojos, se quedó paralizada.

—Tú... Tú eres él... Mamá dijo que solo apareces cuando estamos por extinguirnos... ¿Moriré a manos de Sam, verdad? M-maté a una humana... La lastimé... y-yo no quise —sollozó Eco, esforzándose por sentarse en la camilla—. ¿Por qué no me duele la garganta?

CAMUFLAJE (Cullen) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora