Rota, Cádiz. España.
Actualidad.
Olivia.
El silencio en la enfermería es espeso, opresor incluso. La noche ha caído hace horas pero no consigo dormir. No puedo. Siento cada venda que toca mi piel, cada punzada en mis costillas, el ardor de las cicatrices nuevas... pero nada de todo esto duele tanto como lo que llevo dentro.
Estoy sola en la habitación pero no lo estaré por mucho tiempo. La luz tenue del pasillo apenas ilumina la habitación. Enzo ha salido a descansar un poco después de insistirle mil veces que estoy bien. Alexei ha ido a ducharse y Dom está en casa de Em.
Estoy viva.
Y no sé si es un regalo o un castigo.
Me siento con esfuerzo al borde de la cama. Si Enzo me viera me mataría por moverme y con razón, porque cada movimiento que hago es como librar una maldita batalla, pero no sólo física. Esa ya la conozco demasiado bien como para no saber aceptarla. Lo difícil es lo otro... el nudo estrangulante en la garganta, el vacío en el pecho, las voces en mi cabeza repitiendo cada paso en falso que he dado. Me siento rota, descompuesta, vacía. Completamente vacía.
Miro mis manos, tiemblan. De hecho, llevo días así. La verdad que no me sorprende ni un poco después de todo lo que ha pasado.
─ ¿Cuántas veces más piensas romperte? ─ susurro al aire como si pudiera responderme sola ─ ¿Cuántas veces más crees que te perdonarán?
Por mi mente pasan millones de recuerdos, malos, por supuesto. Recuerdos donde soy esa estúpida la cual parece que no ha recibido en su puta vida instrucción militar durante años, que actúa como una civil cualquiera sin formación o como un arrebato de un niño pequeño. Recuerdo las caras de todos ellos al tener que venir a salvarme y tener que poner sus vidas en riesgo. Eso es una condena con la que voy a tener que cargar durante toda mi miserable vida. A veces pienso que debí morir en aquella casa a manos de ese animal porque sé que me lo merezco, no merezco a ninguno de mis hombres. No merezco que se jueguen por mi la vida. Ya no.
Y es aquí cuando me rompo. Sin gritos. Sin lágrimas explosivas. Solo un sollozo ahogado que me arde por dentro. Uno y después otro. Como si mi alma haya estado contenida por demasiado tiempo y ahora está empezando a derramarse en partes pequeñitas. No puedo fingir más, no quiero.
Abrazo mis piernas pero no hago nada por calmar este dolor porque me lo merezco. Por todo. Por todos.
La puerta de la habitación se abre con suavidad y aparece Alexei con el pelo aún húmedo de haberse dado una ducha. No dice nada cuando me mira. Con la misma suavidad, cierra la puerta y se dirige hacia mi.
─ Estoy tan cansada... ─ digo en voz baja ─ No quiero seguir así. No aguanto más seguir así.
Alzo los ojos hacia el hombre que tantas veces ha dado su vida por mi y rompo a llorar. Porque aunque todo lo que he hecho haya puesto en riesgo sus vidas, siempre lo he hecho para que esas mismas vidas no corran peligro pero siempre han venido a salvarme. Soy una estúpida y una inútil que no se merece nada bueno que le pase.
Siento como se hunde el colchón junto a mi. Noto el calor que radia su cuerpo como una explosión pero me siento en casa. Junto a él, me siento en casa.
─ No estas sola ─ dice Alexei atrayendo mi débil cuerpo hacia él. Me abraza con ternura mientras deposita un beso en mi cien ─ Sólo tienes que dejar de esconderte. O al menos, deja de esconderte de mi. No pienso huir de quien me importa.
ESTÁS LEYENDO
COMANDO
AcciónMi nombre es Olivia González. Teniente Coronel y líder del escuadrón más letal del planeta. No llegué hasta aquí por casualidad. Me entrené para esto, luché por ello y me lo gané con sangre, sudor y fuego. ¿Ser mujer? Para algunos, una excusa para...
