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Rota, Cádiz - Algún lugar. España.

Actualidad.

Olivia.

El sonido de una notificación llegando a mi teléfono retumbó en la silenciosa habitación donde Alexei y Dom trabajan sin descanso. Son apenas las 11 de la mañana y, espero de corazón, que no sea más problemas. Tomo el teléfono y veo que el remitente del mensaje es un número desconocido. Algo dentro de mi, un instinto visceral, me dice que nada bueno puede salir de este mensaje.

Mi pulgar se mueve por inercia abriendo el mensaje. Un vídeo, que sólo se puede ver una vez, y un pequeño texto que me hiela la sangre.

"Mira el vídeo sola. Será nuestro pequeño secreto"

Voy hacia mi mochila y saco los airpods para poder escuchar lo que sea que aparezca en el vídeo. Los chicos siguen inmersos en las pantallas de sus ordenadores y ni siquiera se han percatado de la tensión tan pesada que se acaba de formar dentro de estas cuatro paredes.

Trago saliva y presiono play.

La imagen aparece de inmediato. Emma. Atada a una silla, su cabeza reclinada hacia un lado y sus mechones del cabello cayendo sobre su rostro. Después de varios segundos el vídeo se corta y la imagen desaparece.

El aire abandona por un instante mis pulmones.

El miedo se instala en mi pecho con garras afiladas porque hace solo unas horas he estado con ella. Mis piernas comienzan a tambalearse e intento apoyarme en la mesa más cercana para no caer pero sin que mis chicos noten mi agonía. No puedo entrar en pánico. Pero mi cuerpo tiembla, mi respiración comienza a ser errática y mis ojos arden con la presión de las lágrimas que no puedo soltar.

Respira, Olivia. Respira.

Pasados unos segundos, el teléfono vuelve a sonar y me llega otro mensaje que abro sin aliento.

"Sabía que tarde o temprano volveríamos a encontrarnos, Olivia. Sabes lo que quiero de ti y pienso ponértelo muy fácil. Vienes sola. Sin trucos. Sin refuerzos. Si veo una sola sombra además de la tuya la mataré justo frente a ti. Vuelve a mi lado, mi dulce princesa. Vuelve conmigo y Emma será libre. Te mandaré la ubicación en unas horas"

El dolor en mi pecho se hace insoportable. Sé lo que tengo que hacer pero hacerlo significa volver a mentir y ocultar cosas. Significa traicionar a mis hombres, a mi familia. Igor sabe que haría cualquier cosa por salvar a los míos y lo ha aprovechado en mi contra. Pero no entiendo cómo han conseguido burlar la seguridad de la central y llevársela... a no ser, que sea Emma la que se haya fugado de aquí con un arrebato y la estuvieran esperando. Sería lo más lógico.

─ ¿Estás bien? ─ pregunta Alexei mirándome fijamente con el ceño fruncido. Su voz es tranquila pero tiene cierta nota de alerta que sólo le sale cuando sospecha de algo.

Parpadeo y le sostengo la mirada. Mi corazón late con la fuerza de mil huracanes en mi pecho pero me obligo a esbozar una media sonrisa.

─ Estoy bien, grandullón ─ miento como una bellaca, con una seguridad que no sentía. Y me duele en el alma hacerlo ─ ¿cómo vas con eso?

Alexei no parece muy convencido.

─ Sin respuestas ─ responde de manera seca. Se cruza de brazos y entrecierra los ojos estudiándome como si pudiera ver a través de mi fachada.

Maldito gorila que me conoce mejor que mi propia madre.

─ Sigamos buscando pues ─ interviene Dom quitándole peso a la conversación.

Alexei no desvía su mirada de mi. Siento como su mirada me perfora en lo más hondo como si intentara desenterrar la verdad. Tengo que irme de aquí porque no puedo dejar que lo haga. No puedo permitir que sospeche que algo está pasando. Algo gordo. Nunca me dejaría ir sola en busca de Emma y eso lo mataría.

COMANDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora