🦎 Capítulo 25

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La joven, de piel morena clara, disfruta felizmente de uno de sus platillos favoritos que su mamá ha preparado. Esme ha hecho cuatro sándwiches de lechuga, tomate y jamón con queso, acompañados de un vaso de jugo de naranja y zanahoria licuada. La combinación parece gritar por los poros una pronta recuperación.

Mientras la joven come, Carlisle aprovecha para buscar algo en un libro bastante viejo, sentado en el sillón de la sala. Jasper, por su parte, está abrazando a Alice, evitando que ella se levante a limpiar cada migaja de pan que cae sobre la ropa de la joven de ojos verdes.

—Listo, muchas gracias, mamá. ¡Estuvo delicioso! —dice, satisfecha, mientras se limpia los residuos del jugo de sus comisuras con una servilleta.

Esme sonríe, aliviada, pues temía haber perdido su toque en la cocina.

—Gracias, cariño. Cualquier cosa, estoy lista para cuando necesites un poco más —responde mientras se seca las manos con un trapo.

La joven baja de la banqueta y se dirige hacia la figura maternal, abrazándola como no lo hacía desde que tenía la apariencia de 11 años. Ahora, ya aparenta 17.

Tras aquel dulce abrazo, se acerca al salón central y se sienta en un sillón oscuro donde caben al menos cinco personas. Frente a ella hay una hermosa mesa de madera lisa con frutas frescas. En la esquina diagonal izquierda-derecha desde su posición, se pueden ver un sofá oscuro y un enorme mueble dividido en dos, que almacena cinco hileras repletas de libros en cada lado. Mesitas de noche con lámparas de pie iluminan la sala con una luz tenue que proviene del foco sobre sus cabezas. Alice se sienta a su lado derecho y Jasper a su izquierdo.

Carlisle se queda sentado en una silla en la posición diagonal derecha, aún con el libro reposando sobre su regazo.

—Cuéntanos qué ocurrió hoy, hasta donde puedas, si te parece.

La joven de ojos verdes asiente, su outfit consta de una simple sudadera negra regalo de Emmett, con una calza de licra verde limón regalo de Alice, y unas medias felpudas grises regalo de Jasper. Toma aire con el semblante pensativo, mientras sus manos enlazadas que rozan la orilla del sofá oscuro, están ubicadas entre sus muslos semiabiertos.

—Discutí con Rosalie —susurra el nombre con dolor, pero trata de recomponerse apretando sus manos enlazadas—. Corrí al bosque en busca de aire, mucho aire tenso hay aquí... Llegué a un risco donde vi un lobo, pero no pude con tantas emociones y colapsé —traga saliva e inconscientemente se lleva las manos al cuello, recordando la aglomeración de emociones. Jasper salta en el sillón, soltando un jadeo, pero luego un refrescante toque de calma la inunda. Lo mira con ternura—. Perdón, Jas.

—Tranquila, solo me sorprendió. Estoy bien... —susurra mientras le acaricia el cabello lacio y negro.

Alice se mantiene perceptiva, observando en qué momento podría ser bueno darle el mismo cariño, sin ser demasiado intromisiva.

—Ahm... Alice llegó, quiso calmarme, pero yo... En verdad necesito tiempo y espacio, silencio, para calmarme... Pero no pasó eso, entonces... —traga saliva y se rasca la mano como si tuviera un leve salpullido—. Salté al agua, fuera de su límite, al del lobo.

Carlisle tensó ligeramente sus hombros, pero trata de disimularlo. La preocupación lo embarga. Esme llega a su rescate, con suavidad y dulzura acariciando sus hombros mientras se mantiene calmada. Esto alivia a la joven, así como a Carlisle, quien a ojos de la joven de ojos verdes no parece enojado con ella, aún.

—No pasó nada grave, el lobo me rescató. Fue curioso poder escucharlo en mi mente cuando se regañaba por si acaso no lo pudiera entender —cuenta, sonriendo débilmente mientras recuerda aquella escena con gracia—. Analicé sus intenciones, eran buenas, su instinto y creo que el mío mismo, sentíamos empatía por el otro. En ningún momento me sentí como la presa; en cambio, Alice se sintió amenazada por ser su enemigo natural. Al parecer, no fue mi caso igual —admite.

—Tienen genes similares. Ellos cambian a la forma lobuna, y tú a camaleón. Tienen la misma fase de conversión —comenta Carlisle, aceptando la información.

—¿En ningún momento te mordió o mostró repugnancia al confundirte con un bicho? —pregunta Jasper, intrigado.

—El único momento en que estuve en contacto con sus fauces fue cuando me rescató con su boca del agua a tierra firme. Los lobos tienen mal aliento, pero son cálidos —contesta, recordando la sensación y aroma.

—Edward me habló de una conversación sobre un tratado. ¿Puedes explicarnos los detalles? —pregunta Carlisle con cautela.

—Dijo que soy amiga, parte de los suyos y puedo cruzar a sus tierras si necesito espacio —cuenta la joven—. Incondicional estuvo para mí, y le conté cómo me sentía. Me siento cómoda con él.

—¿Qué le contaste, si se puede saber? —pregunta Jasper, comprensivo.

—La incomodidad de cómo me siento últimamente aquí, y que tuve un recuerdo de mi pasado. Uno que me da miedo revelarles, porque buscarán respuestas y no quiero ser hostigada. No estoy preparada para recordar lo olvidado —admite, sintiendo la necesidad de abrazarse ante el miedo de enfrentar la situación y que todo termine como su relación con Rosalie.

—¿Te sientes insegura con nosotros, por lo de Rosalie? —pregunta Jasper, con una ligera molestia en la garganta.

Eco baja la cabeza tímidamente, dando la razón y diciendo: —Temo que no me acepten como soy en realidad.

Alice hace una mueca de disgusto ante la causa y, con delicadeza, toma las manos de su joven compañera. —Te aceptaremos tal cual quieras ser.

Los ojos de la joven se iluminan con emoción positiva, y solloza tras una sonrisa ahogada. Es una emoción fugaz incapaz de ser descrita incluso para ella misma. Acepta el gesto y la cercanía de Alice con más confianza.

—Recordé mi nombre verdadero. Y he estado en disputa conmigo misma, porque ustedes me adoptaron como Eco, pero mi nombre nunca ha sido ese. Siempre han optado por encima de mi conocimiento y juicio, lo que soy realmente, hasta hace poco impusieron cómo pensar, vivir y me sentí enjaulada. Mi especie no es feliz así; por mucho tiempo estuve congelada, pero quiero ser capaz de tener familia en ustedes siendo yo misma. Tal vez no recuerde a mi familia biológica, pero ustedes son mi presente. Quiero tener mi equilibrio personal —tras esas palabras sinceras, sin pausas ni silencios, todos quedan sorprendidos, mientras ella comienza a temblar nerviosa.

El nerviosismo oculta, y ella no puede percibir, las miradas de culpabilidad en Carlisle, la mirada de ternura y comprensión en Jasper y Alice, y la dulce mirada de Esme queriendo abrazarla hasta que deje de temblar. No le gusta que tenga miedo de sus reacciones; nunca la lastimaron físicamente como para que se sintiera a la defensiva, pero el tema de Rosalie es muy reciente, y aquello es daño psicológico aún sin poder remediar.

CAMUFLAJE (Cullen) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora