La media hora había transcurrido desde que Edward y Jasper se recuperaron del malestar causado por las pesadillas de Eco. No se separaron de la joven de ojos verdes, y su instinto protector se había intensificado más allá de lo imaginable para el Líder del Clan Olímpico.
—Necesito saber qué ha sucedido, y creo que sin ellos, no podrás decirme, mi niña —comenzó a decir Carlisle, el mayor de los rubios.
Eco no comprendía por qué sus compañeros reaccionaban de esa manera. Los gritos de sus pesadillas parecían tener un impacto especial en Edward, y ella lo miró con disculpa, incapaz de entender cuán perturbador podía ser para alguien más. Solo tenía miedo, no esa sensación en particular, y no se sentía con valor para enfrentar y observar su pesadilla completamente. Se sentía demasiado pequeña para lograrlo en ese momento.
«Cuervo... ¿Crees que papá entenderá mejor esa pesadilla?» pensó, dudosa.
Edward la miró, tomando su mano con suavidad, guiado por los latidos de su compañera para calmar su propia angustia.
«Papá es sabio; ha vivido más que tú o yo. Confía en él» contestó Edward.
La conversación a través de la mirada no pasó desapercibida para nadie en la sala. Emmett estaba sentado cerca, distraído. Esme preparaba algo para que Eco pudiera comer, y Jasper se encontraba sentado en el suelo al lado de su compañera, enviándole ondas de calma. Alice buscaba bichos crujientes para que Eco pudiera masticar, ya que eso la relajaba.
Aunque esa tarea ayudaba a Eco a mantenerse tranquila, la tensión en la sala era palpable. Edward describió la pesadilla a Carlisle con la esperanza de entender lo que había visto.
—En la pesadilla, vi a Demetri Vulturi teniendo relaciones ilícitas con la madre biológica de Eco, y luego intentó lo mismo con ella. ¿Por qué los Vulturi intentarían algo así? Son humanos también, solo se alimentaban de ella de manera sexual y nutricional —comentó Edward, buscando una razón que no comprendía del todo.
Carlisle palideció, visiblemente perturbado por lo que escuchaba. Un evento que él no quería creer, a pesar de los rumores antiguos.
—No puede ser cierto... No quiero que sea cierto, Carlisle —gruñó Edward, viendo el tormento en los pensamientos de su padre.
—Lo lamento, hijo. Pero si los rumores confirman lo que has visto, mi peor temor también será confirmado —murmuró Carlisle, atormentado.
—¿Qué está pasando, Edward? ¿Carlisle? —preguntó Emmett, sin comprender del todo la conversación.
Jasper, incómodo por la intensidad emocional, tomó la mano de Eco mientras continuaba enviándole paz.
—Hay un rumor sobre los camaleónicos, la raza era conocida como Cammaleoniri y los Vulturi. No quería creerlo, pero la forma en que lo describe Edward me temo que es uno de los muchos actos atroces que se han cometido. Los Vulturi descubrieron una especie que podía resistir abusos que otros humanos no podían soportar. Los usaban como furcias, consumiendo su sangre y explotándolos sexualmente. El horror y el disgusto me llevaron a dejar ese clan —explicó Carlisle, angustiado.
Eco, sin poder evitarlo, comenzó a recordar y a hablar sobre el tema. Su voz se tornó sombría, como si la sabiduría de una mujer más sabia que ella emergiera de sus palabras.
—Antiguamente, los Cammaleoniri, una especie metamórfica capaz de convertirse en camaleones, eran utilizados como furcias. Aro los encontró y los explotó sexualmente hasta marchitarlos. Dijo que solo servían para satisfacer sus deseos inmortales. La existencia de una Tua Cantante camaleónica significaba que podía abusar de ella sin piedad, y se mantuvo en secreto entre los vampiros más poderosos. —La voz de Eco estaba cargada de un tono sombrío, revelando más de lo que ella misma quería.
Todos en la sala estaban sorprendidos y preocupados por la joven.
«Si Aro lee la mente de alguno, la encontrarán. No quiero que mi pequeña sufra»suplicó Esme, pensativa.
«Su mente guarda demasiada información, pero parece que solo la expone en momentos de dolor intensos» pensó Carlisle, aún asombrado.
«Pascalita ha pasado por mucho. Me preocupa que sea más vieja de lo que parece» pensó Emmett, deseando abrazarla y protegerla con su fuerza.
Edward, perturbado por las imágenes que surgían, escuchaba las advertencias de la difunta madre de Eco: «Los vampiros son malos, mi niña. Debes cuidarte del lector de mentes. Encuentra a tu compañero y mantente escondida». La historia de Eco parecía reflejar su vida antes del trauma de la muerte de su madre y el encuentro con Demetri.
—Con esta información, está claro que haremos todo lo posible para que Eco no caiga en manos de Aro. Debemos protegerla y evitar que sufran lo mismo que sus antepasados —comentó Carlisle, decidido.
—No dejen que vean sus recuerdos. Hagan todo lo posible para evitar caer en manos de Aro —agregó Esme, preocupada, mientras se acercaba con un plato de arroz con pollo salteado.— Ahora, hablemos de otra cosa. Es hora de comer.
—Pero... No tengo mucha hambre, mami —respondió Eco con una mueca.
—De todos modos, no voy a permitir que el pasado te impida comer. Todos necesitamos fuerzas —dijo Esme, con cariño maternal.
—Pero... No hablamos casi nada —dijo Eco, mientras aceptaba la comida y se llevaba una cucharada de arroz a la boca.
—Hoy es suficiente. Mañana viene la doctora Maggie. Debes estar descansada, ya que sus sesiones pueden ser agotadoras —añadió Jasper, mientras recogía el cabello de Eco en una coleta.
—¿Y mi hadita? —preguntó Eco, extrañada al no verla. —¿Dónde fuiste, Alice?
—A traerte comida. Sé que de noche querrás estar en forma de camaleón, y los bichos crujientes no pueden faltar —respondió Alice, alegre por saber un poco del futuro presente de su querida compañera.
Eco abrió la boca para comer otro bocado, pero se quedó pensando. Finalmente, asintió, aceptando que tenía razón. Necesitaba volver a su forma natural; tal vez eso ayudaría a mitigar las pesadillas.
—Gracias por tu ayuda, querida —dijo Carlisle, levantándose del sillón.— Emmett y Jasper, vayan a cazar. Sus ojos ya están negros.
—¿Qué harás, Carlisle? —preguntó Edward, sin comprender por qué su padre estaba tan enfocado en blanco.
—Iré a descansar y luego investigar —respondió Carlisle, moviéndose rápidamente hacia su despacho, mientras Esme se quedaba en su lugar.
—Tranquilo, hijo. También ve a cazar; yo me quedaré con ella, y Alice hará lo mismo —propuso Esme, tocando el hombro de Edward con cariño maternal.
Edward, junto con los otros dos mencionados, se levantó del suelo. Eco prefería el frío al calor de la silla amueblada, ya que eso la ayudaba a calmar su ansiedad.
—Volveremos pronto, Pascalita.
—Vendré a contarte una historia para dormir —comentó Jasper, besando la mejilla de Eco antes de salir a cazar.
—No te preocupes. Estoy bien. Volveré pronto —dijo Edward, besando la otra mejilla y saliendo de la casa.
—Siento que todo estará bien a partir de ahora —dijo Alice, con una sonrisa nerviosa.
—¿Por qué lo dices? ¿Lo viste? —preguntó Eco, con arroz en la comisura derecha y la pata de pollo en las manos.
—No. Lo digo porque siento más paz ahora. Saber a qué debemos protegernos nos da más tranquilidad que estrés. No sé si me explico bien —comentó Alice, sonriendo nerviosamente.
—Espero que tengas razón, hija —respondió Esme, acariciando la espalda de Eco para tranquilizarla mientras Jasper no estaba.
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CAMUFLAJE (Cullen)
FanfictionCREPÚSCULO FANFIC - POLIAMOR Carole, una joven de cabellos negros y ojos verdes, es una metamorfa Cammaleoniri olvidada, sin recuerdos de su pasado ni de su origen. Su vida cambia drásticamente cuando el hielo que la aprisiona se derrite en Forks, l...
