🦎Capítulo 52

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Lup, dup, lup, dup, lup, dup.

Se escuchaba ese sonido proveniente del corazón con tanta frecuencia que se podría creer que la joven de ojos verdes iba a tener un ataque de nervios. Sin embargo, la ilusión y emoción se reflejaban en sus ojos.

Estaba a punto de bajarse del Volvo de su cuervo, aunque aún tenía a su cobrizo y rubio favoritos esperando a que pudiera salir del auto o tal vez para auxiliarla en caso de que se descompusiera por tanta emoción.

«Hay muchísima gente, y miran hacia aquí... ¿Así se siente ser famosa?» pensaba en voz alta, completamente emocionada.

Edward torcía ligeramente la boca en una sonrisa nerviosa. Su compañera era muy inocente y le causaba nervios.

«¿Por qué se tardarán en salir del auto los Cullen?» pensaba Eric, atento para ir a presentarse con la nueva alumna, hija del adorado Doctor Carlisle Cullen.

«¿Será que los Cullen son celosos con su nueva hermanastra? A lo mejor por eso no se bajan,» pensaba Angela, comprensiva ante dicha reflexión.

«Qué más da, una Cullen más no hará la diferencia. Todos siempre serán raros para mí,» pensaba Jessica Stanley.

—Eco, debemos salir antes de que suene la campana de entrada. —habla Edward, tratando de ignorar la molestia que aquel comentario le había causado.

Los ojos verdes se voltean a verlo detenidamente, frunciendo ligeramente el ceño al sentir cierta molestia en su tono de voz. Se levanta ligeramente del asiento trasero y se acerca al asiento del piloto, mirando con más atención a su cuervo.

—Te has molestado, ¿por qué?

Edward sonríe nervioso al verse descubierto. Su compañera era muy perceptiva y sensible, lo que hacía difícil mentir.

—Eco... Debemos ir ya. Alice se está impacientando, quiere ser ella quien te acompañe hacia la dirección, antes de que alguien más lo haga. —interviene Jasper, tratando de salvar el pellejo de su hermano.

Un ligero croar resuena en la garganta de la ojiverde.

—Ustedes dos... Me ponen de nervios. —gruñe molesta al no conseguir entender el cambio de humor de su compañero.

Abre la puerta con despreocupación, molesta por no conseguir lo que quería. Pero es Alice quien la toma del brazo como si fueran superamigas, lo cual era cierto.

—¡Vamos! Ya no podemos perder más tiempo, hermanita. —exclama Alice, superoptimista y alegre.

No pudiendo percibir al máximo la reacción de todos los humanos presentes en el estacionamiento, ya que Alice la lleva sin perder un paso de retraso hacia dentro del gran Instituto de Forks, deben llegar antes de la campana para que Eco pueda tener su examen extraordinario y saber dónde, qué materias compartirán y cómo podría cuidarla de los hormonales adolescentes del pueblo.

Sin embargo, fue Jasper quien, al salir, se mordió la lengua al sentir toda clase de emociones en los humanos. Ninguna le agradó, y su instinto posesivo protector se había activado. Si no fuera por Edward, que cerró las puertas de su coche con el seguro y le palmeó la espalda para ir tras las chicas, no habría podido lidiar con el tumulto de emociones que habían perturbado a todos y lo estaban afectando.

—Sabíamos lo complicado que sería. Contrólate, Jasper. —murmura Edward tras fingir una sonrisa despreocupada.

—No me quiero ni imaginar lo que piensan de ella, pero sus emociones tampoco son digeribles. Ella ni siquiera ha podido notarlas, Alice se la ha llevado a tiempo. Solo espero que quede conmigo para que no sea mucho tiempo nuestra tortura de compartirla. —murmura serio el rubio, tratando de no demostrar tanto su sobreprotección.

Emmett y Rosalie habían ingresado a sus respectivas clases hace bastante tiempo, sin quedarse mucho a ver el espectáculo. Nadie aún se daba cuenta de lo que sería la comidilla de todos los días: «La incompatibilidad entre hermanas».

[...]

Tres horas habían pasado volando para los humanos, pero para los vampiros adolescentes había sido un suplicio pasarla en ignorancia y ausencia sin su compañera de ojos verdes. Alice quería al menos percibir un pequeño pedazo de visión para saber con quién se quedaría a dar clases y cuántos años tendría que asistir al instituto, si tan solo pudiera verla. No la estaba pasando bien entre sus clases de Artes ese día.

Jasper también se encontraba inquieto, más incómodo que de costumbre. Su ansiedad le daba inquietud, al punto que solo quería obviar las clases de Historia y fingir que no se sentía bien. Fácil era hacerlo, pero explicar a Carlisle su motivo era vergonzoso.

Mientras que Edward estaba atento a conversaciones externas a su clase, intentando obtener la información más rápido que los demás, preparándose para aceptarla y tomarla como el desafío que correspondía ser. Sin embargo, muchos pensamientos respecto a su compañera lo estaban molestando bastante.

«La nueva tiene mal carácter, parecía haber discutido con algún Cullen,» pensaba una persona en la clase.

«Es bonita, me gustaría probar suerte para que sea mi novia,» pensaba otra voz.

«No parece encajar entre los Cullen, solo posee el mismo apellido. Espero tener la oportunidad de acercarme a ella,» pensaba otra voz.

Cuando tocó el timbre de la hora del almuerzo, Edward fue el primero en llegar a la dirección y encontrarse a tiempo con su compañera saliendo de la misma, mientras miraba sus resultados y, al parecer, un horario específico.

—¿Ha ido todo bien, Eco? —pregunta curioso mientras se acerca a ella, intentando abstenerse de abrazarla.

—La verdad, ha sido difícil acostumbrarme al uso del bolígrafo. Me duele la espalda y el cuello, pero en general creo que me ha ido bien. El director me dio este horario. —contesta la ojiverde, mientras le pasa el papel y se acaricia el cuello con molestia.

—Parece que no estás acostumbrada a la tensión. En casa te daré un masaje. —contesta preocupado el cobrizo por ella, mientras lee el horario y el período que deberá cursar. —Estarás con Jasper, Emmett y Rosalie. Te tocó el cuarto año.

Sus miradas se conectan, comprendiendo cada uno el problema que deberá aprender a sobrellevar. Eco solo lo mira con un puchero y le pide un abrazo. Edward, sin pensarlo dos veces, se lo da.

«Será difícil acercarme a ella si Edward está cerca, se llevan muy bien,» piensa la voz de un chico.

«Y si le caigo bien a la mocosa para que me dé chance con su hermanito...» piensa una chica.

Edward, tras cada pensamiento, solo intentó volverse a enfocar en su compañera; cada pensamiento era peor que el otro.

—Al menos estaré con Jasper.

—Pero sabes que este resultado te deja como una superdotada, ¿verdad? Solo dos años estarás dando clases con nosotros, luego te graduas y volverás a estar en casa. ¿Estás feliz con el resultado? —pregunta interesado, sin poder escuchar sus pensamientos.

—Me sirve como experiencia. No era lo que esperaba, pero me sirve. Aunque el director dijo que lo mejor sería comenzar las clases el próximo año, pero que podía asistir como observadora estos últimos meses. —comenta Eco, relajada o al menos intentando ser optimista.

—Admiro tu optimismo. En fin, debes estar hambrienta. Es hora del almuerzo... Veamos qué encontramos para comer y nos reunimos con el resto en la cafetería. —contesta Edward, guiándola hacia allí.

Eco era muy consciente de los comentarios que todos hacían entre murmullos al pasar cerca de la multitud, y la mayoría la mantuvo con el ceño fruncido tras los halagos que le hacían a su compañero cobrizo. Por lo que tomó la mano de Edward y los miró con molestia.

«Eres solo mío, nunca serás de ellas,» pensaba posesiva la camaleónica.

Y ni pensar que esto solo era una prueba; el próximo año sería la prueba de fuego para los Cullen.

CAMUFLAJE (Cullen) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora