26 (ACTUALIZADO)

330 11 0
                                        

(Capítulo corto)

Jerez de la Frontera / Rota, España.

Hace unos días.


Ivanna Belova.

Al final, mi hermano tenía razón.

Y eso es lo que más me jode de todo.

Al final, la equivocada era yo y no él. Olivia no estaba muerta. Nunca lo estuvo. Y mientras yo me esforzaba en convencerme de que todo aquel circo de luto era real, ella seguía respirando, moviéndose, escondiéndose como la cucaracha resistente que siempre ha sido.

Lo supe por pura de casualidad, que es como se descubren siempre las mejores traiciones.

Escuché su nombre en los labios de Pablo cuando pasaba por uno de los pasillos de la central. Iba a seguir de largo ─¿para qué detenerme a escuchar historias sobre una muerta?─, pero entonces capté dos palabras que no encajaban: cabezota y vuelta. Fue suficiente. La curiosidad es un defecto, sí, pero también es mi mejor arma.

Me escondí. Silencio. Respiración contenida. Y escuché.

Cada frase confirmaba lo que mi instinto llevaba semanas gritándome mientras yo me empeñaba en ignorarlo. Olivia seguía viva. Protegida. Moviéndose entre sombras con la misma arrogancia moral que siempre la ha definido. Y todos, absolutamente todos, colaborando en el engaño.

Sonreí.

Igor va a sentirse inmensamente orgulloso de la hermana que tiene. He sido yo quien ha destapado todo el pastel, no sus inútiles perros ni esos espaguetis de mierda a los que llama aliados. Italianos... todavía no ha aprendido que los italianos no son aliados de nadie. Sólo esperan el momento exacto para clavar el cuchillo por la espalda y cobrar el doble.

Pero ese no es mi problema. No todavía.

Ahora mismo lo estoy esperando en otro hostal de mala muerte. Este lo he elegido yo. Más cerca. Más práctico. Estoy harta de recorrer kilómetros para que me conceda cinco minutos de audiencia y luego me despache como si fuera basura.

Le he hecho venir hasta Jerez. Sé que eso lo enfurece. A Igor no le gusta ceder, no le gusta que le marquen el ritmo, y mucho menos que no sea él quien decida dónde y cuándo se mueve. Pero ha venido. Siempre viene cuando sabe que tengo algo importante. Y esta vez, lo que tengo no es importante. Es decisivo.

Olivia está viva. Y yo sé dónde empezar a tirar del hilo.

El muy bastardo ya lleva una hora de retraso.

Sé perfectamente que lo hace a propósito. Es su forma de castigarme, de recordarme quién manda, de obligarme a esperar como si fuera una subordinada más y no su jodida hermana. Y lo peor es que sé que me tendrá aquí otra hora más si le da la gana.

Mientras tanto, saco el teléfono del bolso y reviso la pantalla con la esperanza ─cada vez más ridícula─ de ver el nombre de Iván iluminándola. Nada. Ni un miserable mensaje. Días sin saber de él. Sin una señal. Sin una excusa siquiera. No sé si sigue en la central, si se fue con los soldados cuando evacuaron o si directamente ha desaparecido del mapa. Y cuanto más lo pienso, más claro lo tengo. Igor tiene algo que ver con todo esto. Estoy convencida. Él siempre mueve los hilos desde las sombras, incluso cuando finge no hacerlo.

Estoy furiosa, pero aun así le escribo. Otro mensaje más que suma a la interminable lista de mensajes ignorados.


Estoy harta de tus jueguecitos, Iván. Contéstame de una maldita vez.


Aprieto el móvil con fuerza. Me siento patética, y eso es algo que no soporto.

COMANDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora