14 (ACTUALIZADO)

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Jerez de la Frontera.

Actualidad.


Olivia.

El calor de su cuerpo me rodea antes incluso de abrir los ojos. Me despierto, lentamente, sintiendo el peso de su brazo sobre mi cintura y el vaivén tranquilo de su respiración. Dom duerme profundamente con el ceño fruncido. Como si incluso en sueños llevara encima el peso del mundo. Me quedo un rato mirándolo, pensando la conversación de anoche. Aunque él insistió en que le contara qué me pasaba, yo le aseguré que no era nada de lo que preocuparse. Una mentira a medias que todavía me arde en la garganta.

Me separo con cuidado de su abrazo, procurando no despertarlo, y me pongo una camiseta larga antes de salir de la habitación. Camino en silencio hasta que escucho un ruido metálico en la cocina. No espero a nadie a estas horas... y Scott aún debe de estar durmiendo. Me asomo con cautela por el borde de la baranda del pasillo.

Es Alexei.

Mierda.

Anoche, después de todo el follón, se me olvidó por completo ir a verle como había prometido. Seguro que se quedó esperándome... y me siento como una auténtica mierda por ello.

─ Buenos días, chicos ─ saludo al entrar a la cocina, intentando sonar animada ─ Lo siento, Alexei, ayer no fui a buscarte como dije... de verdad, no sabes cuánto lo siento.

─ No te preocupes ─ responde con calma, aunque su tono me hace sentir aún pero ─ Me quedé en casa de tus padres. Emma no me dejó quedarme en la suya, todavía no confía del todo en mí... y eso que dejé de insinuarme hace muchos años ─ sonríe con ironía ─ Me atendieron bien, como siempre.

Me muerdo el labio. ¿Cómo he podido fallarle así?

─ Lo siento mucho, de verdad ─ repito con un hilo de voz ─ Ayer no fue un buen día para nadie. Llegué y... me derrumbé en la cama.

─ Eso mismo me estaba contando Scott ─ responde mientras se cruza de brazos. Su mirada, aguda como un cuchillo, baja hacia mi brazo apoyado en la encimera. Después a mis ojos con gesto duro ─ ¿Qué tienes ahí, en el antebrazo? Eso parece un golpe.

Mierda.

La última persona en el mundo que quería que me viera es, por supuesto, la primera en notarlo. Puto ruso... no se le escapa absolutamente nada.

─ ¿Ahí dónde? ─ intento salir del paso, fingiendo sorpresa mientras me bajo la manga con disimulo ─ No tengo nada.

Scott arquea una ceja y se cruza de brazos también. Me está observando igual que Alexei, y yo me siento como un animal acorralado. Y, como si el destino quisiera hundirme aún más, escucho pasos detrás. Dom acaba de bajar.

─ Súbete la manga de la camiseta ─ me ordena Scott, con un tono seco que no suele usar conmigo.

Lo miro desafiante y niego con la cabeza. No pienso hacerlo.

─ Súbetela, Oli ─ insiste, más firme.

─ ¿Qué pasa? ─ pregunta Dom, que acaba de ponerse a mi lado, con ese tono grave que me encoge el estómago.

Me siento acorralada. Les devuelvo la mirada con gesto duro, como si eso pudiera mantenerlos a raya, pero sé que no me queda mucho margen. Necesito una excusa, una buena, antes de que esto se vuelva un infierno.

─ Tiene marcas en el antebrazo ─ explica Alexei, sin un ápice de compasión ─ Como si alguien le hubiera sujetado con demasiada fuerza. Y créeme, Oli, sé de lo que hablo. He dejado huellas en muchas mujeres por ser un animal en la cama... pero ninguna como las tuyas. Así que ahórrate la mentira de que te las ha hecho Dom.

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