23 (ACTUALIZADO)

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(Capítulo corto)

Cádiz, España.

Actualidad.


Ivanna Belova.

Ni el más fuerte es tan fuerte ni el más débil lo es tanto. Al final, todo cae por su propio peso, y lo ocurrido lo demuestra con creces.

Olivia se creyó inmortal. Pensó que podía moverse por nuestro mundo como si fuer inmune a las reglas, como si el peligro respetara su sonrisa y su maldita aura de heroína. Jugó a un juego que no dominaba y, como era de esperar, terminó perdiendo. Y más aún cuando el contrincante es Igor Belova. Nadie sale ileso cuando se cruza en su camino... ni siquiera ella.

Todavía me cuesta asumir que todo el esfuerzo que he invertido en esa puta central haya servido para apenas nada. Años de trabajo silencioso, de manipulación fina, de infiltración, de paciencia... para que, al final, todo se desvíe por culpa de una mujer. Porque sí, gracias a mí Igor salió victorioso en absolutamente todo lo que se propuso. Le abrí puertas, le facilité información, le di ventaja.

Pero entonces apareció ella. Y, de pronto, el poder dejó de importarle. El control pasó a un segundo plano. Los planes, las estrategias, incluso yo... todo quedó eclipsado. Mi hermano no tenía ojos para nadie más. Olivia se convirtió en su centro, en su obsesión, en su debilidad más peligrosa.

Y eso fue lo que la mató.

Ahora está muerta. Asesinada por uno de sus propios hombres. Qué ironía tan deliciosa y tan cruel al mismo tiempo. Qué final tan adecuado para alguien que creyó entender a Igor sin comprenderlo de verdad.

Aún no termino de creerme que los mandara a matar a todos por ello. A todos. Sin excepción ni juicio. Hombres que llevaban años a su servicio, que le habían sido útiles, eficaces... uno de ellos incluso se hacía llamar su amigo. Como si Igor Belova supiera lo que es eso.

Igor no tiene amigos. Nunca los ha tenido. Solo piezas útiles, peones bien colocados y contactos convenientes. En el mundo en el que se mueve no existe la lealtad, solo la utilidad. Y cuando se agota, llega la bala. Así de simple. Así de miserable y vacía es su vida.

Y ahora que no está Olivia... no me quiero ni imaginar al monstruo que ha tenido que resurgir de entre las cenizas.

Conduzco hacia el hostal donde se supone que he quedado con él en menos de una hora cuando me suena el teléfono. El nombre que aparece en la pantalla consigue tensarse la mandíbula al instante.

Una persona concreta.

Demasiado confiada.

Demasiado ausente.

Pienso estrangularla en cuanto la tenga delante. No por rabia, no... por algo mucho peor. Porque nadie se permite olvidarme. Nadie.

─ Por fin sale de la madriguera el innombrable que me ha dejado sola con toda esta mierda ─ escupo sin disimular el enfado ─ Me has tenido semanas sin saber absolutamente nada de tí, Ivan. Ni una llamada, ni un mensaje. No sabía si estabas en la central, si te habías largado o si estabas muerto. Ni siquiera tuviste la decencia de avisar de que seguías respirando.

─ Hasta ahora no he podido contactar contigo, princesa ─ se excusa con ese tono suave que sabe usar tan bien ─ Las cosas han estado muy feas y era demasiado arriesgado ponerme en contacto contigo, y más cuando no estamos en el mismo sitio. Tienen pinchado todo lo que se mueve dentro de la central y, como comprenderás, no iba a llamarte para que nos descubrieran a los dos.

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